viernes, 27 de junio de 2025

Le Malade Imaginaire

 


Quien bien me conoce, me manda ésta, en apariencia boutade, del genial Aldous Houxley, autor de una de las novelas que más nos dio de qué hablar cuando aquellos maravillosos años: This Brave New World, título traducido al español como Un Mundo Feliz. Pues bien, esa novela es una distopía en la que todo el negocio descansa en los avances de la medicina; se han descubierto las sustancias cerebrales que controlan las emociones y lo único que hay que hacer es suministrárselas a la gente para que ande por el mundo como zombis. La pastillita diaria de "soma" y, luego, para los restos emotivos que no puede controlar el "soma", un aparato llamado el orgasmotrón: te metes dentro de él y tienes un orgasmo. Como ven muy parecido a lo que hay hoy día: pastillas para los nervios y pornografía para masturbarse -una de cada diez páginas que se abren en internet es porno-. 

En cualquier caso, esa aparente boutade, es una realidad social candente: si se suprimiesen todas las conversaciones que hay en el mundo acerca de las enfermedades que se padecen, se produciría un silencio cósmico. No tienes más que ir por la calle y poner la oreja: todo el mundo está en trance de ir a, o venir de, hacerse una prueba para ver lo que tiene que no le deja vivir. Prueba de la que, ni que decir tiene, siempre se sale con un diagnóstico ominoso que explica los supuestos padecimientos. A partir de ese momento, es como si el paciente se hubiese quitado un peso de encima: ya puede ir por mundo con cierto protagonismo al tener su historia para contar. Pla decía que las enfermedades son los viajes de los pobres. ¿Y para qué se viaja hoy día si no es para contar el viaje? 

Resumiendo, que los avances de la medicina no dejan de ser fuego que se roba a los dioses, dado lo cual es imposible sustraerse a la maldición prometeica. Hoy día, por fas o por nefas, quién más, quién menos, todo el mundo vive encadenado al sistema sanitario. El aburrimiento, la dejadez, la procrastinación -que así llaman hoy día a la pereza mental- de inmediato remiten a la enfermedad como tabla de salvación: ya, solo si estás enfermo eres alguien para los demás. Desde luego que ya no te aburres: todo el día de aquí para allá para hacerse pruebas, más, luego, poder contar tu experiencia. Es una forma de estar muerto sin enterarte de que lo estás, como los personajes de This Brave New World (Un Mundo Feliz). 

Así es que ya tocamos a médico cada ciento cincuenta personas y la gente quiere más. Y al poder ser que los médicos sean mujeres que, al perecer, están más dotadas que los hombres de esa cualidad que llaman empatía, que yo creo que es lo que siempre se llamó comprensión. Identificarse con el padecimiento ajeno y, al ser posible, echar un poco más de leña al fuego. Una médico empática, sabe que relativizar la importancia del sufrimiento del paciente puede ser letal para la autoestima de éste. Así, de paso, se va haciendo bolsa, que es de lo que se trata... que ya saben que el empático es de los que miran la berza, pero siempre cogen el tocino.  

En fin, lo dejo ya porque este asunto de "le malade imaginaire", que decía Moliere, es algo de lo que no vamos a salir en tanto la sociedad no recupere los valores que defendía Don Quijote, o sea, los de la virilidad.    

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