sábado, 12 de octubre de 2024

Autumn in New York

Anda muy revuelto el patio de Monipodio. Y hay montones de gente que vive con la ilusión de que de esta va la vencida. Es lo que tiene el no haber sido capaces ni siquiera de leer Rinconete y Cortadillo. Si lo hubiesen hecho sabrían que la puta llena de cardenales perdona a su chulo a la primera de cambio y deja a todos con dos palmos de narices. La gentuza tiene una querencia a entenderse entre ella que espanta. Y por eso en el patio, a los dos minutos, ya están todos avenidos con la puta y su chulo; todos los improperios que se habían lanzado los unos a los otros ya es agua pasada. 

A mí lo que más gracia me hace de todo esto es que la gente del común sigue yendo a votar. Ya saben, la fiesta de la democracia que le dicen. ¡Pa partirse el culo de risa! Tienen el cerebro tan lavado que son capaces de distinguir entre derecha e izquierda con todos los matices que le quieras poner al invento. Hombre, sí, reconozco que los hay de mejor y peor familia, o sea, mejor o peor educados en el arte de disimular que lo que realmente pretenden es vivir de tu trabajo. En definitiva, son todos expertos en el arte de cortar bolsas. Y no hay más tu tía; el que no está avisado y sabe guardarse de ellos acaba más pelado que el gallo de Morón, o sea, sin plumas y cacareando. 

Es ley de vida. O instinto de supervivencia. Cada uno sirve para lo que sirve y si natura fue avara contigo a la hora del reparto de dones, pues lo lógico es que te dediques a lo más fácil de todo, que no es otra cosa que meterse por medio de la vida de los demás para rajarles las bolsas al menor descuido que tengan.  

¡Dios mío, qué aburrimiento! La gente habla de ello como si eso pudiese cambiar algún día. Así que mejor se dedica uno a intentar aprender a tocar, yo qué sé, Autumn in New York, por ejemplo, que es una canción preciosa como hay pocas. 

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