martes, 1 de octubre de 2024

¡Menudo circo!

Que este sistema político al que llaman democracia ha degenerado hasta convertirse en el gobierno de los peores, es algo de lo que nos podemos extrañar si no hemos leído a los comentaristas políticos de la antigüedad clásica. Ellos ya lo dijeron por activa y pasiva, y la práctica les dio la razón. La democracia de Atenas duró lo que el agua en un cesto y todo eso que van a admirar hoy día los turistas no fue obra precisamente de la democracia. La Atenas del Partenón y demás mandangas fotografiables fue obra de un tirano llamado Pisístrato, una especie de Franco que vino a poner orden en el despelote que había creado la muy democrática constitución de Solón. También, como Franco, Pisístrato aguantó cuarenta años en el poder; lo suficiente como para dejar Atenas que no la conocía ni su padre. Ya ven que, una vez más, una cosa es predicar y otra dar trigo. 

Entonces, con los peores ya al timón de la nave, se empieza a vivir en el esperpento continuo. No les voy a hacer un recuento de todas las cencerradas que nos dan a diario estos oligofrénicos que pretenden gobernar porque sería el cuento de nunca acabar; me voy a limitar a una que tiene que ver con el libro que estoy leyendo por enésima vez, porque, la verdad, pienso que nunca los literatos consiguieron imaginar aventuras que le lleguen a la suela de los zapatos a la historia verdadera que se relata en ese libro: "La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España". 

Corría el año 1518 cuando un puñado de españoles llegaron a las costas de México lindo y querido. Por supuesto que les recibieron a palos y unos cuantos perdieron allí su vida. Pero recogieron información, lo que, a la postre, es el bien más preciado. Un año, o así, después, llegó Cortés con esa información en el bolsillo y quinientos soldados con muy heterogéneas intenciones. A partir de ahí, la historia, como la de Agamenón cuando llegó a Ilión, se empieza a confundir con la leyenda. En cualquier caso, los hechos son lo que cuentan: lo mismo que las costas de Asia menor se hicieron en su mayoría jónicas al poco de la caída de Ilión, el territorio mexicano se convirtió en español al poco de la llegada de Cortés. La Ilíada y la Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo son primas hermanas, si no gemelas. 

El caso es que pienso que ni por asomo todos esos a los que ahora les ha dado por decir que Cortés es un genocida hayan sido capaces de leer la Verdadera Historia. De hecho, un sobrino mío, al que el socialismo le viene de casta, me dijo un día lo de el genocida Cortes y yo, entonces, le pregunté si había leído la Verdadera Historia: resultó que ni siquiera la había oído mentar. ¡Fíjense, con lo culto que era él y toda su familia! Pero de las ideologías podemos decir lo mismo que del pelo de coño o de dos tetas, que tiran más que carreta o soga de marinero. 

Y ese presidente de México, que, por cierto, sus padres son de por aquí al lado, y que ahora quiere que el rey de España pida perdón por lo de Cortés. A lo mejor lo que pasa es que lo que él quiere es que le dejen volver al canibalismo que había por allí cuando llegó Cortés. Aquellos corrales de engorde para humanos eran una pasada. En fin, esa era su cultura y, según criterios actuales, lo lógico es que se hubiese respetado. ¡0ye, tampoco pasaría nada porque los turistas pudiesen ir hoy a México a comer carne humana! Una seña de identidad es una seña de identidad... y si no que se lo pregunten a los catalanes... o a los vascos... ¡Pues anda que no!

En fin, menos mal que el rey de España se ha llamado Andana, que, si no, ¡menudo circo!

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