lunes, 9 de junio de 2025

Lady Macbeth

Por circunstancias que no vienen al caso, ayer me vi precisado a quedarme en casa todo el día. Por la tarde estaba tan aburrido ya de intentar todo tipo de distracciones que opté por la televisión. En la 13 emitían una película de aquellas legendarias de Hollywood. Todo muy bíblico. La ambición desmedida que lleva irremisiblemente al desastre. Por el medio, como no podría haber sido menos hablando de ambición, una Lady Macbeth representada magistralmente por Barbara Stanwyck. 

La ambición es una disposición del ánimo que lleva a enfrentar retos o emprender tareas con las que esperas escapar a la sensación de fracaso que todo vivir lleva implícito. Todo el mundo, supongo, es más o menos ambicioso so pena, de lo contrario, de convertirse en una planta. Por lo general, pienso, las ambiciones de la gente suelen ser sensatas, o sea, que mantienen una relación equilibrada con las posibilidades. Hay personas que construyen grandes imperios con aparente facilidad; son inteligentes y encontraron la horma de su zapato. Nada de particular; hay millones de ejemplos a lo largo de la historia de las naciones.  

Hasta aquí todo muy bien. El problema empieza cuando la naturaleza se equivoca y produce cerebros desequilibrados: una gran ambición para una pequeña inteligencia. Por así decirlo, una máquina para la expansión del mal por el mundo. Lady Macbeth sería el paradigma de esa máquina infernal. Lo que no se puede conseguir con inteligencia se persigue por medio de la violencia. También de esto hay millones de ejemplos a todo lo largo de la historia. 

En fin, unos por otros, como el tapiz de Penélope. Por el día, los unos construyen el mundo y por la noche otros lo destruyen. ¿Qué sería de los constructores si no hubiera destructores? La naturaleza es sabia y no da puntada sin hilo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario