El colmo de la estupidez humana es creer que se ha llegado a unos grados de conocimiento que, si no dioses, casi. Y sí, lanzamos cohetes que llegan hasta lejanos planetas, nos metemos en el núcleo de los átomos y escarbamos por allí, cruzamos los océanos en un visto y no visto sin apenas peligro... todo lo que ustedes quieran siempre y cuando sea superfluo, porque en lo esencial, yo diría que estamos donde estábamos, si no es que peor. ¿O es que, acaso ahora se vive con menos miedos? O con menos enfermedades. O más reconciliados con nosotros mismos. O, ya puestos, más años.
Se me ocurrió mirar un video divulgativo sobre el ADN. A pesar de que la señorita que lo explicaba no era en absoluto una fanática de la ciencia, por lo que he podido colegir, todo ese asunto del ADN no es más que otro tinglado de la industria sanitaria para sacar perras al personal y, de paso, ayudar a los gobernantes a tener a la población en un puño. ¿Puede haber algo más perverso que predecir la predisposición a padecer ciertas enfermedades? ¿Qué sentido tiene que no sea arrojar al incauto que se ha sometido a la prueba a los infiernos de la desesperación? Pruebas de paternidad, de pertenencia a una etnia, ¡yo qué sé cuántas chorradas más! Siempre queriendo saber cosas que no aportan nada sustancial y sí mucha posible basura espiritual.
La gran cuestión a dilucidar es hasta qué punto la tecnología aporta calidad a la vida humana. Hay días que uno piensa que es maravillosa y otros que solo sirve para tenernos encadenados a una roca del Cáucaso viendo cómo se acerca el águila que viene a roernos los hígados. En general, suelo pensar que con haber llegado a la guitarra ya hubiésemos tenido más que de sobra. Pero hay lo que hay y uno tiene que optar.
Resumiendo, que aquí estamos viendo como se pasa la vida, cómo se viene la muerte que, espero, sea tan callando como quería el poeta. Porque ese es el asunto, que la tecnología nos suele llevar a morir metiendo ruido, o sea, de la forma menos elegante que se puede concebir. Claro, ¡cómo no vas a gritar si un águila te está royendo los hígados!
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