Reconozco que ando preocupado -tengo progenie- por los acontecimientos en curso. ¡Demasiados líos en demasiados sitios! Todo huele a derrumbe. Y aunque sé que es de las cenizas del derrumbe de donde surge el calor que incuba el huevo del que saldrá el nuevo amanecer, no por eso dejo de temer que el derrumbe pueda aplastar a los míos. Lo que me tranquiliza algo es que hace cuatro días vimos el derrumbe del monstruo soviético y casi ni nos enteramos; algo de hambre pasaron en Rusia, pero no mucho más de lo que venían pasando de unos cuantos años para atrás. Aquí, ahora, a duras penas sabemos lo que es el hambre y, eso, pienso, es un gran cortafuegos contra cualquier revolución.
El caso es que uno abre las redes sociales por aquello de pasar el rato y lo primero con lo que se topa es con titulares que repiten con insistencia ¡organización criminal! Bueno, en principio, nada de lo que sorprenderse, porque de ese tipo de organizaciones siempre ha estado el mundo lleno por aquello de que los infradotados de alguna forma tienen que vengarse de la injusticia que la madre naturaleza hizo en ellos, pero lo de ahora no parece que vaya de eso, sino de algo mucho más grave: la organización criminal a la que aluden esos titulares es, precisamente, la organización, en principio benéfica, que nos habría de proteger de los criminales. Digamos que es el lobo protegiendo a las ovejas. Claro, hay que comprender que el lobo también es un infradotado.
Así es que estamos buenos. Y por otro lado, los alemanes, que siempre habíamos creído que era el buen árbol al que nos habíamos arrimado, ahora resulta que es un árbol que está podrido de raíz; al borde de la quiebra, dicen los titulares. Y eso por no hablar de Francia, que no es que esté al borde, sino que ya rueda ladera abajo con todos los frenos rotos. Y el Reino Unido, donde vive toda mi familia, tres cuartos de lo mismo... aunque, por otra parte, veo el ciclo de conferencias sobre el particular que están teniendo lugar en la universidad de Oxford y pienso que, el que tuvo, retuvo: apuesto a que los ingleses son los primeros en reaccionar.
Resumiendo, que no porque no haya nada más inútil que ponerse a predecir el futuro vamos a dejar gastar media vida tratando de anticiparnos a los acontecimientos por aquello de que la flecha hiere menos si la ves venir. ¡Una ilusión como otra cualquiera!

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