Don Lorenzo, hijo de Don Diego el del Verde Gabán, está de sobremesa con Don Quijote. Don Quijote hace un pormenorizado análisis de lo que es la poesía, que es a lo que se dedica Don Lorenzo. Don Lorenzo queda admirado y pregunta: "Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿Qué ciencias ha oído?". Contesta don Quijote: "La de la caballería andante, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más. "No sé qué ciencia es esa, replicó don Lorenzo, y hasta ahora no ha llegado a mí noticia."
Aquí se extiende Don Quijote, explicando en qué consiste la ciencia de la andante caballería. Hay que ser jurisperito, teólogo, astrónomo, matemático, médico, y estar adornado de todas las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- y cardinales -prudencia, justicia, fortaleza y templanza-. "Ha de ser casto en los pensamientos, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque cueste la vida defenderla."
Son los valores de la virilidad, esos que la corriente cultural en boga trata de denostar por todo los medios. De eso hablábamos esta mañana de la virilidad versus feminidad. Y es que quizá sea la tergiversación de esos roles lo que lleva a la decadencia de las civilizaciones. Los hombres están para lo que están y las mujeres, lo mismo. Querer difuminar eso por medio de un voluntarismo a tota ultrança, como hacen los gobiernos actuales en esta parte del mundo que llaman Occidente, es fuente de desasosiego rayano en la histeria. ¿Qué coño hacen las mujeres en el poder político? Se lo diré: emponzoñarlo todo con su predisposición natural al pasteleo: "But trust me, gentleman, I´ll prove more true / Than those that have more cunning to be strange", le dice Julieta a Romeo (Confía en mí, caballero, te seré más fiel / que las que son más sabias para disimular).
El pasteleo, la exaltación de lo superfluo -la felicidad en los pequeños detalles-, el derroche en apariencias, la moda, todo lo que cuadra con este anticapitalismo socialdemócrata que es la puerta de entrada a la esclavitud. ¡Tú, hijo, algo seguro!, o sea, funcionario, muerto viviente, el sueño de toda madre... y ahora también del padre desde que padecemos este amariconamiento en sábana que todo lo impregna.
En fin, no sigo, no vaya a ser que me metan en la cárcel. Pero, en mi fuero interno, no desespero, porque sé que hay cosas que siempre vuelven a por donde solían.
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