Sigo mirando las audiciones en el Senado con motivo de la propuesta de Robert Kennedy Jr. para secretario de sanidad. Se supone que el Senado es la cámara de la experiencia, ya que senador viene de senex -anciano-. Así es que las leyes se redactan en el Congreso que es donde está la gente intuitiva por joven y se les da el visto bueno en el Senado que es donde reside la sabiduría de la experiencia. Hasta aquí todo perfecto. Lo que pasa es que, como estamos viendo estos días, la experiencia de la ancianidad no sirve para neutralizar el resentimiento, odio, envidia o, simplemente, miedo. Esos senadores están atacando a Robert K Jr. como si fuese un enemigo a batir sin importar los medios empleados para ello. Es tal la saña que se ha apoderado de su razón que se diría que se han convertido en seres irracionales. Todo son acusaciones ad hominem recurriendo siempre a rumores propagados por intereses espurios; algo así como si estuviesen presintiendo que si dejan pasar a ese señor se les va a terminar el chollo.
De hecho, eso es lo que pasa, que se les ha terminado el chollo. Y es que, de momento, y hasta nuevo aviso, se ha vencido a la peor de todas las epidemias que venían corroyendo el mundo: la censura informativa. Hoy día ya no hace falta el visto bueno del gerifalte de turno para publicar una noticia porque, tecnología mediante, a efectos informativos, cada cual se ha convertido en gerifalte de sí mismo. Así es que no me extraña nada que esos senadores de marras estén rabiosos ya que, los que apoyan la nominación de Kennedy, se las han apañado para que todo el mundo se entere de quienes han sido los que han financiado las campañas electorales de esos senadores. Curiosamente, en su mayoría, la industria farmacéutica y la alimentaria. ¡Qué casualidad! Justo a las que Kennedy quiere meter en cintura.
Así ha funcionado siempre todo en la famosa democracia: una corrupción en sábana que todo el mundo sospecha pero nadie puede demostrar porque la censura impide que se pueda argumentar con datos comprobados. Ahora, al saltar la censura por los aires, los datos fidedignos están al alcance de cualquiera y, de ahí, la saña de los corruptos: se ven perdidos y ya solo les queda la ilusión del poder morir matando.
En fin, vamos a ver en qué queda todo esto de la nominación de Robert Kennedy Jr., porque, pase lo que pase, acabe como acabe, lo que ya no tiene vuelta atrás es que está siendo un hito en la guerra cultural en curso; guerra que, a la postre, no es otra cosa que la lucha de una parte de la humanidad por erradicar la epidemia de la censura... la madre de todas las epidemias.
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