domingo, 13 de octubre de 2024

Desgraciado accidente

Ahí vemos al ínclito Boris Johnson, con su muy estudiado peinado, diciendo como si tal cosa que lo del Covid de marras fue un desgraciado accidente. Según él, es cosa comprobada que en septiembre de 2019 se produjo una fuga en un laboratorio chino en el que se dedicaban a manipular virus. A manipularlos, todo hay que decirlo, para que ganen función, es decir, para que sean más patógenos de lo que son de por sí. Como diría Chiquito de la Calzada ¡Te das quinnn! 

Y ahí está el punto y la madre de todo este asunto que nos traemos entre manos, ya saben, la famosa democracia con sus conocidas milongas de soberanía popular, transparencia y demás. Porque es que, vamos a ver: ¿cuál es el motivo por el que se emplea el dinero de los contribuyentes para hacer que los virus sean más patógenos de lo que son? Quizá haya algún motivo sensato, pero, hasta que alguien me lo explique, para mí será como pegarte patadas en los cojones para ver qué pasa. En definitiva, un masoquismo insoportable. O un jugar con fuego los niños de teta. 

Creo haber escuchado que fue el presidente Obama el que mandó cortar de raíz todas las investigaciones financiadas con dinero público sobre ganancia de función de los virus que a la sazón se estaban llevando a cabo en los EEUU. Pero ya saben lo que pasa con las mafias, que tienen tentáculos everywere. Así fue que los investigadores norteamericanos de la cosa se trasladaron a laboratorios en China y Ucrania. Y en uno de esos laboratorios de China fue en donde se produjo el desgraciado accidente... en palabras del ínclito, y siempre bien peinado, Boris. 

A mí todo esto me parece el colmo del despropósito. Y no soy el único, porque hay por ahí mucha gente pidiendo explicaciones al respecto, pero, ¡ay, amigo!, esto es una democracia y, por tanto, mucha gente es nada frente a la masa anodina de los que solo quieren futbol y cañas. Y los gobernantes lo tienen claro; ahí tenemos a la Vonderleyen, la bien peiná, que se pasó por el forro las peticiones que se le hicieron de que enseñase los contratos que firmó con la industria farmacéutica -en la que, por cierto, trabajaba su marido- para el suministro de aquellas vacunas que ni safe ni effectives. Total, solo eran unos cuantos miles de millones de euros arrancados de nuestros bolsillos. ¿Qué es eso para una persona bien peiná? 

Resumiendo, todo ello, un desgraciado accidente. Más o menos como el de Faetón. ¡Quién le mandaría a Helios dejarle conducir su carro! Pero así son las cosas, llamar accidente a lo que es consecuencia de una estupidez morrocotuda. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario