miércoles, 26 de febrero de 2025

Lenguas

Paseo por el muelle del pesquero y escucho multitud de idiomas. La tripulación de los barcos pesqueros es mayormente africana. Hay una colonia de gitanos rumanos que solo les falta encender un fuego para cantar a su alrededor. Moros en la costa, unos cuantos. Los eslavos, inconfundibles por su corpulencia, que andan por aquí escaqueándose de la guerra. Cada cual anda a su bola, mayormente mirando todos la pantalla de sus móviles. Pero hay un sitio en el que confluyen: el parque infantil que hay en medio del paseo. Los padres suelen estar en grupos por etnias, pero los niños que juegan andan todos mezclados; es como una anticipación de lo que va a ser la ciudad de aquí a poco. 

Me hablaba Santi esta mañana del vasco, una lengua a la que al parecer no se le conocen parientes. Por eso es tan difícil conocer sus orígenes. Así todo, un tipo llamado Michelena se puso a ello e hizo grandes descubrimientos sobre el particular. Tovar, que era por entonces maestro de maestros en lo referente a las lenguas, se enteró del asunto y se las ingenió para que la Universidad de Salamanca crease una cátedra de vascuence para dársela al tal Michelena. Corrían los cincuenta del siglo pasado y de entonces para acá la bola ha rodado y se ha hecho tan grande que algunos -los filósofos que les decía ayer- la han convertido en coartada para justificar sus aspiraciones secesionistas. Cosas que pasan. 

Siempre he sido un negado para los idiomas. Tampoco es que haya dedicado excesivo esfuerzo a su aprendizaje. Así todo, el inglés que aprendí fue decisivo para mi desempeño profesional. Cuando estaba en mis años más fecundos, había dos tipos de médicos en España, los que podían y los que no podían leer en inglés. Porque se daba el caso de que, por aquel entonces, la literatura científica en español era una auténtica birria. Pero bueno, batallitas aparte, la cuestión de los idiomas en sí es quizá el fenómeno natural más apasionante por misterioso. Todas las especies animales tienen algún tipo de código para entenderse entre sus miembros, pero la que más tiene comparado con los códigos de la especie humana es irrisorio. La especie humana, emitiendo sonidos ha conseguido un grado de compenetración sorprendente entre sus miembros. Con una mezcla de sonidos forma una palabra que sirve para identificar una cosa, un sentimiento; con una mezcla de palabras construye ideas con las que trata de entender mejor su entorno y de influir para controlarlo. A la postre, el más hábil expresando ideas se convierte en jefe de la manada y, por tanto, tiene más posibilidades de sobrevivir y trasmitir su ADN. 

Lo sorprendente es que para expresar exactamente lo mismo haya miles de combinaciones de sonidos diferentes. A la que un grupo humano vive aislado por un tiempo construye su propio código de sonidos. Cuando empieza a haber contactos entre grupos diferentes los códigos empiezan a mezclase y se forma un nuevo código. Así es que todas las lenguas son algo mestizas. Y es que es muy fácil intercambiar palabras porque la estructura de los idiomas tiene muchas variantes, pero en su esencia deben de ser bastante similares. Como dice La Bruyere, en todos los sitios donde hay hombres se piensa correctamente. Me imagino que se quería referir a que todos usamos la secuencia: sujeto, verbo y predicado. 

En todos los sitios donde hay hombres se piensa correctamente, pero no todos los hombres piensan con el mismo grado de corrección. Los hay que son virtuosos y los hay zafios. Así es que el lenguaje es lo que más marca las diferencias entre los miembros de una tribu. Y por eso es que se hagan tantos esfuerzos por mejorar lo que natura da. En fin, ahora que la gente se va a turistear con un device en el bolsillo que le permite entenderse con cualquier tribu extraña con la que se tope. 

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