Ayer me enteré de que los ayatolás iraníes han alzado el entredicho que tenían puesto sobre la cabeza de las mujeres; en adelante podrán ir por la calle luciendo sus hermosas cabelleras azabaches. De hecho, a juzgar por los videos de las calles iraníes que he visto por YouTube las mujeres ya hace tiempo que andaban pasándose la prohibición por salva sea la parte. Así todo, el hecho de que unas autoridades totalitarias reconozcan una realidad que les contradice no deja de tener un significado esperanzador. Toda cesión que hace un tirano es como una grieta que se abre en su puño de hierro por donde empiezan a colarse todo tipo de libertades. Y es que cuando la gente tiene sensación de victoria se le suben mucho los ánimos y no hay ya quien la pare.
Otra cosa sobre Irán que vi hace unos días es que hay allí una asociación proisraelí que está muy activa en todas las redes sociales. O sea que eso de que Irán es el enemigo por antonomasia de Israel es otra de las tantas leyendas urbanas que circulan por ahí. Conviene tener claro que una cosa son los países y otra las mafias que se han hecho con el poder en esos países. Esta es una realidad que desde que existen las redes sociales se está haciendo manifiesta a cada vez más gente. Aquí mismo, en esta España nuestra, choca ver el desparpajo con el que se está tildando de mafia por parte de comentaristas políticos de toda laña al partido en el poder y, por extensión, a todos los demás partidos. De hecho, lo único que falta ya para que parezca una película de Hollywood sobre el tema son las eliminaciones físicas de los adversarios. Supongo que ya estamos a menos de un paso para ello.
Leyendo a Rothbard te das cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, en donde reside el intríngulis de que esto que llaman democracia no sea en realidad otra cosa que el imperio de las mafias. La mafia del Estado se sustenta solo y exclusivamente -perdonen el pleonasmo- gracias a que se las han apañado para convencer a la gente de que solo puede haber paz civil si el Estado ostenta el monopolio de la violencia. No creo que pueda haber mayor trampa. Porque creerse esa milonga es de una inocencia rayana en la idiocia; exige suponer que el aparato del Estado está constituido por seres angelicales. Pues no, señoras y señores, por muy angelical que sea una persona, a la que se hace consciente de su poderío no tarda ni dos días en convertirse en demonio.
Así que no nos engañemos al respecto: no hay nada que más contribuya a convertir a una persona en chusma que el hecho de confiar la defensa de su libertad individual a otras personas que, en la práctica, son demonios. Y es que desde que el primer homínido descubrió el efecto disuasorio del garrote no le apartó de su lado hasta que hace poco más de un siglo empezó a señorearnos esta mierda del marxismo cultural disfrazado de democracia o de cualquier otra forma de dar por el saco. Convénzanse, el garrote es la clave de la dignidad personal. Sin él al lado, no eres nadie... un corderito.
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