domingo, 22 de junio de 2025

Problemas y soluciones

Sometimes it seems as if there are more solutions than problems. On closer scrutiny, it turns out that many of today’s problems are a result of yesterday’s solutions.” ~ Thomas Sowell

(A veces parece como si hubiera más soluciones que problemas. Analizado el asunto con cuidado, caemos en la cuenta de que muchos de los problemas de hoy son la consecuencia de las soluciones de ayer.)

Es probable que mi casi total identificación con los pensamientos de Sowell traigan causa de llevar los dos un montón de años sobre nuestras espaldas. Quieras o no, por muy tonto que seas, los años te aportan experiencia y, quizá, a más tontería, más experiencia, por aquello de que tontería y equivocación van de la mano y, las equivocaciones, como todo el mundo sabe son la principal fuente de experiencia que a su vez lo es de sabiduría. 

Se como sea, el caso es que estoy completamente de acuerdo con lo de la relación que los problemas de hoy tienen con las soluciones de ayer. A poco que uno sea capaz de autoanalizarse, caerá en la cuenta de la mayoría de las pesadumbres que arrastra hogaño son la consecuencia de aquel entusiasmo que puso antaño para salir de un mal paso. Por eso es que, hoy día, de nada desconfíe tanto como de la gente que va por ahí ofreciendo soluciones para todo... empezando por los políticos y continuando por los médicos, las dos profesiones más abominables que darse pueden, y reto a combate singular a quienquiera que sea que se atreva a contradecirme en este punto. 

Soluciones, lo que dice Pessoa, solo las hay en matemáticas. ¡Ay, si la vida fuese tan sencilla como las matemáticas! Otro gallo nos cantara. Pero las cosas son como son y vivimos empeñados en que lo difícil son las matemáticas. En las cosas de la vida corremos como pollos descabezados tras los consejos de apariencia desinteresada que de continuo salen por la boca de los sinvergüenzas. Y aquí es, exactamente, en donde reside uno de entre nuestros mayores problemas, en saber identificar a los sinvergüenzas, es decir a los lobos con piel de cordero. Son esas personas con un particular olfato para rastrear el sufrimiento; saben que el sufrimiento debilita la razón que es justo lo que ellos necesitan para colocar su engañosa mercancía. 

En fin, ¿qué más quieren que les diga? Bueno, sí, que si yo mandase aquí, lo primero que iba a hacer sería enviar a una isla desierta a todos aquellos en los que se detectase una propensión a organizar vidas ajenas; allí, todos juntos, lo más probable es que en cuatro días no quedase ni uno. Y con los médicos, de entrada, limitaría su número a uno cada dos mil personas a lo sumo y, para redondear, establecería como requisito indispensable para poder iniciar los estudios médicos el estar en posesión de un doctorado en teología... porque ¿cómo se puede ser médico sin haberse tomado un tiempo para reflexionar sobre la relación del hombre con lo divino? Así es que pasa lo que pasa, como aquel noble asediado por su médico que nos cuenta Mateo Alemán: "Tome, señor doctor, que a fe de quien soy, que para con Vuesa Merced no me ha de valer sagrado."  

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