A veces los conspiranoicos, si no en el clavo, dan con una curiosa coincidencia que de inmediato los lleva a suponer que Satán anda por medio. Es el caso que les muestro: ponen en el traductor automático de latín a inglés de Google a stra ze neca y el resultado es a road to death (el camino hacia la muerte) No me negarán que la cosa tiene su miga, porque, uniendo dos a dos esas palabras latinas, te da el nombre de un laboratorio farmacéutico de funesto recuerdo para miles, o millones, que no se sabe, de personas.
De hecho, la naturaleza está llena de curiosas coincidencias por descubrir. Las matemáticas, el lenguaje de la naturaleza que las dicen, no son otra cosa que curiosas coincidencias que se fueron descubriendo a lo largo de los siglos. Y, a veces parece como si ese campo estuviese completamente rastreado, pero no me cabe la menor duda de que el tiempo se irá encargando de demostrar que faltan por descubrir otras tantas, o más, de las ya descubiertas. Y, como las matemáticas, cualquier otra cosa de esas que llaman ciencias. Porque ciencia es eso, el arte de descubrir curiosas coincidencias que, una vez descubiertas, unas veces suelen tener alguna utilidad y, otras, se quedan en eso, simple curiosidad cuya comprensión puede proporcionar un cierto placer estético... aunque nunca se sabe, porque en las matemáticas hubo muchos descubrimientos que quedaron arrumbados en un cajón por no haberles encontrado utilidad y, sin embargo, al cabo de los siglos, se dieron cuenta de que venían como de molde para, por ejemplo, encriptar las cuentas bancarias.
El caso es que, las ciencias, unas son exotéricas y otras son esotéricas. Las exotérica son de fácil comprensión. Las esotéricas están reservadas a pequeños grupos de iniciados, lo cual, como es fácil de comprender, se presta a muy fundadas sospechas de camelo. Exotéricas, por ejemplo, serían las matemáticas. Pongamos el teorema de Pitágoras; una curiosa coincidencia donde las haya. Tuvo que ser un puntazo su descubrimiento, allá, en la remota antigüedad sumeria o, vete a saber dónde. Pero, en realidad, es algo muy simple: utilizas cada lado de un triangulo rectángulo para construir un cuadrado, luego sacas un metro y mides la superficie de esos cuadrados y, ¡oh sorpresa!, la suma de la superficie de los dos cuadrados pequeños es igual a la superficie del cuadrado grande. No hay, entonces, el menor misterio. Sin embargo lo esotérico, nada que ver. Todo eso que llaman la cábala, buscando coincidencias entre números y letras en las páginas de un libro. Siempre se encuentra algo; a partir de ahí solo hace falta un hombre del carromato, es decir, un especialista en vender humo, profesión que, por cierto, está entre las más numerosas dado lo poco que hay que esforzarse para sacar el título acreditativo y lo muy rentable que es.
Por eso hay que andarse con tanto cuidado en este mundo, porque por cada profesional de lo exotérico hay mil de lo esotérico. Y es que, además, de esos mil de lo esotérico, novecientos noventa y nueve van disfrazados de exotéricos. Así que, ojo al parche, porque muy pocas cosas son lo que parecen. Muchas, so capa de vender el bien -Astra Zeneka- son un camino hacia el infierno, como nos demuestra el traductor automático de Google... así que, de Satán, nada de nada, es el simple y llano modus vivendi de los sinvergüenzas.
Sí, como poner al verres en los tocadiscos(por cierto, de moda) y escuchar salmos satánicos en los temas de Beatles Rollings. Siempre hubo mucho majaderos, Rapeles y Brujas Lolas. Ahora también en política
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