martes, 24 de junio de 2025

Universo Flamenco

Estoy intentando cumplir mi sueño de tocar las falsetas de las bulerías de Diego del Gastor. Supongo que acabaré tocándolas de aquella manera, como todo lo que toco. Al atardecer, suelo agarrar la guitarra y me pongo a improvisar aflamencado y, a veces, cuando paro, María dice: ¡qué bonito! Y entonces yo me siento poco menos que si fuera Sabicas. Son cosas de la vejez, que cualquier cosa te sirve para sacarte por un rato de la melancolía constitutiva. 

El caso es que he encontrado un portal llamado Universo Flamenco de un tal Juan de Dios Tamayo. Un tipo curioso, lleno de tatuajes, pelo teñido y todo tipo de adornos, pero con unas dotes pedagógicas más que notables. Por supuesto que, como buen flamenco, habla un inglés impecable. En realidad, en España, a los únicos que he oído hablar inglés sin mucho acento, hecha excepción de Espinosa de los Monteros, es a los flamencos. En fin, sea como sea, espero que con su ayuda acabe por cumplir mi sueño de tocar esas falsetas. 

Las falsetas, por si no lo saben, forman parte del dialogo que es el flamenco; generalmente, una pregunta escueta, que repite, y una respuesta, más extensa, en la que se resuelve. De hecho, toda la música es así, pero en el flamenco se hace más manifiesta. Como pasa en esta vida con todo, esas falsetas se han ido sofisticando con el tiempo; por así decirlo han ido adquiriendo un manierismo que las hace muy vistosas a ojos de los profanos. Los flamencos, hoy día, suelen tocar como máquinas, que es lo que les gusta a los americanos y a los japoneses. Por eso los flamencos  andan siempre por esos países y, a la postre, se han convertido en la mayor fuente de divisas que tiene la nación.  

Yo no voy a negar a estas alturas que todo sirve para el convento, y más, si, como les digo, genera divisas, pero, no nos engañemos, porque el arte es, fundamentalmente, sencillez que conmueve. Al menos eso es lo que pienso yo. Y por eso ver una reunión flamenca en la que ofician Diego del Gastor y Fernanda de Utrera es de las pocas cosas que calman mi espíritu cuando anda atribulado. Se palpa ahí una comunión perfecta; con los abuelos, los churumbeles, todos participando, cada uno según sus particulares facultades. Cuando ves una cosa así, entiendes el porqué de que los gitanos se hayan perpetuado en el tiempo sin perder sus esencias. Y es que, pueblo que es fiel a una religión, es pueblo indestructible. En realidad, que yo sepa, solo los judíos y los gitanos tienen esa característica, la de ser fieles a toda ultranza a la religión de sus mayores. Claro que hay que entender que quizá sea porque el judaísmo y el flamenco son las dos únicas religiones que merecen el nombre de tales. 

En fin, lo dejo ya, porque como dijo el poeta:

My words fly up, my thoughts remain below, / Words without thoughts never to heaven go.

(Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos, / Palabras sin pensamiento nunca suben al cielo)

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