miércoles, 11 de junio de 2025

Calor africano


Al levantarme hoy, lo primero que he hecho, como cada día, ha sido abrir la ventana. Una oleada de viento africano me ha azotado el rostro. Inmediatamente la he cerrado y me he dirigido a la cocina a dar comienzo a los rituales cotidianos. Tengo la vida tan ritualizada que ya casi no necesito ni pensar. Así es que se me van los días en un suspiro. En realidad, ya todo me importa un comino. Lo que tenga que ser será por designio de los dioses, los hados o quiénes quieran que sean los encargados de designar las cosas que han de suceder en este mundo que, como dijo el poeta, es traidor y nada es verdad ni mentira, sino todo del color del cristal con que se mira. 

 Ver según el color del cristal con que se mira, supongo que quiere decir, razonar con el culo o, si mejor quieren, dejarse llevar por las emociones. Comentábamos estos días en nuestras conversaciones transcontinentales el asunto de las emociones versus razón. El empeño del ser humano a todo lo largo de la historia por perfeccionar los mecanismos de un recto razonar. La definición de los conceptos con los que se razona -el punto de Euclides-. La invención de los axiomas en los que apoyarse - el pienso, luego existo, cartesiano-. La teoría de la prueba. La lógica, en definitiva. Pues bien, ni siquiera en las matemáticas funcionan al cien por cien tales reglas de oro. A la que te descuidas ya estás tratando de resolver ecuaciones irracionales por el simple procedimiento de dejarte llevar de las emociones. Al respecto, solo hay que pararse a ver la batalla sin cuartel que vine manteniendo Juan, el de Matemáticas con Juan, con un grupo de profesores hispanoamericanos que se dejan llevar de sus emociones y no hay forma de sacarles del error. Todo ello muy simbólico. 

Y, dentro de este orden de cosas estaba el video que he visto esta mañana en el que Sowell analizaba los acontecimientos en curso, en este caso, en California. En definitiva, una batalla más de la guerra cultural que no cesa, ni cesará mientras haya humanos, y que no es otra que la que que se traen entre sí la razón y las emociones. ¿Ustedes creen que esto puede tener alguna solución? Pues si es que sí, vayan apeándose del burro. El genial actor José Sazatornil, decía a un tipo en una de sus actuaciones: ¿usted es tonto porque es comunista o es comunista porque es tonto? El comunismo, que es el colmo de la emocionalidad, está, sí o sí, como se dice ahora, ligado al fracaso vital. Nadie que se sepa desenvolver bien en la vida cae en esas ideologías. Y no hay más tu tía; cuanto más fracaso más emocionalidad. Claro que sería maravilloso que los fracasados supiesen utilizar las leyes de la lógica, pero la naturaleza, que seguramente es sabia, no se lo permite porque sabe que si lo hiciese lo más probable es que se suicidasen. A la postre, no se engañen, la emocionalidad no es otra cosa que una barrera contra el suicidio. 

En fin, qué día tengo, debe de ser por el calor africano que les decía. 

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