Lo del club de los denigradores del franquismo es algo que recuerda a lo de la leyenda negra. En realidad, por lo menos aquí en España, los defensores de la leyenda negra y los denigradores del franquismo vienen a ser los mismos. Son los que se han inventado eso de la "memoria democrática", un sintagma que se las trae con abalorios. Supongo que, para ellos, también el entendimiento y la voluntad son susceptibles de ser democráticos porque, ya puestos a calificar a las potencias del alma, por qué vamos a pararnos en mientes.
Desde luego que Franco sacó a España de la miseria; eso, hay que ser, no solo miserable, sino ignorante, o simplemente idiota, para no reconocerlo, pero no nos engañemos, porque a la postre, Franco nos jodió bien jodidos ya que nos metió por la puerta de atrás el régimen político que querían sus detractores, es decir, la socialdemocracia pura y dura, o sea, un comunismo de cara amable. Pero vete tú a explicarles esto a ese club de denigradores: directamente les estalla la cabeza.
El problema de Franco era exactamente igual que el de los comunistas: no creía en el individuo. "No se os puede dejar solos", dijo en cierta ocasión. Odiaba el liberalismo. Para él, todo tenía que estar bajo la égida del Estado. Desde luego que no tenía nada de original; se adaptó a la moda del momento. Y no le costó ir evolucionando el look a medida que las circunstancias iban cambiando; el hacer del turismo la industria reina del país exigía concesiones, pero nunca hasta grados que pusiesen en peligro la idea hegemónica: la libertad individual es el mal en sí.
Así fue que, con una economía planificada por tipos inteligentes, aquellos López, España salió de la miseria material a la vez que entraba en otra miseria mucho más grave, la del individuo irresponsable. Es una historia paralela a la de, pongamos que la de Rusia, si bien menos exagerada. Por eso cuando llegó a España la milonga de la democracia, lo mismo que en Rusia, se encontró con una devastación moral que la hacía inviable. Para que una democracia sea viable se necesitan individuos capaces de hacerse cargo de su propia vida y, para eso, como bien saben los judíos, son necesarios cuarenta años, por lo menos, de desierto... cosa a la que no veo yo que vayamos a someternos por las buenas.
En fin, el club de los denigradores, esa pobre gente incapaz de evolucionar en la escala filogenética. Es el eterno ¡viva las caenas! o, puestos a actualizarnos, dígame usted de qué tengo que vacunarme que de inmediato me pongo a la cola.
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