martes, 13 de mayo de 2025

Del usted al tú

Cuando era estudiante en Valladolid, terminando los años cincuenta y comenzando los sesenta del siglo pasado, tuve ocasión de presenciar en repetidas ocasiones la relación padre-hijo que se estilaba en la Castilla rural. Para empezar, los hijos siempre trataban a sus padres de usted. Claro, hoy día esto del usted ni siquiera se entiende qué cosa pueda ser eso. Así es que, para que se entienda, conviene hacer unas consideraciones de orden ético, moral, o lo que ustedes quieran, respecto de la perdida de esa costumbre, que, en cualquier caso, reconocerán conmigo, supone una difuminación del campo de las competencias. Marcar distancias, que es lo que hacía aquel trato de usted, también suponía marcar las obligaciones. Y no se engañen al respecto, difuminar las obligaciones tiene sus repercusiones en el normal funcionamiento de cualquier institución. 

Seguramente, la decadencia de cualquier civilización tiene mucho que ver con esa difuminación de competencias. Esa frase tan simpática que tanto emplean hoy día los responsables de las diferentes instituciones, "acercarse al pueblo", para mí que es una bomba de relojería. Porque, ¿qué quiere decir "acercarse al pueblo"? Se lo diré sin ambages, quiere decir contagiarse de su zafiedad. Porque ese es el punto, que pueblo zafio viene a ser un pleonasmo. O es que acaso puede haber mayor zafiedad que la que se contiene en la convicción reina del populacho: "nadie es más que nadie". Bueno, respecto de esta letal convicción ya se encargó don Quijote de desmentir a Sancho: "Nadie es más que nadie, amigo Sancho, si no hace más que nadie". 

El caso es que, por poner un ejemplo, la Iglesia hizo un concilio por aquellos años sesenta del siglo pasado con la intención de acercarse al pueblo. De resultas, la Iglesia se fue, como quien dice, al carajo. De inmediato cayó en el barraganismo medieval que tan bien describe el Arcipreste de Hita y que vino a corregir la reforma de Cisneros. Por así decirlo, dejó al pueblo huérfano de orientación espiritual y el pueblo, como siempre pasa en tales casos, se puso a adorar ídolos que es en lo que andamos, y andaremos, hasta que Moisés baje de nuevo del monte con las tablas y las estampane contra las multitudes enchusmatizadas. O, dicho de otra forma, venga Paco con la rebaja y se cepille a unos cuantos socialistas, que vendrían a ser los sacerdotes de esta religión idolátrica que nos está matando. 

En fin, aquí estamos a la espera de que llegue, ya sea Moisés, ya Paco, y obliguen a los hijos a tratar de nuevo a sus padres de usted, que les parecerá una chorrada, pero no vean ustedes que notas sacaban aquellos chavales castellanos... ¡por algo sería!   

 

2 comentarios:

  1. Una reflexión luminosa. Gracias.

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  2. Gracias, Pedro. Ya sabes que los viejos no solo podemos, sino que tenemos la obligación de decir lo que pensamos. Ya sé que tuviste tu ordalía y la superaste.

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