Como diría Torrente Ballester, "donde da la vuelta el aire". Porque esa es la cuestión, que el aire, o el curso de la historia, de vez en cuando se da la vuelta. Él describe en su novela de forma muy poética, utilizando elementos de la mitología clásica, el paso de las oligarquías aristocráticas a las industriales. El viejo y el nuevo orden; más que ver con el mérito personal que con la herencia. Digamos que lo inevitable produce, en principio irritación y, después, melancolía, en los perdedores... Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa... los ganadores no ven mustios collados, sino campos en sazón.
Ayer por la tarde dediqué un buen rato a escuchar el discurso que el vicepresidente Vance hizo en una conferencia de seguridad que estaba teniendo lugar en Múnich. Los muchos uniformados que le escuchaban parecían no dar crédito. Alguna risita nerviosa se vio por allí, pero lo más era circunspección. Empezó Vance con un recordatorio de las víctimas del reciente atentado islamista en el mismo Múnich. Fue aplaudido por ello. No se había extinguido todavía el eco de los aplausos cuando Vance dijo con lo que pareció sarcasmo: espero que me vuelvan a aplaudir por lo que voy a decir... y, sí, algunos aplausos esmirriados consiguió, pero lo más que hubo en la sala fue perplejidad. Ésta es una conferencia de seguridad, prosiguió, por tanto, lo primero que tenemos que saber es de qué nos queremos defender. Porque, pienso, no es de Rusia, ni de China, ni de cualquier otro enemigo exterior, sino de la pérdida de los valores democráticos que fueron los que nos sostuvieron e hicieron ganar la Guerra Fría. Entonces comenzó una exhaustiva relación de todos los ataques a la libertad de expresión llevados a cabo por las autoridades de los países allí representados, incluido el suyo. Sin libertad de expresión no hay democracia y, por tanto, nada que defender. Por mucho que no me guste lo que piensas me mataré por defender que lo puedas expresar en la plaza pública. Así es como se ha hecho el progreso de las sociedades, remató. Luego se extendió sobre la reciente anulación del resultado de las elecciones en Rumanía y, también, sobre la amenaza de anular el resultado de las próximas elecciones en Alemania si salen ganadores los que no gustan a las élites de Bruselas. Una aberración intolerable.
La verdad es que no es frecuente ver a un orador poniendo a parir a los que le están escuchando. Por eso lo de ayer en Múnich fue tan especial. Y más que, con estas posibilidades que ofrece la tecnología, se puede ir encuestando a la gente que ha escuchado el discurso: un 86% estaba de acuerdo. Lo cual no empece para que los medios de comunicación tradicionales no hayan esperado a pensárselo dos veces para saltar al cuello de Vance. Normal, ellos son los perdedores.
Pues sí señores, en eso estamos, en el aire dándose la vuelta. Todos estos carcamales que gobiernan donde mejor estarían es en la cárcel. Y es que, sin sacrificios no hay favor de los dioses que valga la pena.
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