martes, 17 de junio de 2025

Celebración

La modernidad es una estafa. Todo, una ilusión. Y la más estúpida de todas es la que nos hace vivir con la convicción de que estamos informados de lo que pasa en el mundo. Desde que comenzaron a circular los periódicos, la clase social ociosa se enfrascó en ellos, se formó una idea falsa de la realidad, y comenzó a intrigar con ella. Así, el sosiego es imposible; es como si el mundo se hubiese convertido en un Delfos gigantesco desde el que salen millones y millones de oráculos diarios. Se nos va la vida intentando descifrar esos oráculos, contradictorios entre sí todos ellos y sin el menor interés. El caso es proyectarse al futuro para no tener que vivir el presente, cosa que exige, entre otras dificultades, estar en armonía con uno mismo. 

Para vivir el presente hay que empezar por aceptar que lo que tenga que ser, será, y que la verdad siempre acaba por salir a la luz sin necesidad de parteros. Una vez en posesión de semejante convicción ya te puedes dedicar a lo que te concierne sin distracciones inútiles. Y lo que te concierne no es otra cosa, no se engañen al respecto, que trabajar para intentar dejar un mundo mejor que el que encontraste a tu llegada. Por ejemplo, procurar que tus hijos sean mejor que tú. Enseñarles con el ejemplo el valor liberador del sacrificio. 

Muy complicado todo ello en un mundo en el que todo está encaminado a desprestigiar el sacrificio. Para todo lo dificultoso hay una máquina que que te exonera del esfuerzo. Y, para colmo, llegaron los pedagogos marxistas y convencieron a la gente de que se aprende jugando. Ya lo decía Chesterton, el gran olvidado, que la modernidad había venido para acabar con la humanidad. Porque sin el sacrificio del presente es imposible proyectarse al más allá, o sea, eso que llamamos celebración. 

Los niños lo manosean, los jóvenes lo leen, los adultos lo entienden, los ancianos lo celebran, dice Cervantes a propósito de El Quijote, un libro que a la gente le ha dado por decir que es muy difícil leer... no hay mejor ejemplo de lo que es la degradación de la especie. ¡Difícil El Quijote! ¡Pero por Dios bendito, qué es esto a lo que hemos llegado!    

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