lunes, 10 de noviembre de 2025

Eleusis

Al atardecer suelo escuchar música mientras hago solitarios. Y, aparte de mis favoritos de la guitarra, suelo escoger muchos de aquellos músicos que, cuando aquellos maravillosos años, vimos tocar en el Festival de Jazz de San Sebastián. Cada año íbamos allí en selecto comité, nos alojábamos en el hotel Arana, hacíamos la ruta gastronómica más chic de la región y, luego, por la noche, puestos hasta el culo de mariguana, nos dirigíamos al velódromo de Anoeta donde oficiaban los santones del momento: Stan Getz, Miles Davis, Dave Brubeck, Chet Baker, Baby King y un largo etc.. En conjunto, todo aquello era para nosotros como una especie de Misterios de Eleusis de los que creíamos salir fortalecidos para afrontar el mundo con las necesarias dosis de cinismo para poder soportarlo. Porque, el caso es que aquellos años de drogas y rosas, los setenta del siglo pasado, tuvieron la turbulencia de los puntos de inflexión: empezaron a morir los valores en los que se había sustentado por siglos esto que llamamos civilización occidental y, por contra, una marea de soberbia impulsada por la explosión tecnológica comenzó a anegar el mundo. De resultas de lo cual, estamos ahora, cincuenta años después, como estamos, que no sabemos si vamos o venimos... con toda esta morangada pisándonos los talones. 

El caso es que los grandes momentos históricos del arte siempre han estado ligados a esos puntos de inflexión. Es cuando las pulsiones suicidas están en máximos y, con ellas, el arrojo para pactar con el diablo. Sorprende, cuando lees los comentarios que suscitan esos videos que escucho, el papel preponderante que las drogas tuvieron en las vidas de muchos de esos mitos de la música. Vivieron un verdadero infierno, pero consiguieron inmortalizarse. Por así decirlo, reprodujeron a Fausto. Y dejaron a muchas Margaritas tiradas por las cunetas. 

En fin, así es la historia de la humanidad: ondas sinusoidales con sus máximos, mínimos y puntos de inflexión. Como la vida misma de cualquier persona que de la euforia pasa a la depresión teniendo en el intermedio apenas unos instantes de lucidez. A la postre, son esos instantes los que marcan todo el trascurrir. ¡Y qué le vamos a hacer si es así como los dioses quieren que sea!

2 comentarios:

  1. Clavada apreciación . La suscribo, sin cambiar un ápice. No tuve nunca oportunidad de asistir al festival de jazz de San Sebastián, una pena. Sí, en cambio, una vez, al de Montreaux, gracias a una entrada que me regaló un ligue suizo que tenía. Vi a Ry Cooder, otro nivel.

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