miércoles, 23 de octubre de 2024

THE NEED FOR ILLUSION IS DEEP

Mi amigo Pedro me pondera por lo muy alto al escritor Saul Bellow. Creo que es estadounidense, pero, pal caso es lo mismo, porque lo traigo a colación a propósito de una frase suya que encontré ayer mientras indagaba en los porqués de que gentes a todas luces muy inteligentes lleguen a meterse en pantanos que se diría propios de los descerebrados. La frase en cuestión es así: " A GREAT DIAL OF INTELLIGENCE CAN BE INVESTED IN IGNORANCE WHEN THE NEED FOR ILLUSION IS DEEP". Sin duda es una frase bastante críptica cuya traducción exige no poca imaginación. Sería algo así: "cuando la necesidad de vivir en la ficción es profunda hay que invertir mucha inteligencia para convertirse en ignorante."

Fundamentalmente, vivir en la ficción de las ideologías. Diría yo que las ideologías dominantes hoy día tienen una concepción mecanicista de la naturaleza. El atractivo de esas ideologías se deriva de una visión utópica de un paraíso artificial. El mundo, y la humanidad que lo habita, es una máquina y, como tal, puede ser comprendida y manipulada. Las averías de esa máquina, que producen sufrimiento, pueden ser reparadas. Y, ya puestos, puede ser posible, incluso, eliminar la muerte -ya les decía ayer que hay científicos, alguno laureado con el Nobel, que andan pregonando por ahí que estamos a dos pasos de conseguir la inmortalidad-.

Se necesita mucha inteligencia para construir teorías que hagan parecer real la ilusión de un entendimiento racional de lo inaprensible. Piensen solo en la macanada esa del Big-Bang para darse cuenta de hasta qué grado de soberbia han llegado las personas más inteligentes, esas que se pasan la vida jugando en el subsuelo de Ginebra con un cachivache que nos ha costado miles de millones. Porque la realidad no es otra que la imposibilidad de comprender, por su infinita complejidad, los mecanismos que rigen lo creado. Pero para eso están las religiones, que empaquetan todas esas ilusiones con papel de regalo, como se hace en Navidad, para dar el pego.

Resumiendo, todo es religión. Las hay que dicen creer en Dios porque aceptan la inaprensible comprensión de lo creado. Y las hay, también, que dicen no creer en Dios porque desde que se sabe eso del Big-Bang ya no le necesitan para nada; lo que necesitan, entonces, es ingenieros sociales que perfeccionen la máquina y, caso de avería, que la reparen. 

Una vez más, les pido perdón por tanto como me reitero, pero es que, visto lo visto, estoy utilizando mi poca inteligencia en elaborar teorías que justifiquen mi solo creer en Dios y en el bicarbonato. 

 

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