lunes, 30 de junio de 2025

Examen de conciencia

Sin saber cómo ha sido, tan callando que dijo el poeta, ya estoy rozando el promedio de esperanza de vida que hay en mi país, uno de los más altos del mundo, lo cual, indudablemente, dice algo de mi país de lo que sentirse, si no orgulloso, sí contento, porque es de suponer que la longevidad es señal de buena vida en el sentido bíblico del término. No se puede vivir mucho sin ser temeroso de Dios. Pero, en fin, a lo que quería ir es a las cosas de la vejez. 

Indiscutiblemente, en la vejez, a poco que te lo hayas trabajado, se alcanza cierto sosiego. Es algo casi natural, porque por razones obvias ya no te agobian las expectativas. Estás ya viviendo de propina y por las propinas solo cabe sentir agradecimiento y dar las gracias. Y en eso estoy, desde luego, dando gracias por poder disfrutar de algunos momentos de gloria ligados sobre todo a la amistad y las habilidades que fui capaz de cultivar a lo largo de la vida. 

Algunos momentos de gloria que se intercalan, ya sea entre el anodino paso del tiempo y la persistente pesadumbre asociada al asalto de recuerdos indeseados. Esos recuerdos que son el castigo de los dioses -el infierno- por las pasadas temeridades. No sé otras personas, aunque supongo que en todas será más o menos lo mismo, pero, lo es yo, les puedo asegurar que daría cualquier cosa por no haber hecho multitud de cosas que hice. Así es que me identifico al cien por cien con Sánchez Ferlosio cuando decía en su vejez que, de su vida, tan fecunda vista desde afuera, solo sentía vergüenza. 

La vergüenza es el gran tormento de la vejez. Es la que te hace retraerte a tus soledades que es el único lugar en el que los recuerdos se amortiguan, porque, si interactúas con el mundo, de inmediato observas actitudes que te retrotraen a tu yo más despreciable. Yo fui así, te dices entonces, y te quisieras morir. Supongo que, el haber sido tan necio tantas veces, fue inevitable. Miguel de Molinos, en su Guía Espiritual nos asegura que no debemos avergonzarnos por lo que hicimos porque así lo tenían dispuesto los cielos. Quise creerle, pero no pude. Preferí identificarme con la idea de la implacable justicia divina que destilan todas las páginas de la Biblia... desgraciadamente fui un lector muy tardío de ese libro. 

En fin, por fas o por nefas, no hay forma de dejar de arrastrar la cruz. Esa es la esencia de la vida y no sé si será mejor o peor el ser consciente de ello. Aunque, probablemente, el ser consciente te hace ser más precavido a la hora de las quejas que no cesan y que, como aseguraba Hamlet, son las que engendran la pestilencia del mundo.   

domingo, 29 de junio de 2025

Camacho el Rico y Basilio el pobre

Discutir la sabiduría que se encierra en las páginas de El Quijote está fuera de toda cuestión. A mi juicio, su salto cualitativo respecto de toda la literatura que le precede consiste fundamentalmente en la introducción del contrapunto en el relato; más o menos, como hizo Johann Sebastian Bach en la música. Sancho y Don Quijote son dos líneas melódicas que se entrelazan. Así, es difícil muchas veces identificar en dónde reside la cordura y en donde la necedad. En fin, esto está dicho y copiado ya tantas veces  que no entiendo por qué lo tengo que repetir como no sea porque un poco de cháchara sirve a modo de preámbulo o calentar motores cuando se pretende levantar el vuelo de la reflexión.  

Y es que quería reflexionar un poco sobre una candente cuestión que se plantea repetidas veces a lo largo de la obra. La primera es con motivo de la contratación que hace Don Quijote de los servicios de Sancho. Al valorar las cualidades de éste, dice que es un buen hombre para, acto seguido, poner en duda que una persona humilde, o pobre, pueda ser bueno. Luego, cuando contrapone las riquezas de Camacho con las estrecheces de Basilio, también se repite esta consideración. Y en otros pasajes que ahora no recuerdo. Parece ser que Cervantes no se hacía ilusiones al respecto de esa mitología cristiana, que luego retomó el comunismo con tanto éxito, de humilde bueno, versus, rico malo. 

Quiso la casualidad que ayer cayese mi atención sobre una entrevista de esas que se hacen a la gente que transita por la calle. Preguntaba el periodista a una señora por los sesenta que se declaraba ecuatoriana recientemente nacionalizada española: ¿a quién vota usted? La respuesta fue contundente: ¡a los socialistas! Luego añadió con vehemencia: los socialistas se ocupan de los problemas de la gente humilde; los de la derecha solo quieren explotarnos... el entrevistador cortó la emisión porque seguramente había comprendido que poco más se podría haber añadido para dejar claras las cosas. 

El caso es que, por aquello de tomar el pulso a la realidad, de vez en cuando miro un canal de televisión local de nombre Popular en el que emiten cosas de la Iglesia católica. Suelen ser conferencias en las que un cura se dedica con melifluas carantoñas a apacentar a su rebaño. Es un discurso muy bien encajado que tiene a la concurrencia sin pestañear. Solidaridad, empatía, humildad, etc., etc., etc., son términos que se repiten con profusión. Desde luego, pienso cuando veo eso, para nada necesitan los socialistas hacer mítines y toda esa parafernalia hortera que hacen los partidos políticos; el trabajo duro ya se lo hace la Iglesia de una forma subliminal que viene a ser como meterla con vaselina. Aunque, bien pensado, tampoco es que haga falta mucha floritura para convencer a los que inconscientemente ya lo están: solo hace falta que les confirmes, como supongo que le pasará a esa ecuatoriana que les contaba cuando acude a la iglesia de su comunidad. La pobre mujer razona movida por la envidia y el resentimiento que tiene hacia aquellos que ella supone que son más felices que ella porque tienen más. 

En fin, un poco de Quijote y Sancho para desengrasar: 


Don Quijote de la Mancha. 
Segunda Parte. Capitulo XX. Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico con el suceso de Basilio el pobre.
 
"Sancho Panza, que lo escuchaba todo, dijo:

—El rey es mi gallo: a Camacho me atengo.

—En fin —dijo don Quijote—, bien se parece, Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen: «¡Viva quien vence!».

—No sé de los que soy —respondió Sancho—, pero bien sé que nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las de Camacho.

Y enseñóle el caldero lleno de gansos y de gallinas, y, asiendo de una, comenzó a comer con mucho donaire y gana, y dijo:

—¡A la barba de las habilidades de Basilio!, que tanto vales cuanto tienes, y tanto tienes cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al del tener se atenía; y el día de hoy, mi señor don Quijote, antes se toma el pulso al haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo enalbardado. Así que vuelvo a decir que a Camacho me atengo, de cuyas ollas son abundantes espumas gansos y gallinas, liebres y conejos; y de las de Basilio serán, si viene a mano, y aunque no venga sino al pie, aguachirle.

—¿Has acabado tu arenga, Sancho? —dijo don Quijote.

—Habréla acabado —respondió Sancho—, porque veo que vuestra merced recibe pesadumbre con ella; que si esto no se pusiera de por medio, obra había cortada para tres días.

—Plega a Dios, Sancho —replicó don Quijote—, que yo te vea mudo antes que me muera."

sábado, 28 de junio de 2025

Pisar el freno

Mi impresión es que se está produciendo en el mundo una revolución que yo la calificaría como la de pisar el freno. Venimos de un par de siglos en los que la gente, instigada por los avances de la tecnología, había dado en creerse lo que sin duda no es porque no puede ser y además es imposible, es decir, estar en posesión de los atributos que la imaginación atribuye a los dioses: la ubicuidad, la omnisciencia, la seguridad y, a la postre, la inmortalidad.

Tanta soberbia, como no podía ser de otra manera, nos ha arrojado a los infiernos por más que, como le pasa a nuestro antecesor Lucifer, no seamos muy conscientes de que estamos en ellos. Y aquí es en donde reside la revolución que pienso que se está produciendo, en la toma de conciencia cada vez mayor y de más gente  de que efectivamente estamos en los infiernos y que para salir lo primero que hay que hacer es pisar el freno.

El infierno es vivir en la mentira. Pensar que viajas cuando haces turismo. Creer que estás informado cuando lees los periódicos y ves la televisión. Dártelas de refinado porque puedes acceder al consumo caro. Sentirte sofisticado porque porque manejas cachivaches con muchos botones. Todo ello cosas que no son nada más que intentos de escapar del infierno del que no eres consciente que estas. 

Como toda revolución, ésta también ha tenido sus precursores o profetas. Pongamos que Pessoa con su Libro del desasosiego. Cada vez estoy más convencido de que del Siglo de Oro español para acá es lo único interesante que se ha escrito en el mundo. Es un descenso a los infiernos como el de Dante. Un tomar conciencia de que el principio de toda sabiduría es el temor de Dios. 

El desasosiego, la ansiedad, la angustia y demás malestares del espíritu no son enfermedades como quieren hacer que creamos esos ejércitos de malignos a sueldo de los laboratorios farmacéuticos, la más acabada encarnación del mal que se puede concebir. No, no son enfermedades; son el castigo que nos imponen los dioses por querer ser como ellos. En cuanto bajamos el pistón y nos resignamos a nuestra condición humana todos esos malestares se atenúan. No otra que esa resignación es la gran nube mental que está descargando su rayo sosegado, como dijo el poeta. 

viernes, 27 de junio de 2025

Le Malade Imaginaire

 


Quien bien me conoce, me manda ésta, en apariencia boutade, del genial Aldous Houxley, autor de una de las novelas que más nos dio de qué hablar cuando aquellos maravillosos años: This Brave New World, título traducido al español como Un Mundo Feliz. Pues bien, esa novela es una distopía en la que todo el negocio descansa en los avances de la medicina; se han descubierto las sustancias cerebrales que controlan las emociones y lo único que hay que hacer es suministrárselas a la gente para que ande por el mundo como zombis. La pastillita diaria de "soma" y, luego, para los restos emotivos que no puede controlar el "soma", un aparato llamado el orgasmotrón: te metes dentro de él y tienes un orgasmo. Como ven muy parecido a lo que hay hoy día: pastillas para los nervios y pornografía para masturbarse -una de cada diez páginas que se abren en internet es porno-. 

En cualquier caso, esa aparente boutade, es una realidad social candente: si se suprimiesen todas las conversaciones que hay en el mundo acerca de las enfermedades que se padecen, se produciría un silencio cósmico. No tienes más que ir por la calle y poner la oreja: todo el mundo está en trance de ir a, o venir de, hacerse una prueba para ver lo que tiene que no le deja vivir. Prueba de la que, ni que decir tiene, siempre se sale con un diagnóstico ominoso que explica los supuestos padecimientos. A partir de ese momento, es como si el paciente se hubiese quitado un peso de encima: ya puede ir por mundo con cierto protagonismo al tener su historia para contar. Pla decía que las enfermedades son los viajes de los pobres. ¿Y para qué se viaja hoy día si no es para contar el viaje? 

Resumiendo, que los avances de la medicina no dejan de ser fuego que se roba a los dioses, dado lo cual es imposible sustraerse a la maldición prometeica. Hoy día, por fas o por nefas, quién más, quién menos, todo el mundo vive encadenado al sistema sanitario. El aburrimiento, la dejadez, la procrastinación -que así llaman hoy día a la pereza mental- de inmediato remiten a la enfermedad como tabla de salvación: ya, solo si estás enfermo eres alguien para los demás. Desde luego que ya no te aburres: todo el día de aquí para allá para hacerse pruebas, más, luego, poder contar tu experiencia. Es una forma de estar muerto sin enterarte de que lo estás, como los personajes de This Brave New World (Un Mundo Feliz). 

Así es que ya tocamos a médico cada ciento cincuenta personas y la gente quiere más. Y al poder ser que los médicos sean mujeres que, al perecer, están más dotadas que los hombres de esa cualidad que llaman empatía, que yo creo que es lo que siempre se llamó comprensión. Identificarse con el padecimiento ajeno y, al ser posible, echar un poco más de leña al fuego. Una médico empática, sabe que relativizar la importancia del sufrimiento del paciente puede ser letal para la autoestima de éste. Así, de paso, se va haciendo bolsa, que es de lo que se trata... que ya saben que el empático es de los que miran la berza, pero siempre cogen el tocino.  

En fin, lo dejo ya porque este asunto de "le malade imaginaire", que decía Moliere, es algo de lo que no vamos a salir en tanto la sociedad no recupere los valores que defendía Don Quijote, o sea, los de la virilidad.    

jueves, 26 de junio de 2025

Decadencias

Vivimos un momento histórico en el que miles, o millones, de ese espécimen humano que se conoce como intelectual, se dedican a cantar con un a modo de regodeo maligno lo que ellos llaman decadencia de Occidente. El otro día oía a uno vaticinar que de aquí a cinco años los EEUU de América habrían desaparecido como tales. Cosas del wishful thinking, pensé. De momento, seguí pensando, de hace treinta años para acá, los EEUU de América han llevado a cabo la mayor colonización del mundo que nunca se pudo ni imaginar. Todo esto de la informática, numérico, o como lo quieran llamar, que condiciona nuestras vidas desde que abrimos el ojo por la mañana hasta que le cerramos por la noche, es un invento suyo. El resto del mundo, a esperar qué es lo próximo que se les ocurre. 

En cualquier caso, seguíamos comentando esta mañana a propósito de la sofisticación literaria que contiene el Gilgamesh sumerio. ¿Quién se acuerda de los sumerios hoy día? Es muy probable que muchas de las maravillas que achacamos a los griegos estuviesen copiadas de los sumerios. Y después los acadios, que por lo visto inventaron la primera escritura alfabética; y los babilonios, que instituyeron la prostitución sagrada... civilizaciones todas que hoy resumimos en un par de líneas, pero que duraron lo suyo y dejaron su huella indeleble. Por no hablar de los romanos, que se tiraron hablando de decadencia no sé cuántos siglos; ya en el segundo de nuestra era escribían Petronio, Apuleyo, Juvenal, y otros muchos, anunciando el derrumbe; casi dos siglos después Juliano volvió a llegar a donde llegó Alejandro cinco siglos antes. Desde luego que la caída de los imperios nunca ha sido de hoy para mañana. 

Sobre la decadencia de los imperios se ha escrito para dar y tomar. Cada loco con su tema. Quizá su causa no sea otra que la fatiga de materiales. Todo es finito en este mundo. Hasta el mundo mismo. En cualquier caso, es muy difícil mantenerse en el machito porque detrás vienen otros arreando. Así todo, hay que andarse con mucho cuidado con los intelectuales, porque, por lo que sea -quizá porque follan poco-, suelen tender a la depresión con su consiguiente regodeo en las negras premoniciones. Y es que las negras premoniciones tienen mucha demanda... demasiada gente folla, si no poco, mucho menos de lo que sus fantasías les dan a entender como necesario, ¡Y qué mal se lleva eso! 

Lo único que yo veo en el mundo actual es un recrudecimiento, como quizá nunca lo hubo, del mito prometeico. Todo este ingente fuego que acabamos de robar a los dioses nos tiene encadenados. No hay más que ir por la calle para darse cuenta. Ver a una persona pasear con aires de nonchalance es poco menos que un milagro. Todo el mundo va enfrascado en el manejo de cualquiera de los cachivaches que la tecnología pone a su disposición. Tengan en cuenta que el dios de la tecnología es cojo y, además, su mujer le pone los cuernos con el dios de la guerra. Así es que, la mujer, Lady Macbeth, es la intermediaria natural entre la tecnología y la guerra. La que tiene el mando a distancia, como se suele decir. Y ahí, quizá, es donde está la explicación a todo este canto a la decadencia que nos tiene acongojados, en el mando a distancia de las mujeres. Es fundamental volver a meterlas en cintura para que no se nos vayan con el dios de la guerra. Claro que para eso será necesario no andar tan distraídos inventando cachivaches. Hay que tenerlas vigiladas y sacarlas a pasear de vez en cuando.

En fin, vete tú a saber. 

miércoles, 25 de junio de 2025

La virilidad

 Don Lorenzo, hijo de Don Diego el del Verde Gabán, está de sobremesa con Don Quijote. Don Quijote hace un pormenorizado análisis de lo que es la poesía, que es a lo que se dedica Don Lorenzo. Don Lorenzo queda admirado y pregunta: "Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿Qué ciencias ha oído?". Contesta don Quijote: "La de la caballería andante, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más. "No sé qué ciencia es esa, replicó don Lorenzo, y hasta ahora no ha llegado a mí noticia." 

Aquí se extiende Don Quijote, explicando en qué consiste la ciencia de la andante caballería. Hay que ser jurisperito, teólogo, astrónomo, matemático, médico, y estar adornado de todas las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- y cardinales -prudencia, justicia, fortaleza y templanza-. "Ha de ser casto en los pensamientos, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque cueste la vida defenderla."

Son los valores de la virilidad, esos que la corriente cultural en boga trata de denostar por todo los medios. De eso hablábamos esta mañana de la virilidad versus feminidad. Y es que quizá sea la tergiversación de esos roles lo que lleva a la decadencia de las civilizaciones. Los hombres están para lo que están y las mujeres, lo mismo. Querer difuminar eso por medio de un voluntarismo a tota ultrança, como hacen los gobiernos actuales en esta parte del mundo que llaman Occidente, es fuente de desasosiego rayano en la histeria. ¿Qué coño hacen las mujeres en el poder político? Se lo diré: emponzoñarlo todo con su predisposición natural al pasteleo: "But trust me, gentleman, I´ll prove more true / Than those that have more cunning to be strange", le dice Julieta a Romeo (Confía en mí, caballero, te seré más fiel / que las que son más sabias para disimular).

El pasteleo, la exaltación de lo superfluo -la felicidad en los pequeños detalles-, el derroche en apariencias, la moda, todo lo que cuadra con este anticapitalismo socialdemócrata que es la puerta de entrada a la esclavitud. ¡Tú, hijo, algo seguro!, o sea, funcionario, muerto viviente, el sueño de toda madre... y ahora también del padre desde que padecemos este amariconamiento en sábana que todo lo impregna. 

En fin, no sigo, no vaya a ser que me metan en la cárcel. Pero, en mi fuero interno, no desespero, porque sé que hay cosas que siempre vuelven a por donde solían.  

martes, 24 de junio de 2025

Universo Flamenco

Estoy intentando cumplir mi sueño de tocar las falsetas de las bulerías de Diego del Gastor. Supongo que acabaré tocándolas de aquella manera, como todo lo que toco. Al atardecer, suelo agarrar la guitarra y me pongo a improvisar aflamencado y, a veces, cuando paro, María dice: ¡qué bonito! Y entonces yo me siento poco menos que si fuera Sabicas. Son cosas de la vejez, que cualquier cosa te sirve para sacarte por un rato de la melancolía constitutiva. 

El caso es que he encontrado un portal llamado Universo Flamenco de un tal Juan de Dios Tamayo. Un tipo curioso, lleno de tatuajes, pelo teñido y todo tipo de adornos, pero con unas dotes pedagógicas más que notables. Por supuesto que, como buen flamenco, habla un inglés impecable. En realidad, en España, a los únicos que he oído hablar inglés sin mucho acento, hecha excepción de Espinosa de los Monteros, es a los flamencos. En fin, sea como sea, espero que con su ayuda acabe por cumplir mi sueño de tocar esas falsetas. 

Las falsetas, por si no lo saben, forman parte del dialogo que es el flamenco; generalmente, una pregunta escueta, que repite, y una respuesta, más extensa, en la que se resuelve. De hecho, toda la música es así, pero en el flamenco se hace más manifiesta. Como pasa en esta vida con todo, esas falsetas se han ido sofisticando con el tiempo; por así decirlo han ido adquiriendo un manierismo que las hace muy vistosas a ojos de los profanos. Los flamencos, hoy día, suelen tocar como máquinas, que es lo que les gusta a los americanos y a los japoneses. Por eso los flamencos  andan siempre por esos países y, a la postre, se han convertido en la mayor fuente de divisas que tiene la nación.  

Yo no voy a negar a estas alturas que todo sirve para el convento, y más, si, como les digo, genera divisas, pero, no nos engañemos, porque el arte es, fundamentalmente, sencillez que conmueve. Al menos eso es lo que pienso yo. Y por eso ver una reunión flamenca en la que ofician Diego del Gastor y Fernanda de Utrera es de las pocas cosas que calman mi espíritu cuando anda atribulado. Se palpa ahí una comunión perfecta; con los abuelos, los churumbeles, todos participando, cada uno según sus particulares facultades. Cuando ves una cosa así, entiendes el porqué de que los gitanos se hayan perpetuado en el tiempo sin perder sus esencias. Y es que, pueblo que es fiel a una religión, es pueblo indestructible. En realidad, que yo sepa, solo los judíos y los gitanos tienen esa característica, la de ser fieles a toda ultranza a la religión de sus mayores. Claro que hay que entender que quizá sea porque el judaísmo y el flamenco son las dos únicas religiones que merecen el nombre de tales. 

En fin, lo dejo ya, porque como dijo el poeta:

My words fly up, my thoughts remain below, / Words without thoughts never to heaven go.

(Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos, / Palabras sin pensamiento nunca suben al cielo)

lunes, 23 de junio de 2025

Gilgamesh


Ya va para cuarenta años o así que encontré el Poema de Gilgamesh en una librería dedicada a libros esotéricos que había cerca de mi casa, cuando vivía en Barcelona. Me puse a leerlo con toda la atención que pude, pero pronto me di cuenta de que todavía no estaba maduro para semejantes empresas. Muchos años después, en posesión ya de cierto bagaje, su lectura me fascinó. Esta mañana, conversando con un filólogo sobre el asunto, he comprendido el poco bagaje que poseo para enfrentar los arcanos de la literatura. Así todo, me he prometido que, si los hados me dan tiempo, lo volveré a leer. 

Es un libro que tiene más de cuatro mil años y, en esencia, lo contiene todo acerca del ser humano. Cuatro mil años, en términos históricos, es, como quien dice, ayer. Seguramente, hace cuarenta mil años, ya había en algún lugar del mundo gente que había reflexionado sobre las pasiones que nos constituyen como especie. Y es que allí donde hay un humano con sus necesidades perentorias resueltas, hay un filósofo en acción: es la habilidad específica de nuestra especie, el poder repensarnos. En el centro de nuestra cabeza hay una estrella cuya luz destaca sobre las demás: la llamamos ¿por qué? En realidad, no entiendo porque en nuestras ciudades no se erigen templos a esa estrella, porque no creo que haya nada con más méritos para ser venerado.

En cualquier caso, lo que si recuerdo del Gilgamesh es que es un canto a la valentía, como la Ilíada, como el Quijote, como todos los libros que están en el índice de los prohibidos desde que se entronizó en el mundo el dichoso marxismo cultural... que no es otra cosa que un canto a la cobardía. Y esa es la razón que está detrás de esta decadencia a punto de tocar fondo en que dicen que nos hallamos. Sin riesgo, sustanciado en una bajada a los infiernos, como hizo Orfeo, o Ulises, o Dante, o Don Quijote, o, el primero de todos, Gilgamesh, no hay vida digna de tal nombre. ¡Qué lo sepan!  

domingo, 22 de junio de 2025

Problemas y soluciones

Sometimes it seems as if there are more solutions than problems. On closer scrutiny, it turns out that many of today’s problems are a result of yesterday’s solutions.” ~ Thomas Sowell

(A veces parece como si hubiera más soluciones que problemas. Analizado el asunto con cuidado, caemos en la cuenta de que muchos de los problemas de hoy son la consecuencia de las soluciones de ayer.)

Es probable que mi casi total identificación con los pensamientos de Sowell traigan causa de llevar los dos un montón de años sobre nuestras espaldas. Quieras o no, por muy tonto que seas, los años te aportan experiencia y, quizá, a más tontería, más experiencia, por aquello de que tontería y equivocación van de la mano y, las equivocaciones, como todo el mundo sabe son la principal fuente de experiencia que a su vez lo es de sabiduría. 

Se como sea, el caso es que estoy completamente de acuerdo con lo de la relación que los problemas de hoy tienen con las soluciones de ayer. A poco que uno sea capaz de autoanalizarse, caerá en la cuenta de la mayoría de las pesadumbres que arrastra hogaño son la consecuencia de aquel entusiasmo que puso antaño para salir de un mal paso. Por eso es que, hoy día, de nada desconfíe tanto como de la gente que va por ahí ofreciendo soluciones para todo... empezando por los políticos y continuando por los médicos, las dos profesiones más abominables que darse pueden, y reto a combate singular a quienquiera que sea que se atreva a contradecirme en este punto. 

Soluciones, lo que dice Pessoa, solo las hay en matemáticas. ¡Ay, si la vida fuese tan sencilla como las matemáticas! Otro gallo nos cantara. Pero las cosas son como son y vivimos empeñados en que lo difícil son las matemáticas. En las cosas de la vida corremos como pollos descabezados tras los consejos de apariencia desinteresada que de continuo salen por la boca de los sinvergüenzas. Y aquí es, exactamente, en donde reside uno de entre nuestros mayores problemas, en saber identificar a los sinvergüenzas, es decir a los lobos con piel de cordero. Son esas personas con un particular olfato para rastrear el sufrimiento; saben que el sufrimiento debilita la razón que es justo lo que ellos necesitan para colocar su engañosa mercancía. 

En fin, ¿qué más quieren que les diga? Bueno, sí, que si yo mandase aquí, lo primero que iba a hacer sería enviar a una isla desierta a todos aquellos en los que se detectase una propensión a organizar vidas ajenas; allí, todos juntos, lo más probable es que en cuatro días no quedase ni uno. Y con los médicos, de entrada, limitaría su número a uno cada dos mil personas a lo sumo y, para redondear, establecería como requisito indispensable para poder iniciar los estudios médicos el estar en posesión de un doctorado en teología... porque ¿cómo se puede ser médico sin haberse tomado un tiempo para reflexionar sobre la relación del hombre con lo divino? Así es que pasa lo que pasa, como aquel noble asediado por su médico que nos cuenta Mateo Alemán: "Tome, señor doctor, que a fe de quien soy, que para con Vuesa Merced no me ha de valer sagrado."  

sábado, 21 de junio de 2025

Marxismo cultural en vena

 


El "creativo" que hizo el anuncio se inspiró en la canción mexicana Cielito Lindo:

Ay, ay, ay, ay, / Canta y no llores

Solo tuvo que cambiar la Y griega por la I latina y le quedó AI, Artificial Intelligence, Inteligencia Artificial para los profanos. 

Deja que la inteligencia artificial trabaje para ti; o sea, que todo el día tumbado en el sofá con la chorba en plan picotazo y al alero. Y para reponerte miras vídeos de tik tok en el móvil. Es una bella proposición; digamos que el cumplimiento de las promesas del marxismo cultural: el paraíso en la tierra. 

De todos los sueños de este mundo el más estúpido es, sin lugar a ninguna duda, el de vivir sin trabajar. ¿Cuánto tiempo va a resistir esa pareja en el sofá antes de descender a los infiernos? ¡Como si la energía sexual fuese infinita! Por muy joven que seas, a los cuatro polvos ya estás para el arrastre y no sabes que inventarte para salir zumbando. Ya lo dice el proverbio chino: si quieres ser feliz un día, emborráchate; si quieres serlo una semana, cásate; si quieres serlo toda la vida, cultiva un jardín. Es decir, que los chinos tienen claro que no hay otra posibilidad de redención que no sea por medio del trabajo. Esa es la realidad que en absoluto tiene por qué ser triste como nos quieren dar a entender los del marxismo cultural. Es muy ladina esa gente: primero te impiden hacer aquello para lo que tienes predisposición natural y, después, cuando ya estas enfrascado en lo que sea, te recuerdan a todas las horas que lo que haces es una mierda de la que podrás librarte si les sigues... o sea, si aprendes a odiar. 

En cualquier caso, todo es vanidad. Con inteligencia artificial o sin ella, el destino del hombre nunca es otro que el de acumular vergüenza de sí mismo a medida que pasan los años. Todo el transcurrir es una interminable sucesión de equivocaciones y utilizar la inteligencia artificial, como el coche, o cualquier otro invento, para subir al cielo, no es más que más de lo mismo. En definitiva, que  el dichoso jardín solo soporta herramientas rudimentarias; a la que las sofisticas la cagas porque no te ayudan a evadirte de ti que es de lo que se trata. 

En cualquier caso, el anuncio marxista, si no para otra cosa, sirve para que los perros meen.    

viernes, 20 de junio de 2025

¡Tan callando!

Serían las nueve de la mañana, o así cuando volvía a casa después de dar una vuelta y haber ingerido un pincho de tortilla king size cuya digestión mantenía mi cerebro en mínimos. Justo, ya llegando, se me acercó una chica rellenita muy sonriente y me dijo un ¡hola! muy expresivo, como de conocerme de toda la vida. Me costó bajar de las nubes y balbuceé algo así como: no sé quién eres. ¿No me conoces?, dijo ella, sin perder un instante su sonrisa. Pues no, no te conozco. Sí, hombre, del bar ese de ahí, dijo haciendo un gesto con la cabeza, como señalando. No, se equivoca, respondí. Entonces ella, cambiando el gesto, dijo con determinación: ¿Quieres venir a follar? Entonces desperté del todo y dije: Ahora no. Y la dejé plantada con su sonrisa. 

Cosas así me habían pasado en Madrid y Barcelona, donde nada es extraño, y más siendo yo un paseante por lo general solitario, pero que cosas así pasen aquí, en Santander, justo al lado de casa... no sé qué pensar al respecto, si es que merece la pena pensar algo. Bueno, sí, que estos apóstoles del marxismo cultural quieren prohibir la prostitución por considerar su uso impropio para cualquiera que no sean ellos. Desde luego que es una de las ideas más chuscas que nunca pudo salir de una mente pensante, por decir algo, porque llamar pensamiento a eso es, cuanto menos exagerar. 

La verdad es que estamos viviendo días muy extraños. Ayer todo el país se descojonaba pensando en el pendrive que una puta se había metido en el coño para ayudar a uno de esos apóstoles del marxismo cultural, de los que quieren prohibir la prostitución, a escapar de la acción de la justicia. ¡Buena es la justicia en asunto de coños! El primer lugar del que sospechan. ¡Me parto! Y mientras tanto, unos quilómetros más allá, otros apóstoles de no sé qué, andan con que si se la tiran, o no se la tiran, como en aquel chiste de La Codorniz, en este caso la bomba atómica. ¡Oye, son cosas que pasan! Cada loco con su tema. Por eso no vamos a perder el sueño. 

Yo, con mi guitarra, mi Quijote y mis acertijos matemáticos, que aquí me las den todas. Luego al atardecer viene María y paseamos por los muelles del Pesquero. Después, estamos aquí tan ricamente, escuchando música y haciendo solitarios, hasta que nos gana el sueño.  Nuestras vidas son los ríos; en mi caso, ya llegando a la mar... !tan callando!

jueves, 19 de junio de 2025

¡Puerca miseria!

 


"ÁBALOS ESTABA CON UNA ACTRIZ "X" CUANDO ENTRÓ LA UCO". Si esto no es un sainete que venga Dios y nos lo explique. Ábalos es un ministro plenipotenciario, la actriz porno se llama Anaïs, igual que aquella autora de relatos eróticos que nos contaba sus experiencias con su padre de una forma tan cruda que hasta a los más atrevidos nos sacaba los colores. La función de Anaïs en este caso era camuflar, supongo que en sus partes más íntimas, un disco duro con información comprometida para sustraerlo a la curiosidad de la UCO -en el Santander de mi juventud había un tonto muy famoso que se llamaba Uco la Baba; su habilidad consistía en lanzar salivazos con rara precisión-. En fin, entre unas cosas y otras hay materia de sobra para que el sainete tenga distraído al respetable de forma que el jefe de Ábalos pueda seguir metiendo la mano en el bolsillo de la gente sin que la gente se entere.  

Bueno, la UCO en este caso es una policía insobornable -un imposible metafísico que también podríamos decir oxímoron- que anda tras los pasos del plenipotenciario por encargo de padrinos ultraderechistas. Porque la cosa va de padrinos mafiosos como en "Con faldas y a lo loco". Es la lucha por un territorio que es escaso para tanto chorizo. Así el guiso sale sabroso pero un tanto indigesto, ¡y qué le vamos a hacer!   

En conjunto, nada nuevo si no es que, como pueblo, hemos perdido gracia narrativa. Hubiera ahora unos hermanos Bécquer y, en vez de tantas vanas trascendencias, nos íbamos a tronchar de risa... como hacían los españoles de cuando reinaba Isabel II. Bueno, siempre podemos coger, agarrar, e ir a google y teclear: los bobones en pelota. Son las cosas del poder que sin sexo por medio se hace insoportable. Lo acabamos de comprobar aquí en España con lo que iba de la simpatía que inspiraba Juan Carlos a la anodinia que inspira este Felipe. 

Porque esa es la cuestión que yo percibo, que el Ábalos le cae de puta madre a la gente en general. Una cabeza tan perdida por las faldas no puede hacer daño a nadie. Es como una especie de inocencia. Sin embargo, el Sánchez es el villano corroído por la ambición: no hay más que ver la cara que se le está poniendo; de aquí a cuatro días le saldrá un cáncer por cualquier sitio y la gente lo celebrará por todo lo alto. En definitiva, que no falta ni uno de los ingredientes de la comedia de enredo; como aquellas de Zori, Santos y Codeso de mi juventud... supongo que también esas revistas fueron víctimas del marxismo cultural, porque no veo yo que hoy día haya una distracción tan relajante. En fin, ¡qué puerca miseria! 

miércoles, 18 de junio de 2025

El superhombre

 Ayer les decía que quizá el gran olvidado es Chesterton. Una vez, por la temprana juventud, leí una novela suya llamada El Hombre que fue Jueves. No entendí nada. Y es que de joven casi todo te viene grande. A partir de ahí lo único que supe de él es que fue un gran inventor de sentencias muy ocurrentes. Luego, con la llegada de YouTube escuché cosas acerca de él en los canales de filosofía. Porque, sin duda, Chesterton fue un gran pensador al que los mitos de su época colocaron en la sombra. 

Pudiera ser que Chesterton fuese la otra cara de la misma moneda que Nietzsche. Todo el rollo ese de la muerte de Dios y, con ello, el surgimiento del superhombre es para Chesterton una patochada. Para él, el superhombre es el hombre común que saca adelante una familia, toma pintas en el pub, y acude los domingos a la iglesia. Es decir, que vive en armonía con su medio porque no se cree superior a nadie. Y aquí es donde debiéramos pensárnoslo dos veces los admiradores, seguramente acríticos, de Nietzsche, en las pretensiones de superioridad; es como una intoxicación que produce su lectura. Claro que sus análisis son brillantes, pero, como todo lo brillante, sesgado. Él describe unos prototipos que seguramente se le asemejan, pero el mundo en general no es así. El mundo está compuesto en su inmensa mayoría por los superhombres que dice Chesterton: esas familias que veo en mis paseos al atardecer, con dos o tres hijos que juegan en los columpios. Esos son los que hacen que la sociedad funcione. ¡Y vaya que si creen en Dios! No hay nada más que ver la profusión de iglesias que hay por el barrio. 

Hay que andarse con mucho cuidado con todo esto de la intelectualidad porque a la que te descuidas acabas creyéndote superior a los demás, cosa que, a la postre, es lo más antiintelectual que existe. Si para algo sirve ocuparse de las cosas del espíritu, eso sería, precisamente, tomar conciencia de que para ser más que alguien tienes que hacer más que alguien. Y leer a Nietzsche es hacer poco menos que nada. Sin embargo, estos que ahora escucho que arrastran  sus carros en los que llevan el repuesto de las estanterías del supermercado, estos, digo, sí que hacen algo importante. 

En fin, vamos a ver en que acaba la partida en curso, porque hay que reconocer que está condenadamente interesante.    

martes, 17 de junio de 2025

Celebración

La modernidad es una estafa. Todo, una ilusión. Y la más estúpida de todas es la que nos hace vivir con la convicción de que estamos informados de lo que pasa en el mundo. Desde que comenzaron a circular los periódicos, la clase social ociosa se enfrascó en ellos, se formó una idea falsa de la realidad, y comenzó a intrigar con ella. Así, el sosiego es imposible; es como si el mundo se hubiese convertido en un Delfos gigantesco desde el que salen millones y millones de oráculos diarios. Se nos va la vida intentando descifrar esos oráculos, contradictorios entre sí todos ellos y sin el menor interés. El caso es proyectarse al futuro para no tener que vivir el presente, cosa que exige, entre otras dificultades, estar en armonía con uno mismo. 

Para vivir el presente hay que empezar por aceptar que lo que tenga que ser, será, y que la verdad siempre acaba por salir a la luz sin necesidad de parteros. Una vez en posesión de semejante convicción ya te puedes dedicar a lo que te concierne sin distracciones inútiles. Y lo que te concierne no es otra cosa, no se engañen al respecto, que trabajar para intentar dejar un mundo mejor que el que encontraste a tu llegada. Por ejemplo, procurar que tus hijos sean mejor que tú. Enseñarles con el ejemplo el valor liberador del sacrificio. 

Muy complicado todo ello en un mundo en el que todo está encaminado a desprestigiar el sacrificio. Para todo lo dificultoso hay una máquina que que te exonera del esfuerzo. Y, para colmo, llegaron los pedagogos marxistas y convencieron a la gente de que se aprende jugando. Ya lo decía Chesterton, el gran olvidado, que la modernidad había venido para acabar con la humanidad. Porque sin el sacrificio del presente es imposible proyectarse al más allá, o sea, eso que llamamos celebración. 

Los niños lo manosean, los jóvenes lo leen, los adultos lo entienden, los ancianos lo celebran, dice Cervantes a propósito de El Quijote, un libro que a la gente le ha dado por decir que es muy difícil leer... no hay mejor ejemplo de lo que es la degradación de la especie. ¡Difícil El Quijote! ¡Pero por Dios bendito, qué es esto a lo que hemos llegado!    

lunes, 16 de junio de 2025

Plaque tournante

Como siempre que hay una guerra con armas convencionales, de inmediato, paralelamente, se monta otra de propaganda. Esto es algo más viejo que los pedos. Lo que pasa es que ahora, en lo que hace a la guerra de propaganda, la extensión del campo de batalla, gracias a la existencia de las redes sociales, se ha hecho prácticamente infinito. Si uno mira ahora en YouTube verá cien videos con fotografías espeluznantes sobre la destrucción que está padeciendo Israel y, con las mismas, podrá ver otros cien en los que el espeluzne hace referencia a Irán. Así que es imposible saber cómo va la partida, lo cual no quita para que uno, en alguna medida, sea víctima del whisful thiking y, por tanto tienda a creerse más los vídeos que favorecen los propios deseos; en mi caso, que venza Israel, lo cual, hasta cierto punto, sería vencer también el pueblo iraní que, a todas luces, está hasta el gorro del régimen político de los ayatolas.

Lo de los ayatolas en Irán no es nuevo. Heródoto cuenta cómo los sacerdotes se hicieron con el poder en Persia, mientras el emperador Cambises andaba de gira por Egipto, y aguantaron más de cuarenta años. Bueno, algo así, porque hace tiempo que lo leí y ya no recuerdo bien. Aunque en esencia fue algo como lo de los ayatolas, una teocracia, o sea, la forma más tiránica de poder que se puede concebir porque, si es Dios el que manda, ¿quién va a osar levantar la voz? En fin, sea coma sea, los iraníes parecen curados de espanto. Según las encuestas un 50% de ellos se declaran furibundos ateos y, según vi hace ya años en un reportaje de la cadena Arte, los pueblos fronterizos del Kurdistán se hacen millonarios pasando alcohol de contrabando a Irán. Así que, como vimos en aquella película tan genial, Persépolis, la cosa debe de estar muy madura por allí y no sería raro que un día de estos se coman a los ayatolás con patatas. 

En cualquier caso, según comentábamos esta mañana en nuestras conversaciones transcontinentales, Israel lo tiene chupado a causa de que el eterno conflicto entre indoeuropeos y semitas está incrustado en el mundo musulmán. Irán es indoeuropeo y por eso inventó el chiismo, para diferenciarse del islam semita, que, a su vez, inventó el sunismo. Chiismo y sunismo sería como el agua y el aceite, una mezcla imposible. A la postre tiran más los orígenes que la religión. Es como lo de los belgas, surgidos de la unión de valones y flamencos porque ambos eran católicos, pero, con el paso del tiempo, los flamencos se dieron cuenta de que su lengua, que viene a ser como la de los protestantes holandeses, tiene mucha más importancia que la religión a la hora de establecer alianzas y así es que anden con unas ganas de separarse de los valones que ya no pueden ocultar. 

En fin, vamos a ver en qué acaba la cosa. Indiscutiblemente estamos en une plaque tournante, que diría un francés, de la historia. Una plaque tournante es un artilugio como aquel que había en la estación de mi pueblo para dar la vuelta a la máquina del tren. Y esa es la cuestión, que plaque tournante mediante, la máquina que antes tiraba en una dirección, ahora tira en la dirección contraria.  

domingo, 15 de junio de 2025

Pulsiones suicidas.

El asunto de las disonancias en la música es algo que da para mucho pensar. Tengo entendido que fue Beethoven el primero que incluyó las séptimas menores en la armonía. Y por lo que cuentan fue un atrevimiento muy criticado porque, quieras que no, esa séptima es una disonancia. Y una disonancia es una rotura de la armonía, o sea, un sufrimiento. Hoy día estamos tan acostumbrados a ese sufrimiento que ya no podemos vivir sin él; por así decirlo, forma parte de nuestra cultura. De Beethoven para acá, la música ha evolucionado por el simple procedimiento de ir intercalando en la armonía tradicional cada vez más y más disonancias. Fue a comienzos del siglo XX cuando, ya, respecto de la armonía, no quedaba títere con cabeza. La música, entonces, era una sucesión de disonancias, es decir, un sufrimiento continuo. Y eso es lo bueno del asunto, que el ser humano no tarda en acostumbrarse al sufrimiento y, un paso más, y ya no puede prescindir de él: la música es como la vida, que sin sufrimiento no la sentimos. 

Esa es la amarga realidad, que para la especie humana vivir es sufrir. Es la contrapartida inevitable al tener conciencia de nosotros mismos como seres perecederos. La naturaleza nos dio ésta que parece ventaja comparativa y, para compensar, nos encadenó a la roca del sufrimiento. Así es que toda nuestra vida está marcada por esas cadenas. Siempre, todo se nos escapa. Nos es imposible retener por un instante todo atisbo de placer. Sobrevivimos a este tormento porque nos las hemos arreglado para echar encima de la conciencia miles de paladas de olvido, pero, ella, allá en las profundidades, sigue trabajando incansable. Y, de vez en cuando, sale a pasearse por la superficie y es tanto el dolor que nos produce que nos queremos morir. Entonces es cuando nos surge eso que llaman pulsiones suicidas. 

El mundo siempre ha estado lleno de pulsiones suicidas. Y es que, en el momento que dejas de echar paladas de olvido encima de la conciencia por medio del trabajo -que, en el peor de los casos, es un sufrimiento menor-, ya la tenemos ahí dándonos por el saco. Entonces empiezas a hacer idioteces para ver si con un poco de suerte acabas de una vez. Desde luego que flaco favor nos hicieron los que inventaron las máquinas. En realidad no hicieron otra cosa que echarnos más cadenas encima.  

No sé, porque uno ve lo que está pasando por ahí y piensa que a lo mejor de ésta se va todo a la mierda y se acaba el sufrimiento en el mundo. Aunque, también, toda esa destrucción que estamos viendo quizá no sea otra cosa que deshacer por la noche el tapiz para poder volver a comenzarlo a la mañana y así olvidarnos por un rato de las cadenas. 

sábado, 14 de junio de 2025

Fuerzas telúricas

El Oriente Medio, justo donde confluyen tres continentes, es el campo de batalla eterno. Por fas o por nefas, aquella gente siempre encuentra un  motivo para matar a sus vecinos. Luego viene el rollo de quién es el bueno y quién es el malo. La mitad o más de todos los libros de historia están dedicados a resolver ese enigma indescifrable. Quizá, como algunos apuntan, sea la imposible química entre el monoteísmo semita y el politeísmo indoeuropeo: suena interesante, desde luego. Y, para colmo, va el mundo y descubre que el petróleo, sobre el que flota todo el Oriente Medio, no solo sirve para juntar ladrillos y hacer solidas murallas y fastuosos palacios; también sirve para mover motores de explosión y, con ello, la economía global. Ahora, entonces, ya, deja de ser cuestión de semitas e indoeuropeos y pasa a ser el centro de la codicia de todos. Quién domina el Oriente Medio, domina el mundo. 

Detrás de todas las teorías geopolíticas, como se dice ahora, siempre hay mucha simplificación. La realidad es que todo es un misterio que solo podemos resolver echando mano de los dioses... precisamente para eso los creamos, para que nos resuelvan los misterios: si no hubiese misterios tampoco habría dioses. A partir de aquí, podemos inferir que el gran vicio de los humanos es creerse que son dioses. ¡Yo sé la realidad de las cosas!, van gritando por ahí millones de youtubers. Y todo es ilusión como demuestra el hecho de que no haya manera de parar la guerra en Oriente Medio.

Y los judíos siempre por el medio; ellos no tienen la culpa: nacieron allí y los dioses los escogieron para ser catalizadores de todos los procesos históricos. O sea, que a cualquier movida histórica le metes una pizca de tema judío y de inmediato se acelera. Moisés, Jesús, Marx, Einstein... ¿se pueden imaginar un mundo en el que no hubieran existido tipos así? Es inútil discutir si las cosas hubieran sido mejor o peor sin ellos, porque estuvieron ahí y las cosas fueron como fueron. Y son como son.

Lo único que podemos hacer ahora es sentarnos y esperar a ver en qué acaba la movida actual. Eso sí, mientras esperamos podemos dedicarnos a implorar a los dioses que la movida no se nos lleve por delante. ¿Qué otra cosa podríamos hacer para luchar contra fuerzas que son telúricas?

viernes, 13 de junio de 2025

Derrumbe


Reconozco que ando preocupado -tengo progenie- por los acontecimientos en curso. ¡Demasiados líos en demasiados sitios! Todo huele a derrumbe. Y aunque sé que es de las cenizas del derrumbe de donde surge el calor que incuba el huevo del que saldrá el nuevo amanecer, no por eso dejo de temer que el derrumbe pueda aplastar a los míos. Lo que me tranquiliza algo es que hace cuatro días vimos el derrumbe del monstruo soviético y casi ni nos enteramos; algo de hambre pasaron en Rusia, pero no mucho más de lo que venían pasando de unos cuantos años para atrás. Aquí, ahora, a duras penas sabemos lo que es el hambre y, eso, pienso, es un gran cortafuegos contra cualquier revolución. 

El caso es que uno abre las redes sociales por aquello de pasar el rato y lo primero con lo que se topa es con titulares que repiten con insistencia ¡organización criminal! Bueno, en principio, nada de lo que sorprenderse, porque de ese tipo de organizaciones siempre ha estado el mundo lleno por aquello de que los infradotados de alguna forma tienen que vengarse de la injusticia que la madre naturaleza hizo en ellos, pero lo de ahora no parece que vaya de eso, sino de algo mucho más grave: la organización criminal a la que aluden esos titulares es, precisamente, la organización, en principio benéfica, que nos habría de proteger de los criminales.  Digamos que es el lobo protegiendo a las ovejas. Claro, hay que comprender que el lobo también es un infradotado. 

Así es que estamos buenos. Y por otro lado, los alemanes, que siempre habíamos creído que era el buen árbol al que nos habíamos arrimado, ahora resulta que es un árbol que está podrido de raíz; al borde de la quiebra, dicen los titulares. Y eso por no hablar de Francia, que no es que esté al borde, sino que ya rueda ladera abajo con todos los frenos rotos. Y el Reino Unido, donde vive toda mi familia, tres cuartos de lo mismo... aunque, por otra parte, veo el ciclo de conferencias sobre el particular que están teniendo lugar en la universidad de Oxford y pienso que, el que tuvo, retuvo: apuesto a que los ingleses son los primeros en reaccionar.

Resumiendo, que no porque no haya nada más inútil que ponerse a predecir el futuro vamos a dejar gastar media vida tratando de anticiparnos a los acontecimientos por aquello de que la flecha hiere menos si la ves venir. ¡Una ilusión como otra cualquiera!

jueves, 12 de junio de 2025

El garrote disuasorio

Ayer me enteré de que los ayatolás iraníes han alzado el entredicho que tenían puesto sobre la cabeza de las mujeres; en adelante podrán ir por la calle luciendo sus hermosas cabelleras azabaches. De hecho, a juzgar por los videos de las calles iraníes que he visto por YouTube las mujeres ya hace tiempo que andaban pasándose la prohibición por salva sea la parte. Así todo, el hecho de que unas autoridades totalitarias reconozcan una realidad que les contradice no deja de tener un significado esperanzador. Toda cesión que hace un tirano es como una grieta que se abre en su puño de hierro por donde empiezan a colarse todo tipo de libertades. Y es que cuando la gente tiene sensación de victoria se le suben mucho los ánimos y no hay ya quien la pare. 

Otra cosa sobre Irán que vi hace unos días es que hay allí una asociación proisraelí que está muy activa en todas las redes sociales. O sea que eso de que Irán es el enemigo por antonomasia de Israel es otra de las tantas leyendas urbanas que circulan por ahí. Conviene tener claro que una cosa son los países y otra las mafias que se han hecho con el poder en esos países. Esta es una realidad que desde que existen las redes sociales se está haciendo manifiesta a cada vez más gente. Aquí mismo, en esta España nuestra, choca ver el desparpajo con el que se está tildando de mafia por parte de comentaristas políticos de toda laña al partido en el poder y, por extensión, a todos los demás partidos. De hecho, lo único que falta ya para que parezca una película de Hollywood sobre el tema son las eliminaciones físicas de los adversarios. Supongo que ya estamos a menos de un paso para ello. 

Leyendo a Rothbard te das cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, en donde reside el intríngulis de que esto que llaman democracia no sea en realidad otra cosa que el imperio de las mafias. La mafia del Estado se sustenta solo y exclusivamente -perdonen el pleonasmo- gracias a que se las han apañado para convencer a la gente de que solo puede haber paz civil si el Estado ostenta el monopolio de la violencia. No creo que pueda haber mayor trampa. Porque creerse esa milonga es de una inocencia rayana en la idiocia; exige suponer que el aparato del Estado  está constituido por seres angelicales. Pues no, señoras y señores, por muy angelical que sea una persona, a la que se hace consciente de su poderío no tarda ni dos días en convertirse en demonio. 

Así que no nos engañemos al respecto: no hay nada que más contribuya a convertir a una persona en chusma que el hecho de confiar la defensa de su libertad individual a otras personas que, en la práctica, son demonios. Y es que desde que el primer homínido descubrió el efecto disuasorio del garrote no le apartó de su lado hasta que hace poco más de un siglo empezó a señorearnos esta mierda del marxismo cultural disfrazado de democracia o de cualquier otra forma de dar por el saco. Convénzanse, el garrote es la clave de la dignidad personal. Sin él al lado, no eres nadie... un corderito.

miércoles, 11 de junio de 2025

Calor africano


Al levantarme hoy, lo primero que he hecho, como cada día, ha sido abrir la ventana. Una oleada de viento africano me ha azotado el rostro. Inmediatamente la he cerrado y me he dirigido a la cocina a dar comienzo a los rituales cotidianos. Tengo la vida tan ritualizada que ya casi no necesito ni pensar. Así es que se me van los días en un suspiro. En realidad, ya todo me importa un comino. Lo que tenga que ser será por designio de los dioses, los hados o quiénes quieran que sean los encargados de designar las cosas que han de suceder en este mundo que, como dijo el poeta, es traidor y nada es verdad ni mentira, sino todo del color del cristal con que se mira. 

 Ver según el color del cristal con que se mira, supongo que quiere decir, razonar con el culo o, si mejor quieren, dejarse llevar por las emociones. Comentábamos estos días en nuestras conversaciones transcontinentales el asunto de las emociones versus razón. El empeño del ser humano a todo lo largo de la historia por perfeccionar los mecanismos de un recto razonar. La definición de los conceptos con los que se razona -el punto de Euclides-. La invención de los axiomas en los que apoyarse - el pienso, luego existo, cartesiano-. La teoría de la prueba. La lógica, en definitiva. Pues bien, ni siquiera en las matemáticas funcionan al cien por cien tales reglas de oro. A la que te descuidas ya estás tratando de resolver ecuaciones irracionales por el simple procedimiento de dejarte llevar de las emociones. Al respecto, solo hay que pararse a ver la batalla sin cuartel que vine manteniendo Juan, el de Matemáticas con Juan, con un grupo de profesores hispanoamericanos que se dejan llevar de sus emociones y no hay forma de sacarles del error. Todo ello muy simbólico. 

Y, dentro de este orden de cosas estaba el video que he visto esta mañana en el que Sowell analizaba los acontecimientos en curso, en este caso, en California. En definitiva, una batalla más de la guerra cultural que no cesa, ni cesará mientras haya humanos, y que no es otra que la que que se traen entre sí la razón y las emociones. ¿Ustedes creen que esto puede tener alguna solución? Pues si es que sí, vayan apeándose del burro. El genial actor José Sazatornil, decía a un tipo en una de sus actuaciones: ¿usted es tonto porque es comunista o es comunista porque es tonto? El comunismo, que es el colmo de la emocionalidad, está, sí o sí, como se dice ahora, ligado al fracaso vital. Nadie que se sepa desenvolver bien en la vida cae en esas ideologías. Y no hay más tu tía; cuanto más fracaso más emocionalidad. Claro que sería maravilloso que los fracasados supiesen utilizar las leyes de la lógica, pero la naturaleza, que seguramente es sabia, no se lo permite porque sabe que si lo hiciese lo más probable es que se suicidasen. A la postre, no se engañen, la emocionalidad no es otra cosa que una barrera contra el suicidio. 

En fin, qué día tengo, debe de ser por el calor africano que les decía. 

martes, 10 de junio de 2025

¡Ustedes mismos!

 La parte de la Biblia conocida como los Macabeos relata, fundamentalmente, la resistencia de los judíos, o una parte de los judíos, a la helenización. Son los tiempos, ya próximos a nuestra era, en los que el Oriente Medio está dividido en los reinos que se formaron al morir Alejandro. Palestina pertenece a los seléucidas. Y los seléucidas, como todas las dinastías reinantes, buscan armonía cultural entre sus súbditos. Y los judíos, con su obstinado monoteísmo, obviamente, dan mucho cante en un entorno politeísta. 

Y ¿por qué esa obstinación? Pues, supongo que se podrán dar muy variados argumentos, a gusto del consumidor; yo tengo el mío: porque los judíos constatan palmariamente que con su religión, costumbres, "cultura", o como lo quieran llamar, les va mucho mejor en la vida que a todos sus vecinos. Y así hasta hoy día. ¡Oye, si te va bien, por qué vas a cambiar! ¡Buena gana! 

Eso de que te vaya mejor que a tus vecinos no es algo inocente. Y no por nada, sino porque existe una cosa que se llama envidia. ¿Quién está libre de envidiar al que te supera, sobre todo si es vecino? Claro, me dirán que también hay una envidia sana que sería el motor de la emulación. Sí, qué duda cabe. En eso estamos todos. O debiéramos estar, porque no siempre es sencillo. Y es que hay emulaciones que exigen del emulador grandes sacrificios, lo cual, en la mayoría de los casos es sumamente frustrante porque para los grandes sacrificios de lejos te tiene que venir el garbanzo al pico: si no has sido sometido desde niño a una estricta disciplina, apaga y vámonos. 

Y ahí tenemos otra pieza del argumento: cuando la envidia no puede ser motor de emulación por cuestiones estructurales, tiende a virar al odio: si yo no lo puedo alcanzar voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que mi vecino no lo alcance. No quiero tener delante de mi vista algo que denuncia mi incompetencia o inferioridad. Eso es insoportable.

Pues sí, señoras y señores, a los judíos no es que les vaya bien porque son el pueblo elegido de Dios. Les va mejor que a la mayoría porque se sacrifican más que la mayoría. Al respecto, no hay otra ciencia en este mundo: tanto te sacrificas, tanto alcanzas. En fin, que qué mal tienen los judíos lo de ser queridos por el respetable. Los palestinos, sin embargo, lo tienen chupado. ¡Ustedes mismos! 

lunes, 9 de junio de 2025

Lady Macbeth

Por circunstancias que no vienen al caso, ayer me vi precisado a quedarme en casa todo el día. Por la tarde estaba tan aburrido ya de intentar todo tipo de distracciones que opté por la televisión. En la 13 emitían una película de aquellas legendarias de Hollywood. Todo muy bíblico. La ambición desmedida que lleva irremisiblemente al desastre. Por el medio, como no podría haber sido menos hablando de ambición, una Lady Macbeth representada magistralmente por Barbara Stanwyck. 

La ambición es una disposición del ánimo que lleva a enfrentar retos o emprender tareas con las que esperas escapar a la sensación de fracaso que todo vivir lleva implícito. Todo el mundo, supongo, es más o menos ambicioso so pena, de lo contrario, de convertirse en una planta. Por lo general, pienso, las ambiciones de la gente suelen ser sensatas, o sea, que mantienen una relación equilibrada con las posibilidades. Hay personas que construyen grandes imperios con aparente facilidad; son inteligentes y encontraron la horma de su zapato. Nada de particular; hay millones de ejemplos a lo largo de la historia de las naciones.  

Hasta aquí todo muy bien. El problema empieza cuando la naturaleza se equivoca y produce cerebros desequilibrados: una gran ambición para una pequeña inteligencia. Por así decirlo, una máquina para la expansión del mal por el mundo. Lady Macbeth sería el paradigma de esa máquina infernal. Lo que no se puede conseguir con inteligencia se persigue por medio de la violencia. También de esto hay millones de ejemplos a todo lo largo de la historia. 

En fin, unos por otros, como el tapiz de Penélope. Por el día, los unos construyen el mundo y por la noche otros lo destruyen. ¿Qué sería de los constructores si no hubiera destructores? La naturaleza es sabia y no da puntada sin hilo. 

domingo, 8 de junio de 2025

Discapacitados

Fernando Díaz Villanueva es un youtuber de lo que podríamos denominar la cuerda liberal. Muy ligado al Instituto Juan de Mariana y cosas así. Antaño vi algunos vídeos suyos de cariz histórico que me gustaron. Después me olvidé de su existencia. ¡Hay tanto dónde escoger! Pero el otro día mi mirada cayó sobre un video suyo que se planteaba un interrogante: ¿por qué están los bares llenos? Lo miré un poco y pude comprobar que solo se limitaba a constatar el hecho y pedir a los posibles lectores que hiciesen el favor de dejar en la sección de comentarios su particular visión de la jugada. Me hubiera gustado participar, pero mi opinión al respecto es tan alambicada que no me atreví a dejar constancia de ella. El caso es que hoy veo otro video suyo con otro interrogante: ¿por qué los españoles se "meten" más rayas que nadie? También en este video se limita a constatar el hecho, acreditado por las estadísticas de los organismos internacionales, y a pedir opiniones a la posible clientela. 

El caso es que, saliéndome de mi estricta disciplina de música y matemáticas he mirado esos dos videos porque esos dos interrogantes me los he planteado muchas veces. ¿Por qué tanto lo uno como lo otro? En lo de los bares, creo recordar haber escuchado a algún político de campanillas que forma parte de nuestra "cultura". ¡Con la cultura hemos topado! Todo es cultura para la chusma a la que ni por asomo se le pasa por la cabeza que también existe una cosa que se llama incultura o barbarismo. Que no es que yo quiera decir que los de los bares sea incultura o barbarismo, pero sí que me choca tanta efervescencia. Trescientos mil bares dicen que hay en España y, a lo que se ve, todos pitan; al mediodía y al atardecer raro es el que no está de bote en bote. Socializando, empatizando y todos esos simpáticos inventos de los sociosicólogos que personalmente prefiero englobar dentro de la categoría draculiana o vampírica. O ya puestos, báquica; culto a Dionisos, para que nos entendamos. Quizá fuera necesario leer La Bacantes de Eurípides para hacerse una idea de lo que todo esto pudiera significar. 

Lo de la cocaína, más de lo mismo elevado a la cuarta potencia. Una vez la probé y no se me ocurrió repetir. Da una sensación de poderío que por fuerza te tiene que destruir. Y es que el poder es una cosa muy seria que necesita de sólidos fundamentos para poder ser digerido. El que lo adquiere en dos patadas tiende a creerse Dios que es exactamente lo mismo que le pasó a Lucifer. Por eso es que algunos llaman a la cocaína droga luciferina... y, si no, se lo llamo yo. 

Todos estos fenómenos sociales, en el fondo, pienso, no son más que una rotura del equilibrio que debiera reinar en el culto que se da a los dioses Dionisos y Apolo. Sacrificar a uno o a otro no es lo mismo en lo que a esfuerzo se refiere. Y esa es la cuestión que me parece percibir por doquier, que el esfuerzo está muy desprestigiado... consecuencia natural, supongo, del haber inventado tanto cachivache facilitador. Al final, ya se sabe, las ortopedias acaban fabricando discapacitados.  

sábado, 7 de junio de 2025

Del manoseo a la celebración

Los niños lo manosean, los jóvenes lo leen, los adultos lo entienden y los ancianos lo celebran. Así describe Cervantes, por boca de uno de los personajes, la primera parte del Quijote que ya ha sido editada y corre por el mundo con profusión. No voy a entrar ahora en el artificio literario de esa novela que vendría a suponer la inauguración de una nueva etapa de la literatura universal que todavía no ha sido superada y que, al paso que vamos, es probable que nunca se supere. Lo que quería subrayarles es esa escala que va desde el manoseo infantil a la celebración senil y que sirve para El Quijote, pero que, si se lo piensan, caerán en la cuenta de que sirve para todo lo salido de la mente humana que, por así decirlo, es armónico, es decir, que te hace vibrar por simpatía. 

Quizá yo lo vea así porque esté buscando consuelo a mi senilidad, porque uno nunca sabe por qué está vibrando por simpatía. De hecho, en estas vibraciones es en una de las cosas que más me he equivocado en esta vida: celebré en demasiadas ocasiones para después tener que arrepentirme. Sin embargo, tengo la sensación, que en absoluto es convicción, de que a medida que pasan los años mis celebraciones, aparte de más espaciadas y comedidas, son más atinadas. 

Y es que, en la naturaleza, todo se compensa. O, como dice el refrán, Dios, donde quita, pone. Recuerdo, al respecto, una reflexión que hacía, Sisa, el cantante galáctico; la juventud, ¡ah, sí, la juventud!, decía, la juventud tiene eso: juventud. Y ahí se acababa todo. Y es que, efectivamente, yo recuerdo la juventud como la etapa más siniestra de mi vida. Siempre ansioso. Siempre frustrado. Y casi siempre embriagado para poder sobrellevarlo. Hoy es el día que me despierto mil veces de mis ensueños con la sensación amarga de un recuerdo de aquellos años maravillosos que quisiera borrar, pero no puedo, de mi memoria. 

Luego viene la edad adulta, cuando empiezas a entender y, con ello, a distanciarte. Eso te trae cierto sosiego, pero también el dolor del desarraigo. La vida se te llena de cadáveres que vas dejando por las cunetas. Vas entendiendo cual es el real valor de la soledad. Con un poco de suerte puedes comenzar a centrarte en lo que realmente te interesa a ti por ti mismo. Digamos que para madurar hay que aprender a ser egoísta sin que se te note mucho, porque sigues necesitando del mundo, aunque de otra manera muy diferente a como lo habías necesitado antaño. En cierto modo, la madurez tiene que ser cínica. 

La senilidad, si has conseguido superar las fases anteriores con al menos un aprobado, es la vuelta al manoseo de la infancia. Solo que es un manoseo consciente. Casi todo te hace gracia, como al filósofo Sowell que, a sus noventa y cuatro años, se parte de risa antes de contestar las preguntas que le hacen los entrevistadores y, no por nada, sino porque le parece que esas preguntas están cargadas de tanta inocencia que solo te las puedes tomar a chiste. La inocencia de los niños, porque esa es la cuestión, que por lo que sea, lo de quemar las etapas de la vida no es algo que se dé porque sí; muchos, quizá la mayoría, por lo que sea, se estancan en los inicios y así llegan a la vejez creyendo en los Reyes Magos.

En fin, allá cada cual con su cruz y su arte para aligerar su peso. Porque de eso es de lo que se trata, de aligerar su peso, porque lo de sacársela de encima es un imposible metafísico que solo intentan resolver los que persisten en la inocencia que se esconde bajo las faldas de mamá.   

viernes, 6 de junio de 2025

El Señor Emilio

En nuestras conversaciones transcontinentales, mañaneras para mí, andábamos estos días con cuestiones digamos que de cariz antropológico-teológico-metafísicas y demás yerbas. El caso es que, sea por lo que sea, los humanos hundimos nuestras raíces hasta mucho más allá de lo que una somera inspección nos hace suponer. Me recuerda mucho este asunto a cuando fui a Moarbes de Ojeda a visitar al Señor Emilio, un hombre centenario que, como yo, pedaleaba por aquellos andurriales y con el que había congeniado un día que coincidimos resguardándonos de la lluvia bajo una tejavana. El día que fui, estaba allí, delante de su casa, con una azada en la mano y maldiciendo a las mielgas. Mira, mira, me dijo, estas condenadas, por más que cavas nunca acabas con ellas, siempre queda algo de raíz y al cabo de un tiempo vuelven a salir. 

Pues ese es el punto y la madre de todo este negocio, que no hay forma de extirpar hasta el fondo las raíces y a la menor que te descuidas vuelven a salir. Así es que, comentábamos, todo este conflicto que nunca se acaba de acabar, valga la rebuznancia, entre las orillas norte y sur del Mediterráneo hundiría sus raíces en el hecho de que al norte viven indoeuropeos y al sur semitas. Un asunto que, si bien, en principio, parece baladí, deja de serlo en el mismo momento en el que nos topamos con la religión; y es que, por caprichos de la naturaleza, a los indoeuropeos les dio por ser politeístas y, a los semitas, por ser monoteístas. Una cosa tan tonta y que, sin embargo, parece ser que tiene una trascendencia fundamental a la hora de organizar la vida. 

La cosa podría haber funcionado si la secta judía monoteísta llamada cristianismo hubiese cuajado, tal cual en principio era, en el corazón del imperio, Roma, de raíz netamente indoeuropea. Si bien Pedro lo intentó, el negocio no funcionó hasta que Pablo, el intelectual del invento, dio con la fórmula mágica para conjugar el monoteísmo semita con el politeísmo indoeuropeo. Fue entonces cuando se sacó de la manga el as de la Santísima Trinidad. Dios era, dijo, uno y trino. Así, pensó, todo el mundo tragaría. Pero no fue así, los indoeuropeos se quedaron con el trino, la Virgen María y toda la patulea de santos -lo único que tuvieron que hacer fue cambiar de nombre a los mismos dioses de siempre-; los semitas judíos, por su parte, se mantuvieron en sus trece y no quisieron saber nada del asunto, pero muchos otros semitas coquetearon con la idea trinitaria y por lo que luego se vio, cuando llegó Mahoma y cortó por lo sano, la cosa no les debía de ir en absoluto. Mahoma les mentó sus raíces monoteístas y se los llevó de calle. Decía mi contertulio que, si no hubiese existido lo de la Santísima Trinidad, Mahoma no hubiera tenido razón de ser.  

Es muy curioso todo esto; quizá, pienso ahora, tenga que ver con la geografía. Y es que cualquiera puede comprender que la imaginación no puede vagar de la misma manera por los desiertos semitas que por los bosques indoeuropeos. En el desierto de una mirada abarcas el infinito. En el bosque, todo es misterio. En fin, dejémoslo por hoy porque me parece que ya estuvo bien.      

jueves, 5 de junio de 2025

La libertad, Sancho, ...

La libertad, no se equivoquen al respecto, es individual. Cuando alguien te viene con la milonga de la libertad colectiva acuérdate de aquello de Cuba Libre, de cuando aquellos maravillosos años en los que estábamos muy felices porque Cuba se había sacudido el yugo gringo. ¡Más tontos y no nacemos!

La libertad es algo sobre lo que conviene reflexionar constantemente porque, a la que te descuidas lo más mínimo, ya se te está escapando como la arena entre los dedos, o, simplemente, perdiendo calidad, lo cual, aunque nadie parezca percibirlo, o importarle, no es cuestión baladí ni mucho menos: la perdida de libertad siempre se traduce en un sordo malestar espiritual que todo lo impregna.

Hay millones de maneras de perder libertad, pero, quizá, la más sibilina de todas es sucumbir a las falsas necesidades. Y aquí es donde tenemos una grandísima dificultad que solo superan los mejores: distinguir las falsas de las verdaderas necesidades. Ayer les comentaba cómo me colaron la necesidad de sacar el carné de conducir y como esa aparente banalidad, a la postre, se había traducido en un menoscabo de mi libertad para decidir sobre aquello que realmente me concernía. Porque el problema es que toda falsa necesidad trae aparejada una cadena de falsas necesidades que nunca se acaba porque las incomodidades de una te las quieres sacar con otra que es todavía más falsa. Es como un nudo gordiano que solo se puede desatar con un golpe de espada, es decir, cortando por lo sano y rompiendo con todo a fuer se ser tomado por loco. 

El caso es que la vida nos está poniendo de continuo ante el espejo de la libertad, cosa de la que es indiferente el que seas o no consciente de ello porque, quieras o no quieras, te ves reflejado y las consecuencias de ello son inevitables en forma, ya sea de mala hostia, ya de bienestar espiritual, en función de cómo te hayas visto. No por otra razón es el que haya tanta mala hostia por el mundo porque, a causa de la multitud de necesidades innecesarias a la que ha sucumbido la inmensa mayoría de los mortales -hombres de un día, como se decía antaño-, la sensación de esclavitud es la que domina las conciencias. Y, ahí, no cabe disimulo por mucho que se intente. 

Acuérdense, al respecto, el espejo que nos pusieron delante ya va para cuatro o cinco años. Lo leía esta mañana: para poder hacer turismo, ir al cine o al bar, necesidades todas ellas falsas, necesitabas un pasaporte digital que te era suministrado tras pasar por sucesivas humillaciones que, como después se ha comprobado, eran una lotería de efectos secundarios de consecuencias letales para muchos. Me pregunto, si es posible sustraerse al reflejo de nosotros mismos que nos dio aquel acontecimiento tan chusco. Parecería que nadie se sintió aludido, pero todo el mundo coincide en considerar que de aquella para acá parece como si a la gente le hubiesen puesto una guindilla en el culo: nadie puede parar un solo minuto a solas en su casa so pena de tirarse por la ventana... bueno, también está el recurso a las benzodiacepinas, cuyo consumo, según dicen las estadísticas, se ha disparado exponencialmente.

En fin, me remitiré una vez más a los clásicos: "la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres."

miércoles, 4 de junio de 2025

Tal para cual

Estoy en la actualidad con dos libros que son tal para cual: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y Por Una Nueva Libertad -Manifiesto Libertario- de Murray Rothbard. Todo lo que dice Rothbard con literalidad lo expresa Cervantes por medio de parábolas. Así es que la locura de Don Quijote no es tal; es simplemente un camuflaje para decir lo que le da la gana sin comprometer la vida por ello.  

Andábamos esta mañana con lo de la narratología, esa ciencia que estudia -de forma científica, como no podría ser menos- la estructura de la narración, o sea, la manera de contar las historias, porque, como supongo ya habrán caído en la cuenta, una misma historia, contada de una manera u de otra, te puede emocionar o se te puede caer de las manos. Por eso, la historia en sí, no es lo más importante; lo es la forma de contarla. Es decir, que eres artista o no lo eres. Si no lo eres, dedícate a otra cosa, porque todo lo que digas, por muy verdadero que sea, caerá en saco roto. 

Personalmente, estoy casi seguro de que Cervantes no tenía ni idea de que existiese una ciencia científica, valga la redundancia, llamada narratología. A él le salía de dentro contar las historias como las contaba y eso era todo lo que necesitaba. Luego, eso sí, tenía una experiencia de vida considerable que le ayudaba a intuir qué era lo que la gente estaba deseando leer para poder identificarse con ello y así levantar un poco el ánimo alicaído... que es como suelen tener el ánimo los que buscan consuelo en la lectura. 

En fin, sea como sea, el caso es que Cervantes, Quijote mediante, y Rothbard, por lo directo, se despachan a gusto y dejan meridianamente claro que a la libertad no se la puede poner adjetivos; es, simplemente, la condición indispensable para que alguien pueda sentirse persona. Y eso, por supuesto, está en alguna medida influido por el ambiente circundante, pero, a la postre, muy poco; la parte del león depende de cada uno, de su voluntad de poder, de su valentía, para que mejor nos entendamos. 

Don Quijote es sobre todo una persona valiente que busca trascender su persona arriesgando. Si bien, antes de arriesgar -lo que para los cobardes es locura- se ha preparado a conciencia para garantizar el éxito de su empresa. Ha cultivado su entendimiento y por eso es capaz de ver gigantes en donde otros ven molinos. Y, sí, se lleva muchos batacazos, pero, para cuando va ya por la mitad de su relato ha conseguido plenamente su objetivo: se ha trascendido y lo que sigue es un paseo triunfal; va por el mundo diciendo lo que quiere y siendo escuchado con atención. Y pasan los siglos y sus discursos siguen estando entre los más apreciados por las mentes más esclarecidas. 

Ahora ya solo nos falta que las locuras -clarividencias- de Rothbard salgan a los caminos a recibir garrotazos que es de la única forma que la letra acaba por entrar. En fin, qué más quieren que les diga; quizá que no será por falta de advertencias que andemos como andamos cual putas por rastrojo.    

martes, 3 de junio de 2025

Los tiempos están cambiando

 


Los tiempos están cambiando

Los tiempos están cambiando y lo que habría que preguntarse es cómo demonios habíamos llegado a semejantes grados de imbecilidad. ¡Hala, un mundo mariquita, qué bien! A todo el mundo parecía encantarle so pena, si no de cárcel, sí de muerte civil. De todas las mafias que montaron los infradotados, la rosa ha sido, sin duda, la más grotesca de todas. En fin, en definitiva, buenas noticias. ¿No les parece?

La manipulación de las conciencias quizá haya sido siempre la piedra angular de todos los sistemas políticos; la novedad, si es que lo es, de ahora, consiste en que se ha puesto el foco sobre esa piedra y, por ello, se ha convertido en uno de los temas candentes del debate público. Te vas a las redes sociales y hay multitud de vídeos, podcast, audios, o como les quieran llamar, que tratan el tema. Es como si algo de lo que no éramos muy conscientes, de repente, ha aflorado masivamente y, como consecuencia, andamos bastante conmocionados. Uno ha caído en la cuenta de, hasta qué punto, la inmensa mayoría de las cosas que hizo en esta vida fueron inducidas desde afuera por fuerzas demoniacas. De haber sido guiado por mi propio interés, las cosas hubieran sido muy diferentes.  

¿Qué cosas? Les pondré un ejemplo de apariencia bien tonta para tratar de explicarme: el carné de conducir. Llevo un tiempo dándole vueltas a mi obsesión adolescente por tener ese carné. Hasta que no lo tuve, no sosegué. ¿Lo necesitaba para algo? Evidentemente, no. Ni lo necesitaba entonces, ni lo necesité en toda la vida para algo que no fuese perder el tiempo en la imposible pretensión de huir de mí mismo. Pienso ahora en ello y me arranco los pocos pelos que me quedan. ¡Pero qué tonto fui, por Dios! Algo tan estúpido como ir a tomar el vermut a un  bar que estaba tres pueblos más allá. Ya el hecho de ir a tomar el vermut es para hacérselo mirar, pero, encima, ¡tres pueblos más allá! ¿De dónde me salieron esas estúpidas necesidades? Pues mi sencillo, porque alguien estaba manipulando mi inmadura conciencia. El caso era impedirme que yo descubriese mi realce rey y me pusiese a cultivarle con pasión; porque, entonces, me hubiera convertido en un individuo consciente de mi libre albedrío y, por tanto, un enemigo del sistema. Toda la acción política estaba, y está, encaminada a impedir eso. Tú, a aquello para lo que estás predeterminado, me estaban diciendo/ordenando. Es la esencia del marxismo cultural en el que me crie, una secta perversa, como me comentaban hoy, del calvinismo. 

Son las piezas del puzle que acaban por encajar. Tú te sacas el carné y te pasas la vida yendo de aquí para allá a hacer nada que concierna a tus propios intereses. Así, no puedes centrarte en nada que te ayude a crecer como persona y, por otro lado, dilapidas tu dinero, lo cual, a la postre, es lo que te impide tomar decisiones cuando te sientes atrapado. Cuando te quieres dar cuenta, eres ya un puto esclavo que a lo más que puede aspirar es a tomar el vermut a diario.

Y no se crean que soy un integrista que está contra el coche o el vermut o contra nada de nada que no sean las necesidades creadas artificialmente para manipular al personal. Yo no necesité el coche nunca para nada. Pero caí en la trampa y ahora soy consciente de que ha sido una de las estupideces importantes que han contribuido al desastre que, en general, ha sido mi vida. Por así decirlo, a estas alturas, ya solo me queda el consuelo de los tontos: la inmensa mayoría a mí alrededor está en las mismas, si no más.  

lunes, 2 de junio de 2025

Todo es biología

Toda esta cuestión de la política no tiene el menor interés desde que alguien explicó meridianamente en qué consiste. Se lo recordaré por si se les ha olvidado: los infradotados se organizan en mafias para defenderse de los dotados; por así decirlo, es algo biológico, instinto de supervivencia. No tienen más que mirar a su alrededor para comprobar que es verdad lo que les digo. ¿Cuándo han visto a alguien al que le vaya bien en sus asuntos apasionarse por la política? En todo caso, si es que a eso se le puede llamar política, abogará porque le dejen en paz o, como dice Clint Estwood, que no le toquen los cojones. 

Por eso es que el gran problema de la humanidad siempre ha sido: ¿qué hacer con los infradotados? Les puedes poner a apretar tornillos en una cadena de montaje, o a servir tapas en la barra de un bar, o cosas por el estilo, pero cuando no hay puestos de trabajo para todos y sigue aumentando su número, se convierten en moscas cojoneras a las que hay que tratar como tal: se les fumiga y santas pascuas; antes se hacía con napalm, ahora con benzodiacepinas, que matan igual, pero el muerto da la sensación de ser viviente.  

Así que no se hagan ilusiones al respecto. Contéstate tú mismo: ¿de qué lado estás? ¿Tomas o no tomas benzodiacepinas? Y no me vengas con que si no las tomas no puedes dormir. ¡Pues no duermas, desgraciado! ¿No te has enterado todavía de que el insomnio es fuente de vida? 

Y no hay más que rascar. ¿Te interesa la política? ¿Sí?, pues entonces estás declarando tu impotencia para sobrevivir por tus propios medios. O sea, igual que los parásitos. Todo es biología.