miércoles, 16 de octubre de 2024

Pereza mental

Este mantra del pedir perdón que se han sacado de la manga las izquierdas universales es para morirse de risa. En general, todo lo relativo a las izquierdas lo sería si no fuese por el rastro de desolación que han dejado, y siguen dejando, allí por donde pasan. Claro, antes, ser de izquierdas tenía un significado más o menos claro -la propiedad por parte del Estado de los bienes de producción, y de todo lo demás, incluidas las personas-,  pero, al haberse demostrado que la puesta en práctica de tales sinsentidos lleva al desastre irremisiblemente, han tenido que inventarse nuevas milongas por tal de que la íntima desazón que produce el fracaso existencial, con su rastro de envidia y rencor, tenga una válvula de escape so pena de reventar... ya lo decían antaño los clásicos: los sabios se tienen que equivocar a veces, para que los necios no revienten.

El caso es ese, que ahora han encontrado esa coartada para poder seguir dando el cante: pedir perdón por lo que hicieron los antepasados remotos. Ni al demonio se le ocurre semejante majadería. Pero en esas estamos. Y no se crean que es cosas de países tan chisgarabises como el nuestro, no, ni mucho menos, que he podido comprobar que en la superpragmática Gran Bretaña se pasan las horas muertas dándole al mantra de marras en los platós televisivos. 

Todo esto, como les decía, solo es achacable a la íntima desazón de los fracasos vitales. Esos fracasos que tienen como principal seña de identidad la vaguería. En general, los humanos no solemos ser muy conscientes de hasta qué punto nos condiciona la vaguería, sobre todo cuando afecta a la parte mental de nuestro ser. Seguramente, pocas desgracias humanas se puedan comparar a la de ser reacio al esfuerzo mental. Y no por nada, sino porque sin esfuerzo mental damos rienda suelta al componente animal que llevamos dentro. Por así decirlo, nos volvemos caníbales... como eran los mexicas, cuyos supuestos descendientes están ahora muy farrucos porque nuestros antepasados les sacaron de esas prácticas al parecer tan deleitosas. Aquellas gentes que se encontraron los españoles a principios del siglo XVI por lo que ahora es México, se habían inventado unos dioses cuya principal función era justificar el gusto por la carne humana. Exigían sacrificios de cuyos despojos disfrutaban los humanos. Ellos, nada por lo simbólico, como hacemos los cristianos que nos comemos el cuerpo y la sangre de Cristo en forma de hostia y vino, no, ellos todo por lo literal. Y por eso tenían granjas de engorde de humanos para el consumo diario. No creo que la historia haya llegado nunca más cerca de los comienzos de la evolución humana.

La evolución hacia lo simbólico. ¡Qué trabajoso es eso! En cualquier caso, imposible para los perezosos mentales. Y de ahí todos esos mantras que son la esencia de lo que unos llaman ser de izquierdas y otros muertos vivientes. ¡Qué venga alguien y me explique la diferencia entre una cosa y otra! 

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