Me envían un like a una biografía de Beatriz Galindo "La Latina". Era un programa en la cadena SER, o sea, de las radios del "movimiento". En definitiva, un programa para chachas. Como las vidas de los santos y con mucha vehemencia por medio. Es lo que hay y hay que resignarse. Desde luego que, como era propaganda del "movimiento", para nada se cita el que Beatriz fuese la musa de la aquella Sección Femenina que fundara Pilar Primo de Rivera recién acabada la, aún en ciernes para algunos, Guerra Civil de 1936.
Beatriz Galindo era mujer y, eso, parece ser que contribuye de forma decisiva a realzar su figura. Como si no hubiese habido millones de personas a lo largo de la historia que el hecho de fueran mujer u hombre para nada influyo en que la naturaleza tomase la decisión de concederles una mente privilegiada. Esas mentes que han marcado el camino que nos ha traído de la edad de piedra hasta aquí. Pongamos, por ejemplo, Aristóteles, la figura sobre la que se aupó Beatriz para trascenderse. Podría haberse aupado sobre Platón, pero no, prefirió a Aristóteles. Y así fue como Aristóteles influyó, vía La Latina, en la mentalidad de Isabel la Católica, la cúspide del poder de aquellos tiempos. Ya saben que unas cosas traen otras y, realzar, como se hace con tanto ahínco, el hecho de que una mente privilegiada haya recaído en una mujer es en cierto modo una ofensa a todas las mujeres... pero vete tú a decírselo a uno, o una, del "movimiento"; no lo entendería.
El caso es que ayer releía la biografía de Gracián que hay en la edición de Cátedra del Oráculo Manual y Arte de Prudencia. Aquí, cualquier cosa menos vehemencia. Todo es sobriedad alrededor de la figura de Gracián. Por eso no sirve para programas para chachas. Sin embargo, fue cabeza privilegiada donde las hubiera habido en cualquier parte del mundo; concretamente en Huesca que es donde vieron la luz sus primeras obras.
Y por la noche escuchaba a Diana Krall, otra cabeza privilegiada. ¡Pues anda que no las hay! De hecho, nos pasamos, algunos al menos, media vida tratando de auparnos sobre los hombros de esas mentes. No creo que haya nada que compense tanto. Y es que desde esas alturas es desde donde se contemplan los mejores paisajes... la tierra prometida, por así decirlo.
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