Ayer por la mañana salí de safari por las librerías de viejo. Me había levantado con ganas de releer algo de María Zambrano. Mi objetivo era conseguir "El hombre y lo divino", un tema que me tiene la mar de entretenido en los últimos tiempos. Solo pude encontrar un tomito titulado "Pensamiento y poesía en la vida española". Pensamiento y poesía, dos formas muy diferentes de querer captar la realidad. Zambrano nos lo explica recurriendo a Platón.
Platón nació poeta, pero quiso ser filósofo. Todos aquellos diálogos en los que Sócrates nos da la tabarra con la dichosa mayéutica, pretenden ser lo más de lo más de la racionalidad. Como si no quedasen grietas por donde poder colarse la duda. Sin embargo, personalmente, de todo lo que leí de Platón solo me ha quedado grabado a fuego su poética descripción del mito de la caverna. Ahí sí que construyó una metáfora que ha sido clave para entender lo que es la condición humana. Y es que los humanos somos seres simbólicos, o sea, que necesitamos rodeos para entender. Y no por nada, sino porque la línea recta de la razón de ninguna manera puede alcanzar a lo que por naturaleza es enrevesado.
La filosofía, de Platón para acá, ha tratado de ser lo más racionalista posible, y cuando ha sido metafórica, como en Gracián, ni siquiera se la ha considerado filosofía. Por eso es que haya servido de bien poco, cuando no de mucho mal. Ahí tienen, por ejemplo, la traca final, el marxismo, pensamiento científico que le dicen, que como no quiere dejar resquicio a la duda lo primero que hace es matar a Dios. Y a la vista están los resultados: Cuba, Venezuela y, a la postre, todo este occidente decadente que pugna por sacudirse lo que se ha dado en llamar marxismo cultural. ¡Qué ingenuidad, querer entenderlo todo! Recurriendo a la ciencia, claro está. ¿Se acuerdan cuando lo de la plandemia que acusaban a los cuerdos de negar la ciencia? Pues así ha sido toda esta siniestra historia que nos ha llevado a donde nos ha llevado, a vivir todos con el culo prieto. ¿Nos pagarán la próxima pensión? Así son las cosas, se empieza negando a Dios y se acaba sufriendo por la pensión.
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