martes, 29 de octubre de 2024

Tiempos movidos

El otro día, por fin, la BBC reconoció esa cosa tan molesta para tanta gente que es ni más ni menos que el aluvión de efectos secundarios, muchos de ellos irreparables, que han causado las vacunas del Covid-19. La cosa tiene una importancia decisiva, porque una vez reconocida por la oficialidad la relación causa/efecto, lo inevitable que se deriva de ello es la cuestión de las reparaciones: ya hay millones de personas echando los papeles para reclamar lo que le corresponde.  Porque es que, si millones de personas se inyectaron la pócima milagrosa no fue por otra causa que porque el gobierno implementó una campaña de fearmongering -amedrentamiento para que nos entendamos- que hacía muy peligroso -incluso perder los empleos o no poder entrar en lugares públicos- el no cumplir con el rito. 

De todas formas, lo interesante, por gracioso, ha sido la forma de dar la noticia. Y es que, a modo de preámbulo, el locutor ha resaltado los seis millones de vidas que salvó la administración de esa vacuna. Así, porque lo digo yo que, como soy Dios, no necesito presentar evidencia alguna al respecto. Esto nos da una idea de hasta qué punto es gentuza la gente que se ha hecho con el poder en Ingalaterra, que decíamos en mi pueblo. No pueden parar de mentir; es algo compulsivo, como lo de Don Juan tirarse tías, por citar algo de actualidad.  

El caso es que el gobierno ya ha sugerido que va a montar un sistema de indemnizaciones del estilo del que montó cuando, hace unos años, el Sistema Nacional de Salud transfundió a miles de personas sangre contaminada. Indemnizaciones, bien sure, pagadas con dinero público. Así, piensan ellos, todo queda en casa, y aquí paz y después gloria: a seguir haciendo guateques en el Nº 10 de Downing Street. Pero me parece a mí que esta vez va a ser que no; hay demasiada gente que está muy farruca y, sobre todo, tan organizada, que va a ser muy difícil torearla: ya han dicho que esas indemnizaciones las tienen que pagar los laboratorios que engañaron a la gente. En definitiva, el lío es morrocotudo porque los gobiernos firmaron contratos con los laboratorios en los que les eximían de toda responsabilidad respecto a efectos secundarios. Para mí, y para mucha gente, la cosa esta clara, los que tienen que ir, si no al patíbulo, que sería lo suyo, sí a la cárcel son los gobernantes que firmaron aquellos contratos y, también, la parte contratante de la segunda parte, es decir los CEO´s de los laboratorios por haber ocultado información que de haberla conocido nos hubiese ahorrado toda esta siniestra historia. 

En fin, que presiento que vienen tiempos movidos. 

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