Hay cierto revuelo mediático con las decisiones que está tomando el presidente Biden en los últimos días de su mandato. Entre otras, ha querido mandar dinero a Ucrania para que se maten un poco más allí; afortunadamente el Congreso ha echado abajo tan absurda pretensión. Por otro lado, haciendo uso de una prerrogativa que tienen los presidentes de ese país, ha perdonado las tropelías cometidas por su hijo que debe ser un pájaro de cuenta a todos los efectos. Y ya, para redondear, y haciendo uso de la mentada prerrogativa, ha perdonado a una serie de personas que por el momento no han sido condenadas, ni, ni siquiera, están siendo juzgadas por más que haya un clamor público en que lo sean... por la cosa de la pandemia, más que nada. Entre ellas, el que fuera jefe del Estado Mayor a la sazón y el inclito Dr. Fauci, artífices, ambos dos, de las medidas coercitivas y anticonstitucionales que se tomaron por aquellos días. Porque es que, además, según dicen las malas lenguas, esta gente se forró con lo de la pandemia. Tengan en cuenta que las acciones de algunas compañías farmacéuticas pasaron de 18 a 330 dólares en unos pocos días gracias a las decisiones que ellos habían tomado, como la de obligar a vacunarse a todo Dios.
Por si no teníamos ya bastante con la actitud perdonavidas de Mr. Biden, va un pistolero por la calle, en New York, y le descerraja tres tiros al CEO de UnitedHealthcare, una empresa de seguros que, también, proporciona servicios médicos a más de cuarenta millones de personas. De momento todos los ejecutivos de las empresas relacionadas con la salud han empezado a cagarse por la pata abajo. El pistolero, que anda huido, ha dejado un mensaje en los casquillos de las tres balas disparadas: delay, denay, defend. Por lo visto estas palabras constituyen el título de un libro aparecido hace dos años en el que se denunciaba la propensión de las compañías médicas a denegar tratamientos o postponerlos (para ver si, entretanto, el paciente la palma, supongo). Sea como sea, la gente ha sacado conclusiones de inmediato y se teme que cunda el ejemplo... el del pistolero, quiero decir.
Tiempos revueltos estos en los que las aguas subterráneas putrefactas pugnan por salir a la superficie. Sin duda la que llamaron pandemia, ¿lo fue?, fue el tiro de salida. Al menos nos sirvió para enterarnos -el que quiso- de que hay por ahí una casta satánica que tiene mucho más poder sobre nuestras vidas del que sería recomendable. Yo ya sé que al populus en general se la suda mientras pueda seguir yendo a la terraza a pasárselo pipa, pero, a D. G., no todo es populus; ciertas personas ya se purgaron -¿se acuerdan de aquello de "purgandus populus? del Boadella?-. Así es que, cada vez más, se oye por ahí la sonnette d´alarme: ¿qué coño es eso del gain of function? Ya era hora de que el asunto saliese a relucir porque, a mi juicio, es la típica monstruosidad hija del creerse dioses los hombres. ¿Por qué los gobernantes utilizan el dinero que arrancan de los bolsillos de la gente para hacer que virus que son inofensivos se conviertan en letales? ¿Qué sentido tiene eso? Y eso pasa delante de nuestras narices y a nadie le subleva. Es el triunfo absoluto del nihilismo: vivir abandonados a las pulsiones de muerte.
Afortunadamente, cada vez más gente se está enterando. El libro de Robert F. Kennedy Jr. "The Real Anthony Fauci", donde se exponen pormenorizadamente todas estas cuestiones satánicas, ha tenido millones de ventas en todo el mundo. Y hasta el mismo Congreso de los EEUU, en el informe sobre la pandemia que sacó la semana pasada, se hace eco de la citada monstruosidad: los hombres creyéndose dioses; no por otra causa arrojaron a Lucifer a los infiernos. No es extraño que Biden se ha apresurado a dar un perdón preventivo al Dr Fauci, cabeza visible del monstruoso pecado de soberbia. Sin duda ese perdón supone un reconocimiento sin paliativos de la culpabilidad del perdonado.
En fin, ya sé que me toman por chalado cuando escribo sobre estos asuntos; bien, sí, quizá lo esté, pero eso no quita para que de nada sirva esconder la cabeza debajo del ala... y seguir con la fiesta.
Pues cada vez somos más chalados, en serio te lo digo. Se está viendo, entre otras cosas, en la política. Aquí en Alemania se está preparando gorda. La gente ya no se corta, y las políticas absurdas llegan a su fin. A la gente se le han hinchado los perendengues. Ya sabes , los Alemanes aguantan mucho, pero, cuando les tocan la fibra de esta manera, la pueden liar parda.
ResponderEliminarPienso que en todo occidente la gente está hasta los mismísimos de los políticos. No será porque no estábamos advertidos de que la democracia siempre acaba siendo el gobierno de los peores.
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