jueves, 31 de julio de 2025

Sentido del humor



Yo no digo que el sentido del humor sea la estocada que derrumba regímenes políticos pasados de vueltas en lo que a podredumbre hace, pero sí aseguraría que es la puntilla que remata la faena. Esto se vio meridanamente claro en la Unión Soviética en donde la gente se reunía en las cocinas comunitarias de los bloques de viviendas a comer patatas, beber vodka y contar chistes. Ronald Reagan les dio el último empujón contando chistes acerca de aquel régimen putrefacto... esos fueron los tanques que les envió para darles el golpe de gracia. Aquí en España, en los estertores del franquismo, tres cuartos de lo mismo: los humoristas -Chumy Chumez, Summer, Forges...- eran los reyes del mambo. Muchos éramos los que esperábamos con ilusión el nuevo número de Hermano Lobo, una secuela de La Codorniz, aquel portento de humor que fue el gran consuelo de los resignados durante los años de la dictadura. 

 Recuerdo que de niños, en el colegio, no parábamos de contar chistes. Hoy día recuerdo muchos de ellos y me maravillo de los buenos que eran. El otro día le contaba uno a un amigo y me pidió que se lo escribiese para poder utilizarlo en las conferencias que da acerca del poder terapéutico de la palabra. Yo no sé si hoy día los niños se cuentan chistes entre sí; me gustaría que alguien me lo aclarase porque, si la respuesta fuese positiva, aumentarían mucho mis esperanzas respecto del próximo futuro de la humanidad.  

Yo, para distinguirme rebuzno, dice Chumy Chumez. En el Quijote hay una historia de rebuznos que es para partirse el culo de risa. ¿Por qué  creen ustedes que España resiste a los embates de estulticia que le envían desde todos los ángulos de su periferia? Pues porque España es el país del Quijote. Nadie puede destruir a una persona que tiene por única filosofía de su vida el que nadie le toque los cojones. Dice lo que quiere y hace lo que quiere y nunca, ni por asomo, se queja cuando como consecuencias de sus decisiones acaba molido a palos. Humor y resistencia al sufrimiento, ese es el coctel que hace invencible a una persona. 

Y eso el lo que echo en falta en estos tiempos que corren, ese toque de humor imprescindible para poder dar la puntilla a este marxismo cultural que nos tiene enmierdados hasta la coronilla. ¿Por qué tanta trascendencia para demonizar a los Sánchez, Vonderleyen y demás espabilados de tres al cuarto? ¡Pero si son personajes de sainete! Lo suyo sería empezar y no acabar de hacer chistes acerca de sus andanzas y opiniones. Porque son un material inagotable de sandeces. 

En fin, como comentábamos el otro día, el gran problema que tenemos es que cien años de sistema público de educación -que no de enseñanza- han acabado por demoler las naturales capacidades del ser humano para el lenguaje simbólico, justo, lo que nos diferenciaba del resto de los animales. Y así está el patio, con una población instalada en la literalidad de los mensajes. O sea, aborregamiento botellonero... eso sí, todos vacunados contra el covid para que no haya nada que temer.  

miércoles, 30 de julio de 2025

Misis Vonderleyen


Playa de Somo un atardecer de verano

Anda por ahí la chusma política muy mohína porque, según su opinión, Trump se la ha metido doblada a Misis Vonderleyen con motivo de no sé qué asunto de tipo comercial. Una vez más, toda esa mohinería no es más que teatrillo para tener distraído al populus mientras le siguen metiendo la mano en el bolsillo... que es de lo que se trata. 

El caso es que Misis Vonderleyen se gasta en peluquería lo que no está escrito. Y, ahí, sí que ha tenido un éxito sin paliativos, porque su ejemplo ha cundido everywhere; en mi calle, en menos de cien metros hay siete u ocho peluquerías... el espacio que queda es para bares. Por cierto, París bien sigue valiendo una misa; veía esta mañana un video en el que se mostraba el estado de sus calles después de una noche de socialización, empatización y todas esas cosas que tanto le gustan a la Vonderleyen y sus amohinados colegas. Se ve que las masas enfebrecidas  dan trabajo por las noches a camellos y camareros y por las mañanas a los servicios de limpieza. Todo cuadra y la nave va.  

Es muy curioso todo esto; a veces me topo por ahí con algún antiguo funcionario reconvertido en turista hasta que la muerte nos separe que, en menos de lo que canta un gallo, me trae a colación la decadencia de los EEUU de América. Indiscutiblemente es un whisful thinking promovido por el ansia de consuelo. Porque si EEUU está en decadencia, nosotros, ni te digo. ¿Qué hemos aportado, nosotros los europeos, a toda esta revolución digital que se nos está llevando por delante? Se lo diré: nada de nada. Todo ha sido creación estadounidense... nunca país alguno, tecnología digital mediante, consiguió tal grado de colonización a escala mundial. ¡Si eso es decadencia, que venga un exfuncionario y me lo explique!

Nosotros, aquí en Europa, con unos buenos servicios de limpieza lo tenemos todo solucionado. Ahí, en la foto que les muestro, tienen una prueba irrefutable de la creatividad europea. La juventud de Santander, y comunidades colindantes, reunida una tarde cualquiera de verano en una playa al sur de la bahía para socializar, empatizar y ponerse hasta el culo de marxismo cultural. No es inocente la cosa; es una manera de crear cientos de puestos de trabajo. A la mañana siguiente, mesnadas de trabajadores de la limpieza cruzan la bahía en las barcas de Los Reginas -antaño eran los Diez Hermanos-, para paliar el desaguisado. El caso es que cada uno cumpla con su misión en esta vida, unos a ensuciar y otros a limpiar. ¿Qué objeciones podríamos poner a tan sabia distribución social del trabajo? ¡Felicitaciones Misis Vonderleyen! ¡Lo borda usted! Nos vemos en la peluquería. 

martes, 29 de julio de 2025

Víctimas

 


Las víctimas no retienen rehenes


En uno de esos discursos que hace el Papa León XIV para ponernos en guardia contra demonios, vampiros y mediocres, nos pide que hagamos oídos sordos a las quejas de aquellos que son víctimas de los problemas que han creado ellos mismos. No sé si lo habrá dicho pensando en los palestinos, pero, en cualquier caso, la sentencia les va como anillo al dedo. Y ahí tenéis a todos esos millones de falsos indignados, echando mano de los niños -¡matan niños!-, para justificar su odio a los judíos. ¿Quién es el que está matando a los niños, alma de cántaro? Ni dos neuronas hacen falta para darse cuenta de quiénes son los culpables de todo el desaguisado. Pero claro, ya saben, ¡los judíos, esos malvados...!

Diría yo que hay pocos asuntos que mejor definan la condición humana que el odio secular a los judíos. Supongo que ese odio, como casi todos los odios, nacerá de la envidia: los judíos tienen lo que yo deseo, pero nunca podré tener. ¿Y qué es lo que tienen? Bueno, ahí en Palestina hay siete millones de judíos rodeados por mil ochocientos millones de musulmanes que se los quieren merendar y no pueden. ¿Por qué será? Pues muy sencillo, lo primero, porque son valientes. Lo siguiente porque son disciplinados. Y, para colmo, el principal objetivo de sus vidas es cultivar el intelecto. Las tres características más odiadas por deseadas e inalcanzables de toda la chusma mundial de todos los tiempos. 

Sí, odiar a los judíos, ha sido, es y será, por siempre jamás, el deporte preferido de todos los que tuvieron la desgracia de no haber sido educados desde el primer día de su vida en el santo temor de Dios. Sin esa exigencia la vida se desvaloriza mucho y luego pasa lo que pasa, que necesitas del combustible de la envidia para poder seguir arrastrando por el mundo tu miserable condición. ¡Es que hay que estar ciegos para no verlo!  

En fin, uno mal que bien, tuvo la suerte de nacer en una familia bastante judía dentro de lo que cabe... por comparación con el entorno. Como supongo que en España eran la mayoría de las familias con trayectoria por generaciones de profesiones liberales. Pero esta es otra historia. 


lunes, 28 de julio de 2025

La pasión

Hace tiempo me dedique a indagar y reflexionar sobre la palabra pasión: miré por aquí y por allá y ya no me acuerdo de nada. Supongo que algún poso quedará por ahí dentro, enredado en mis entresijos mentales. Lo traigo a colación porque ayer comentaba con un amigo que una vida sin pasión ni es vida ni es nada. Claro, son ese tipo de afirmaciones que se hacen presuponiendo muchas cosas, entre otras que sabes a qué te estás refiriendo cuando pronuncias la palabra pasión. Nunca me ha resultado sencilla esta palabra. Debiéramos suponer que lo misma relación que tiene acción con actividad la debiera tener pasión con pasividad. Sin embargo, tendemos a considerar que un ser apasionado es cualquier cosa menos pasivo. Un galimatías, en fin, que nos desvela hasta qué punto el lenguaje es limitado. De ahí, supongo, el empeño de Euclides en dejar, antes que nada, meridianamente claro el significado de los términos con los que luego iba a construir sus razonamientos.

Quizá decimos pasión porque apasionarse por algo es salirse del mundo en todo lo que no tenga que ver con ese algo. Es como ponerse a cavar en busca de un tesoro, que, te las prometes tan felices, que todo lo demás huelga. Entonces, sí, la pasión tiene que ver con la pasividad respecto del resto del mundo que no sea tu objetivo. Pessoa llama a eso erudición de la sensibilidad: restringir el tamaño de tus aspiraciones y profundizar en ellas. Lo contrario de lo que hace el activo que, por lo general, tiende a diluirse en el mundo como lo hace un azucarillo en el agua y, a la postre, no  queda nada de él que no sea un dulzor empalagoso. 

El apasionado, por contra, tanto cavar siempre en la misma dirección acaba por taladrar la tierra y descubrir lo que hay al otro lado. Nada se descubre sin pasión. Y ese es el asunto, que la naturaleza crea a unos para descubrir cosas y a otros para impregnar el mundo de ese dulzor empalagoso que es la marca de la casa. Pasivos y activos, pasión y acción, dos formas de ser que se complementan y dan como resultado este mundo siempre dispéptico. Y es que a los activos les cuesta mucho digerir los descubrimientos de los apasionados y a los apasionados les exaspera el mal aliento de los activos. 

En fin, a la postre, la pasión se asocia con la muerte -pasión y muerte de Jesucristo- y, la acción, con la inmortalidad de los vampiros que bailan en cualquiera de los castillos que Drácula tiene distribuidos por todo el mundo. Así se lo cuento porque así es como yo lo veo. Que tenga o no tenga que ver con la realidad, esa, ya, es otra historia.   

domingo, 27 de julio de 2025

Leyendas urbanas

El ser humano necesita para sobrevivir fundamentalmente tres cosas: comida, techo y vestido. Satisfechas esas tres necesidades, su principal preocupación, desde la noche de los tiempos, fue desvelar los misterios de la condición humana. Y no por nada, sino porque intuía que el principal peligro a su integridad venía de los otros seres humanos; conociéndolos, les podría ver venir y, así, ponerse a salvo. El caso es que, como ese desvelamiento era harto dificultoso, no le quedó más remedio que inventar una herramienta que le facilitase el empeño: así fue como descubrió la literatura. También podemos llamar a esa herramienta, ficción. La ficción es tan poderosa que con el paso del tiempo se hace indistinguible de la realidad por medio de la leyenda. Y no se crean que hace falta mucho tiempo para que esa circunstancia se dé: hoy día circulan por el mundo ficciones de hace cuatro días convertidas ya en leyendas urbanas que la inmensa mayoría interpreta como realidades. 

Así es que, literatura mediante, estamos prisioneros de la maldición prometeica: no conseguimos, en la mayoría de los casos, distinguir lo que es realidad de lo que es ficción, lo cual nos estanca en nuestro afán develador de esos misterios de la condición humana que nos obsesionan. De hecho, diría yo que hemos avanzado muy poco porque, quizá, ese poco sea todo lo que los dioses nos permiten avanzar... lo cual no es óbice ni cortapisa para que no cejemos en nuestro empeño de hacer literatura. En realidad, yo diría, que la hacemos casi siempre que abrimos la boca para hablar. 

Es lo que tiene inventar cosas con la pretensión de facilitarnos la vida, que de inmediato tenemos que pagar peaje a los dioses. Inventamos la literatura y pasamos al plano de lo simbólico, lo cual nos obliga a una nueva tecnología cuyo manejo exige un aprendizaje costoso... o sea, privilegio de unos pocos. Y esa es la maldición, que la mayoría toma lo simbólico por real o, si mejor quieren, la leyenda por historia. A la postre, la literatura, en su inmensa mayoría, no queda en otra cosa que no sea propaganda. Es decir, que lo único que nos desvela de la condición humana es su irrefrenable afán de sacar ventaja por medio de la mentira. 

De ahí que leer -en los libros o en donde sea- sea algo tan sutil. Nos pasamos la vida leyendo sin saber, la mayoría del tiempo, que lo estamos haciendo. Leemos y automáticamente interpretamos. Por eso es tan importante aprender a leer; quizá el más difícil de todos los aprendizajes. Qué leer, para qué leer y, sobre todo, cómo leer. 

En fin, perdonen mi insistencia, pero es que llega un momento en el que uno ya no puede más de tanto soportar las leyendas urbanas que dominan el inconsciente colectivo. ¡Joder, pero qué malos que son los judíos!

sábado, 26 de julio de 2025

Renacimiento

 Ayer les comentaba acerca de las sorprendentes por eternas ideas del Papa actual. Porque, ese es el asunto, que, lo que llamamos modernidad no quiere aceptar por incómodas esas ideas. Y es que esa obra del demonio que se conoce como marxismo cultural se las ha apañado para convencer a la gente de que el sacrificio es algo del pasado, de cuando el hombre no se había elevado a la categoría de dios por medio de la tecnología. El Papa dice que, el ser católico, el estar dentro de la Iglesia, es, fundamentalmente, sacrificio. El sacrificio de la cruz. No por otra razón es el que los socialistas españoles quieran derribar la cruz del Valle de los Caídos; nada define mejor su condición de vampiros que esa pretensión. La cruz, como símbolo de sacrificio, horroriza a los vampiros; tanto o más que los ajos. 

Con el mismo horror que las ideas del Papa, contemplan los vampiros las de Milei. Escuchaba ayer el discurso que había pronunciado en la universidad de Harvard. Un discurso cuyo eje central era la incomodidad. La Universidad no puede ser un lugar cómodo, porque de ser así estaría muerta. Tiene que tener la incomodidad del campo de batalla. En la Universidad se discute todo y nunca se da nada por sentado. Al final, tras digerir la conmoción que sus palabras habían causado en el campus, las responsables de la institución le ofrecieron una cátedra volante -ir por allí de vez en cuando a dar una charla-. Milei declinó el ofrecimiento, pero la Universidad creó un departamento para estudiar sus ideas. 

Diría yo que lo de Trump es, más o menos, lo mismo que lo del Papa y Milei. Un canto a la incomodidad o, si mejor quieren, un retomar los valores primitivos inscritos sobre la piedra. Resumiendo: volver al temor de los dioses, de los que estamos a años luz, y no cesar de ofrecerles sacrificios; en eso han consistido, pienso, todos esos periodos históricos a los que se ha calificado de renacimientos. 

Sí, señoras y señores, no hay nada que mejor explique lo que es la putrefacción de los espíritus que eso tan alabado por la contemporaneidad que llamamos Estado del Bienestar. El bienestar, por definición, solo puede existir en la otra vida si es que te lo has ganado en esta. En la otra vida, que vendría a ser el recuerdo que dejas a los que te suceden. ¿Te sacrificaste por ellos? ¿Sí o no? No caben engaños al respecto. 

En fin, diría yo que todo apunta a que se está cociendo un nuevo Renacimiento, un volver al reconocimiento de la agonía como el único motor posible de vida. 

viernes, 25 de julio de 2025

De demonios, vampiros y mediocres

Lo de este Papa americano me tiene patidifuso. Escucho un sermón suyo titulado "Seis señales de que alguien en tu vida es un demonio real" y quedo maravillado por la precisión con la que diseca el alma de los vampiros. No es que lo diga yo, es él mismo el que llama vampiros a aquellos que son utilizados por el demonio para difundir el mal. Te enseña a distinguirlos y te da claves para defenderte de ellos. Porque están por todos los lados, camuflados tras actitudes de bondad, empatía, tolerancia, relativismo moral y demás simpáticas características que dan forma al arquetipo del mediocre. Esa parece ser la cuestión esencial que quiere desvelar al mundo este Papa, que todo mediocre es un vampiro. 

Hace ya muchos años que vengo estando obsesionado con el tema de los vampiros. Los que me conocen, bien lo saben. Obsesionado, sobre todo, por no ser uno de ellos... si es que eso es posible. Nunca es suficiente el esfuerzo que dedicamos a conseguir la máxima socrática del "conócete a ti mismo"; a la que pierdes un poco de pie ya vuelves a los inicios del empeño, es decir, que te vuelven a crecer los colmillos y, entonces, sales corriendo en busca del primer baile de vampiros que se te pone a tiro. 

Pues sí, este Papa es realmente sorprendente. No en vano estudió matemáticas, que, a buen seguro, es uno de los peldaños imprescindibles a subir para alejarse de la mediocridad. Como el Papa Ratzinger, que había subido otro peldaño no menos imprescindible, el de la música. Son aprendizajes que curten el espíritu por medio de la disciplina y el esfuerzo: no existe otro procedimiento. La disciplina y el esfuerzo que son sinónimos de conciencia de las propias limitaciones; de la auténtica humildad que es escudo contra la soberbia, causa, en última instancia, de todos nuestros males. 

Así que, no se engañen al respecto, vivimos rodeados por todos los lados de demonios reales, vampiros o mediocres, que intentan por todos los medios colonizarnos. Y lo malo es que lo consiguen con harta frecuencia, y no por nada, sino porque no curtimos nuestros espíritus con el sacrificio. Esto es tan elemental que es lo primero que te encuentras en todos los textos que sobrevivieron a los milenios y, sin embargo, ya ven, a la primera de cambio, salimos corriendo hacia cualquier baile de vampiros esperando encontrar allí la comunión de los santos. ¡Qué inocencia!

jueves, 24 de julio de 2025

Ordet

La gente en general se empeña en vivir como si hace cinco años no hubiese pasado nada. Pero el caso es que pasó algo muy gordo que vive ahí, agazapado en las conciencias, luchando a brazo partido por no salir a luz. Así que, ni se te ocurra mentarlo. El gobierno británico le dijo al diputado Andrew Bridgen cuando éste se empeñó en debatir el asunto en sede parlamentaria: ni se te ocurra; necesitamos veinte años de encubrimiento. La misma táctica que siguieron cuando se descubrieron los estragos que hacía la talidomida. Entonces, solo consiguieron once años de moratoria porque era imposible ocultar las monstruosidades que producía la droga. El caso es que Bridgen sacó el asunto a relucir y, ese día, el parlamento se vació de diputados y a Bridgen le expulsaron del partido en el que militaba... el partido único, por supuesto, como en todos los países que disfrutan de eso que llaman democracia. Eso, entre otras cosas, fue de lo que nos enteramos con lo de la pandemia, que todo eso de los parlamentos y demás parafernalias no son más que escenificaciones para mantener engañado al personal. 

¿Engañado? No lo sé. Al final de la era soviética mucha gente decía: ellos hacen como que nos pagan y nosotros hacemos como que trabajamos. A la gente no se la engaña tan fácilmente, lo que pasa es que por propia conveniencia hace como si estuviese engañada. Así es que esperan agazapadas a la que pintan calva: entonces, cuando llega, corre a las plazas públicas a regocijarse con la sangre que chorrea por los cadalsos. Hasta entonces, ¡chitón!

Ayer estuve de tertulia con un amigo de toda la vida que es un convencido apasionado del poder curativo de la palabra. Por medio de la palabra adecuada se puede hacer aflorar aquello que nos atormenta. Una vez pronunciado es como si perdiese su virulencia. Hasta entonces, todo es pudrición por dentro. Hay una película que trata el tema; se llama Ordet y es de un tal Dreyer. El protagonista es un convencido apasionado de la palabra que es capaz de hasta resucitar un muerto con ella. Ya digo, una cuestión de fe: tienes que creer en algo  trascendente para poder estar vivo. Y ese es el problema, que al haber desprestigiado tanto la trascendencia las calles se han llenado de muertos vivientes que quieren un encubrimiento de veinte años para lo que paso hace cinco. 

Voy a dejarlo porque me estoy embolicando, que diría un catalán. De todas formas, que lo sepan, hasta que no hablen a las claras de lo que pasó hace cinco años, no van a poder relajar el culo. 


miércoles, 23 de julio de 2025

La sirenas

 Recuerdo cuando, antaño, uno compraba el periódico independiente -prevención a destiempo- de la mañana, se sentaba en una terraza, pongamos que la del Zurich en la Plaza de Cataluña, y se ponía a escudriñar sus páginas como si allí estuviese la verdad revelada. ¡Un poco más tonto y no nazco! Hoy día, esa verdad revelada muchos creen encontrarla en las redes sociales. Es todavía más siniestro que lo del periódico independiente, porque los algoritmos se las apañan para que todo lo que aparece en la pantalla sea de tu gusto. O, por lo menos, predomine. Como siempre fue y será, la pretendida información siempre es propaganda de parte. A la postre, los acontecimientos en el mundo se desarrollan al gusto de los dioses y si pretendes adelantarte a sus designios no haces más que estrellarte una detrás de otra. 

Pero en las redes hay algo de lo que los periódicos carecían: belleza. Belleza según el gusto de cada cual. Personalmente, hay ejercicios de álgebra o geometría cuya resolución me emociona. Es casi como un vicio: veo el enunciado y no puedo pasar adelante si no lo veo resuelto... ya sea por mis propios medios o por medios ajenos. Lo mismo me pasa con las partituras. Antaño tenía que ir a Audenis, en el Carrer Vàlencia de L´Eixample, muy cerca de mi casa, cuando quería comenzar la aventura que supone ponerte a estudiar una nueva partitura. Ahora solo tengo que googlear el nombre de la pieza que pretendo aprender y me aparece en pantalla, como por ensalmo... es magia potagia; a veces me paro a pensarlo y no me quedo tranquilo porque me parece que hay algo como demoníaco en ello. Cómo es posible, me pregunto, que hayamos llegado a tal grado de omnipotencia. Porque es eso, omnipotencia casi divina para los que no nos hemos parado a estudiar en que consiste el invento. A desvelar el misterio, para que nos entendamos. 

Pero las cosas no son sencillas con las redes sociales, porque por mucho que te quieras centrar en lo que te gusta, el diablo las enreda y pone el grano de los problemas matemáticos o las partituras entre cantidades enormes de paja deslumbrante que perturba la atención y obliga a, como hizo Ulises, atarse al palo mayor de la nave, so pena, en caso contrario, de quedar prisionero de las sirenas. Ese es el gran problema de los medios informativos en general y de las redes sociales en particular, el maldito canto de las sirenas. 

 Recuerdo una entrevista que le hacían al abad de un monasterio francés que se había hecho famoso por la belleza de sus cantos gregorianos. Le interrogaba el entrevistador al monje sobre cómo podían sobrellevar el vivir sin enterarse de lo que pasaba en el mundo. Bueno, le contestó, ¿qué diferencia hay entre enterarse hoy o dentro de diez años de que Mónica Lewinsky le ha hecho una felación al presidente Clinton? Tenga en cuenta, que la única información más o menos veraz a la que tiene acceso la gente es de ese tipo; las verdades que importan no las conocen ni los que tienen las manos metidas en la masa. Lo que es o va a ser solo lo conoce Dios. 

En fin, en resumidas cuentas, que escapas por los pelos de las sirenas y caes en las redes de Circe y, cuando te deja marchar, te metes de hoz y coz en la cueva de Polifemo... eres ya muy viejo cuando por fin llegas a Itaca y te puedes dedicar a lo que te concierne. ¡Y qué le vamos a hacer si así está escrito que sea!

martes, 22 de julio de 2025

Melmot II

 Ayer les comentaba acerca de Melmot el Errabundo y su pacto con el diablo. Hay que tener mucho estómago para leer esa novela; no creo que sea posible digerirla cuando ya has pasado de los cuarenta años... más o menos a la edad a la que comienzas a entender que todo eso que te horroriza también está dentro de ti. Y es que, si tienes la valentía de pararte a pensar pronto caerás en la cuenta de que todo, o casi todo, el sufrimiento de la vida es consecuencia de los pactos que haces con el diablo por cobardía, es decir, para no tener que enfrentar la vida a pelo como hacen los valientes. 

Esa es la cuestión, que no somos conscientes de que no paramos de pactar con el demonio y por eso no comprendemos por dónde nos vienen las tortas. Entonces echas la culpa al sistema o a cualquiera que pasaba por allí, o sea, añades cobardía sobre cobardía y te hundes un poco más... y así hasta que ya no puedes salir del pozo; entonces, convertido ya en un Melmot cualquiera, te dedicas a torturar a todo lo que tienes alrededor en el intento desesperado de apaciguar al demonio proporcionándole clientes -mal de muchos...-. Porque ese es al asunto, que el destino ineluctable de la cobardía es el de convertirte en un verdadero hijo de la gran puta... eso sí, siempre so la capa de la superioridad moral. 

Enfrentar la vida a pelo, ¿qué quieres decir con eso? Pues no sé, quizá, para empezar, mejor morirse de hambre que acceder a la condición de funcionario público. Por ejemplo. ¿O es que todavía no te has enterado que el Estado es el demonio, el mal absoluto? Pues no será porque no hay gente por todos los lados que te está advirtiendo de esa realidad incuestionable. Cuando oyes a tus padres decirte: "Tú, hijo, algo seguro"... pues bien, no son tus padres quienes te lo están diciendo, es el demonio disfrazado de tus padres. Por eso hay que tener tanto cuidado con los padres, porque el demonio les está utilizando de continuo como disfraz para dar otra vuelta de tuerca a su dominio sobre ti. 

En fin, como con todo en esta vida, caes en la cuenta cuando ya no tiene remedio. Pero, bueno, menos mal si caes en la cuenta. Así, por lo menos, puedes implorar la misericordia de los dioses y, a lo mejor, te conceden el favor de poder dormir sin tomar pastillas. 

lunes, 21 de julio de 2025

Melmot

Ayer, cuando paseaba al atardecer por el muelle del pesquero, me topé con un conocido de esos que, como piensan que eres un facha, se sienten en la necesidad de blasonar de izquierdosos a la primera de cambio. Gente cansina que uno no sabe por dónde entrarles por aquello de evitar en lo posible la crueldad... que, a la postre es lo único que funciona. Sin venir mucho a cuento, el tipo sacó a colación un asunto que por la visto anda de moda entre los de esa calaña, la injusticia social que suponen las herencias. No es ético, me argumentaba acaloradamente, que algunos lo tengan todo resuelto por haber nacido en una familia rica. Entonces, ya hasta el gorro de aguantar sandeces, le dije una crueldad: hay una cosa de la que yo tengo experiencia y tú no: desde el día en el que tienes hijos dejas de dormir a pierna suelta por los restos; nunca consigues verlos seguros. Si no fuese por los hijos, añadí, seguiríamos viviendo en las cavernas. Pensar en la seguridad de los hijos es lo que nos lleva a sacrificarnos. A la postre, los hijos son el principal motor de la economía. Ahí, al hombre, se le acabaron las contrarréplicas. Se la tuvo que envainar. Qué iba a decir el pobre, que, además, estudió esa carrera tan graciosa que llaman psicología y, para rematar, fue toda su vida funcionario y a mucha honra. Y es que en lo de tener o no tener hijos está, pienso, la mayor diferencia posible que puede haber entre los humanos. No hay más que ver los sketchs sobre tal particular del cómico británico Michael McIntyre para abandonar cualquier duda que pudieras albergar respecto de esa diferencia. 

Es tremenda la vida de las personas que no pueden cargar con su sentimiento de culpa y van por el mundo como un Melmot el Errabundo cualquiera tratando de descargar su insoportable carga sobre el primero que se le pone a tiro. Siempre presumiendo de superioridad moral; de llevar sobre sus hombros el sufrimiento del mundo. A Dios gracias, parece ser que cada vez dan menos el pego. La gente está aprendiendo a ver los colmillos que se esconden tras esos discursos buenistas... empezando por los de uno mismo. ¡Es tan doloroso arrancarse los propios colmillos! Claro que mucho más doloroso es tener que transitar por la vida con ellos... ya digo, Melmot el Errabundo, el hombre que más hizo sufrir a la humanidad por no poder soportar el sufrimiento que llevaba dentro... y todo por haber pactado con el diablo para no sufrir. El típico izquierdista para que nos entendamos. 

En fin, perdonen el desvarío, pero es que el tipo me puso la cabeza tan espesa que, si no me desahogo, reviento. 

domingo, 20 de julio de 2025

El ahorro

Como se suele decir, a la vejez viruelas. También se dice, más vale tarde que nunca. Sea como sea, he tenido que llegar a muy viejo para caer en la cuenta del poder decisivo que el ahorro tiene en la consecución de eso que llamamos paz espiritual. Todo es interiorizar el concepto y dejar de desear lo inútil como fórmula para intentar huir de uno mismo. Porque no se engañen al respecto, la tortura por excelencia de esta vida es intentar huir de uno mismo por medio del consumo de bienes materiales prescindibles. 

Lo del consumo inútil es como lo del pez que se muerde la cola. Consumes para curarte de un malestar interior y cuanto más consumes peor estás. Es como una bebida que produce sed; un ciclo infernal que, a su vez, es el origen del malestar social imperante en los países que, dado su producto interior bruto, se les debiera suponer emporios de felicidad... nada más lejos de la realidad si nos atenemos al volumen de consumo en esos países de sustancias psicotrópicas con las que se trata de paliar la frustración producida por el consumo inútil. 

Claro que no podemos perder de vista que, en la mayoría de los casos, ese abultado producto interior bruto es la consecuencia del consumo inmoderado de bienes inútiles. Y que nadie me venga con la milonga de que es muy difícil distinguir lo útil de lo inútil, porque estamos hechos de tal modo que nuestra conciencia, no solo detecta al instante la diferencia, sino que, también, responde con bienestar o malestar en función de la elección habida.

Les cuento estas cosas a propósito de un vídeo que acabo de ver en el que se reflexiona sobre la relación que tienen los suizos con el ahorro. Los suizos, a lo que se ve, tienen muy interiorizada la tradición del ahorro. Buena vivienda, comida racional, universidades elitistas, ciudades silenciosas y bancos seguros para sus ahorros. En definitiva, el país más admirado y envidiado de la tierra. ¿O no? Supongo que cada cual tendrá su opinión al respecto; he oído demasiadas veces decir que es un país muy aburrido. ¿Qué se quiere decir cuando se dice que un país es aburrido? ¿Aburrido para quién? Se lo diré, para quienes, como la zorra de la fábula, ven las uvas muy verdes. 

Sea como sea lo de Suiza, en lo que ya no me cabe la menor duda es que si hay algo aburrido en esta vida eso es gastar dinero sin otro objetivo que el de huir de uno mismo. Ya digo, una pretensión completamente fallida. Como si no se supiese desde los tiempos de Confucio para atrás que del hastío de uno mismo solo se huye cultivando un jardín. No hay mejor ahorro que ese.  

sábado, 19 de julio de 2025

Conceit

 "Conceit in weakest bodiest strongest work." Hamlet, Act III. Sc IV, 114.

(Orgullo, amor propio, soberbia, petulancia, intransigencia, engreimiento, intolerancia, trabajan duro en los cuerpos débiles)

Son las armas naturales de aquel al que la naturaleza hizo, no solo débil de cuerpo, sino, también, tan corto de entendederas que no es capaz de caer en la cuenta de que no tiene un par de tortas. No sé quién, ni de dónde lo sacó, aquello de que Dios donde quita pone; para mí que tal aserto falla demasiado, mucho más, en cualquier caso, que aquel otro que asegura que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Así, si naces canijo, se te pega al cuerpo una mala leche que no te deja crecer el entendimiento por mucha voluntad que le eches, porque toda la fuerza se va en construir autodefensas que, luego, por lo general, no resisten el primer embate de la vida. Al final, para sobrevivir, al debilucho, solo le queda la maldad; la intriga, la traición, la sed de venganza, agrandan su ciclo vital... si es que no cae fulminado por una merecida hostia enviada desde el cielo. Sé todo esto por propia experiencia: la naturaleza me hizo canijo... como a la inmensa mayoría, por otra parte. 

Para mí que toda la sabiduría del mundo moderno se encierra en dos personajes de ficción. Hamlet y Don Quijote. En fin, allá cada cual con sus preferencias. Pero que nadie se llame a engaño después si alguien le llama chacha, porque no hay nada que más se pegue al espíritu que la mala literatura.

viernes, 18 de julio de 2025

Descerebrados.

Tal día como hoy, hace ochenta y nueve años, un grupo de militares se sublevó y, después de casi tres años de guerra, consiguieron hacerse con el poder. A partir de ahí, la historia de España cambió radicalmente. Hubo que pasar por el desierto, como por otra parte es preceptivo en estos casos, pero en menos de veinte años ya se había llegado a la tierra prometida. Para el año cincuenta y nueve, el mismo en el que yo fui a Valladolid a iniciar mis estudios de medicina, en España ya habían quedado muy atrás las hambrunas. Pues bien, como quieren hacernos creer algunos descerebrados, que desgraciadamente son muchos, las cosas podrían haber sido mucho mejor si hubiesen sido de la forma que a ellos les hubiera gustado que hubiesen sido. ¿Cabe mayor descerebramiento que pensar la historia de semejante modo? Claro, si las vacas hubiesen dado la leche con neskuit, ya, ni te digo lo que podría haber sido. 

Pero ahí está el punto y la fineza de todo este negocio, que las cosas han sido como han sido por el querer de los dioses y la memoria se ríe de los descerebrados que pretender tergiversarla para acomodar los recuerdos a sus particulares preferencias ideológicas. La España actual es hija de aquella sublevación militar que, tarde o temprano, se acabará reconociendo, hasta por los más conspicuos descerebrados, que fue el punto de inflexión -la segunda derivada de la ecuación, para que nos entendamos- que marcó el despegue hacia lo que se conoce como modernidad, es decir, sacarse de encima la angustia por la inseguridad de las necesidades más primarias. 

Lo que pasa, es que cuando se va la angustia por las necesidades primarias, comienza la insatisfacción por los deseos inalcanzables. Y a alguien hay que echarle la culpa so pena de tener que sacrificarse. Ese es el nudo gordiano que un descerebrado es incapaz de desatar, el del sacrificio. Llevo oyéndolos decir que hemos venido aquí a disfrutar desde que tengo uso de razón. Esa es la esencia de lo que llaman socialismo: la negación del sacrificio. Según los socialistas, todo se puede solucionar con un poco de ingeniería social, que, en esencia, se resume en quitar a los que trabajan para dárselo a los perezosos. 

Así ha sido como los descerebrados han conseguido sacar adelante la que podríamos llamar ley pleonasmo -de memoria histórica dicen ellos-. ¿Se puede imaginar alguien mayor imbecilidad? La verdad, no me explico cómo hemos podido llegar a tales despropósitos. Aunque por otro lado sé muy bien, por propia experiencia, a qué grados de retorcimientos de la lógica puedes llegar en el afán de autojustificar la propia vaguería. 

En fin, 18 de julio, alzamiento nacional, con su símbolo por antonomasia, el que quieren derribar los socialistas, la cruz del Valle de los Caídos. ¿Se dan cuenta de cómo todo encaja a la perfección? ¡A mí con sacrificios, con lo listo que soy! Hago una ley pleonasmo y me dedico a robar a los currelas... y a vivir que son dos días.

jueves, 17 de julio de 2025

El templo

 Ayer les decía que a Don Quijote la cultura no le había servido de nada a efectos prácticos. Lógicamente, se trataba de una provocación que, como ya he podido comprobar, ha dado sus frutos. Siempre que sale a relucir la palabra cultura me acuerdo de aquel chiste que tanta gracia nos hacía de niños: un extranjero ve que en todas las iglesias hay unos cajoncitos con una ranura encima y un cartelito en el que pone "para el culto de la parroquia". El extranjero no entiende y pregunta a uno que andaba por allí: ¿esto del culto de la parroquia, a qué se refiere? Al señor cura párroco que sabe siete idiomas, le contesta. 

Definir palabras que hacen referencia a cosas del espíritu es muy complicado. Tanto, que no creo que haya nada que haya hecho gastar más saliva ni correr más ríos de tinta. La cultura, sin ir más lejos: ¿qué coño queremos decir cuando decimos cultura? Me limitaré, para resumir, a lo que dice Pessoa: 

"Hay una erudición del conocimiento, que es propiamente lo que se llama erudición, y hay una erudición del entendimiento, que es lo que se llama cultura. Pero también hay una erudición de la sensibilidad.

La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida, La experiencia de la vida nada enseña, lo mismo que la historia nada informa. La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así la sensibilidad se ensancha y profundiza, porque en nosotros está todo; basta que lo busquemos y lo sepamos buscar."

Como ven, la cosa está bastante embarullada: erudición, conocimiento, entendimiento, cultura, experiencia, sensibilidad... cada cual que haga de su capa un sayo. 

Lo que sí es evidente es que, si ha habido algo útil a la humanidad, eso ha sido la cultura de Don Quijote. Pocas cosas en el mundo han ayudado tanto a comprender de que va esto en lo que nos hallamos inmersos como las locuras de Don Quijote. Yo diría que Don Quijote, no solo conoce a los clásicos del pensamiento, sino que les entiende e, incluso, va más allá, porque ha restringido tanto el contacto con la realidad del pensamiento clásico que está en posesión de esa erudición de la sensibilidad que, a la postre, sería lo que comunica al hombre con lo divino. Las homilías de Don Quijote, o son el resultado de miles de horas de reflexión o el producto de la revelación divina... ustedes deciden.  

Así que, conviene tener una idea lo más aproximada posible de a qué nos estamos refiriendo cuando pronunciamos la palabra cultura. Porque puede que solo nos estemos refiriendo a la erudición, que es como tener un almacén lleno de materiales de construcción que no sabemos cómo emplear. Saber hacer una casa con ellos sería el entendimiento. Saber hacer un templo, lo siguiente... la verdad revelada. 

En fin, lo útil y lo inútil; qué difícil distinguir a simple vista. Hace falta mucha reflexión, o mucha verdad revelada, la de los textos sagrados, para no ir ciego por la vida. De ahí que no estemos perdiendo el tiempo cuando restringimos el contacto a esos textos, les damos mil vueltas y, con el material extraído, nos ponemos a construir un templo. ¿Porque, qué mierda de vida seria ésta si ni siquiera lo intentásemos?

miércoles, 16 de julio de 2025

Don Quijote

Don Quijote es un tipo muy culto; ha gastado hacienda y tiempo para conseguirlo, pero, a la hora de la verdad, de nada le sirve a efectos de eso que hemos dado en llamar autoestima y que no es sino orgullo de uno mismo. Esa es la realidad, que saber muchas cosas no es motivo de orgullo si esas cosas no te sirven para hacer algo útil. Porque el ser humano solo sosiega el espíritu si realiza tareas que son útiles para él y para los que le rodean. Y eso que llamamos cultura, por sí sola, a efectos prácticos, es como no saber nada. Solo sirve para bavardear en la terraza de un bar y poco más. Supongo que, si la añades a un oficio, el oficio se verá revalorizado. Pero, ya digo, por si sola, no creo equivocarme si digo que es como llover sobre el mar. 

Así es que, a Don Quijote, lo que en realidad le pasa es que está deprimido y como no sabe hacer nada, no ve otra vía de escape que la locura. O sea, quiere convencerse de que sirve para algo haciendo chorradas. Es exactamente lo mismo que vemos por ahí a todas las horas: gente haciendo chorradas que solo sirven para generar anécdotas graciosas para contar a los contertulios. Aunque, las más de las veces, tenemos que reconocerlo, en vez de graciosas son molestas cuando no nocivas. Pero esta es otra historia. 

El caso es ese, que Don Quijote se pasa lo más del tiempo intentando convencer a la gente de lo importante que es para el mundo el ejercicio de la andante caballería: prevención a destiempo, malicia arguye. Es evidente que nadie que esté convencido de que lo que hace es útil se dedica a ir pregonándolo por ahí; y no por nada, sino porque los hechos hablan por sí mismos. 

En fin, ese ha sido mi problema, que empleé lo mejor de la vida en aprender cuatro técnicas de chichinabo que no servían para prácticamente nada y, cuando me caí del caballo y quise aprender algo útil ya tenía las neuronas demasiado rígidas; así que no me quedó más remedio que imitar a Don Quijote... que es en lo que estoy, generando anécdotas para contertulios. ¡Qué vida más errada, por Dios! 

martes, 15 de julio de 2025

Lógica aplastante

 Aparte de que, como no me cansaré de repetir, la parte del león de la culpa de lo que está pasando en lo que llamamos occidente, en general, y España, en particular, no es otra que la manía que le entró a la gente de no tener hijos porque, se argumentó, son un lastre para la diversión entronizada como meta a la que se debe aspirar para conseguir eso que se conoce como realización personal... ¡A la realización por la diversión! ¡Y a tomar pol saco la bicicleta de pedales! ¡Buena gana en habiéndolas eléctricas! A eso se reduce todo, a eliminar el sacrificio que debemos a los dioses. No les necesitamos para nada teniendo como tenemos al Estado omnipotente que mira por nosotros. 

Sin hijos se crea un vacío, primero en el alma de las personas, después en el de los pueblos. Y ya saben lo que succiona el vacío. Succiona sin discriminación todo lo que hay alrededor. Esto que les cuento, no se crean que me lo he inventado yo; lo he leído en los textos antiguos. La mitología está llena de ejemplos de padres que exponen a sus hijos a las fieras del bosque pensando que así evitarán que les destronen. Pues bien, si no te destrona tu hijo, te destronará el que vino a llenar el vació que dejó tu hijo... y será mucho peor porque el venido siempre será un bárbaro.  

Bueno, es en lo que estamos, en un destronamiento masivo. ¿O no es eso lo que dan a entender todas esas revueltas que se diseminan por toda Europa, España incluida? Esos recién llegados, resentidos expulsados de sus países por la codicia de sus gobernantes, paradójicamente, quieren implantar aquí las costumbres -cultura que le llaman- que ha sido la causa de la miseria que les obligo a emigrar. No siempre es el caso, desde luego, pero sí de una frecuencia más que preocupante. Y es que ya saben lo difícil que es pasar del resentimiento al agradecimiento; son cosas de la condición humana. 

¡La dichosa diversión! Todo son fiestas alrededor. Suenan los cohetes, la música pachanguera, y el estruendo de las atracciones de feria. Ya llevamos más de un mes así y lo que te rondaré. Los munícipes no descansan en su empeño de llenar el vacío existencial que produce el desprestigio del  sacrificio. Y entre fiesta y fiesta, estallido. Los bárbaros ven al enemigo distraído y aprovechan la ocasión. Es todo de una lógica aplastante. 

Me imagino que todo esto acabará en lo que siempre acabaron las situaciones históricas similares, en el triunfo de los bárbaros. Claro que llamar bárbaros a gente que tiene hijos y civilizados a los que no quieren tenerlos, es algo que nos lo debiéramos hacer mirar, como se dice ahora para indicar que lo que estamos haciendo es una mamarrachada. En fin, así es la historia de la humanidad porque, sin duda, así lo tienen dispuesto los cielos y no hay más tu tía. 

lunes, 14 de julio de 2025

Por probar de todo... de tirarse a un pollino encontró modo

 

El Asno de Oro

A cualquiera que haya leído El Asno de Oro de Apuleyo le sonará esta imagen. Una millonaria se entera de que hay un asno que no habla, pero entiende todo lo que se le dice y decide que quiere tener relaciones sexuales con él. Ya saben que a los millonarios no se les pone nada por delante. Total, que el burro se la mete, pero ella no se satisface: una demostración fehaciente de que big is not better (mayor, no es mejor). En cualquier caso, la imagen que les muestro forma parte del álbum de sátira política que los hermanos Bécquer hicieron a los Borbones. Era fama que la reina Isabell II, como la millonaria del cuento, nunca se satisfacía. 

Les traigo esto a colación porque ayer me estuve enterando de como anda el patio por los círculos del poder, aquí, en esta España nuestra. Es todo de una sordidez apabullante. ¿Cómo ha podido encumbrarse semejante gentuza? Pues muy fácil: aprovechándose de los recursos que proporciona un sistema político, por así decirlo, de ADN idealista. La democracia se fundamenta en la idea de que la gente es buena, honesta y, sobre todo, sabia. Las reglas del juego son claras y contravenirlas es prácticamente imposible. Ya digo, puro idealismo o, mejor si quieren, pura oligofrenia. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que no hay ni un solo juego en este mundo en el que no acaben haciéndose con la banca los tramposos.  

El problema, tal y como yo lo veo, es que para que funcione la democracia hay que borrar del mapa a los tramposos, o sea, un imposible metafísico, y no por nada, sino porque la naturaleza tiene dispuesto que, a aquellos a los que menos ha dotado, les sea lícito sobrevivir por medio de las trampas. Dado todo lo cual, fácilmente comprenderán que lo de la democracia no puede pasar de ser una mera y burda ilusión. Y no se crean que soy yo el primero que se ha dado cuenta del asunto; a los cuatro días de haber Solón dado a luz el invento ya tuvo que venir Pisístrato a poner orden en el desaguisado que se había producido. 

Y es que en la democracia es todo grotesco. Gente que nunca ha producido nada es la que se encarga de decir a los que saben producir cómo tienen que producir. A esto se reduce todo: puro parasitismo. Todo basado en trampas de raíz supuestamente cristiana: justicia social, igualdad, redistribución... etc.. ¿Cómo se va a poder competir con gente que dice que va a quitar a los ricos para dárselo a los pobres? Es imposible de toda imposibilidad. Y, sin embargo, en eso es en lo que estamos. Por eso al final, como dice Hayek, todos los partidos políticos son socialistas, o sea, juegan haciendo trampas. 

 Por cierto, que he visto una foto del presidente del gobierno y ¡madre mía, qué cara se le ha puesto! Se ve a las claras que lleva fatal que le hayan pillado con las manos en la masa. 

domingo, 13 de julio de 2025

¡Ánimas benditas!

 



Supongo que es inevitable. Los años postreros de la vida, a nada que uno conserve dos neuronas, los pasa en gran medida en el purgatorio. Purgando las culpas por tanta equivocación dañina cometida. Porque, ¿quién se libra de haber sido una sucesión continua de equivocaciones entre las que muy de vez en cuando se intercala un acierto? No tengo ni idea de cómo podríamos escapar a semejante maldición; a lo largo de la historia ha habido gente que ha pensado que, para ello, lo mejor es recluirse en un monasterio para dedicarse a la vida contemplativa. Apostaría que es un remedio peor que la enfermedad... recuerdo una vez, en los inicios de mi andadura profesional, que nos trajeron al hospital a un contemplativo de esos que a la postre resulto tener sífilis. Al final resultó que la casi totalidad de los que compartían con él monasterio estaban aquejados de la misma dolencia. A partir de ahí concluí que en todas las partes cuecen habas y en los monasterios a calderadas. 

Así es que uno va por ahí, contemplando como se pasa la vida, y sin querer la atención es atraída más que nada por lo que a todas luces son las majaderías que sin parar hace el ser humano. Y no es que no sea uno consciente de los destellos de armonía que por doquier resuenan, pero, por lo que sea, mala conciencia acaso, son las disonancias las que más contribuyen a mantenernos despiertos... y con las tripas revueltas. 

Pongamos por caso, eso del genocidio palestino, no hay forma de no topárselo a cada paso. Y pregunto yo, ¿tan difícil sería que todos los que se rasgan las vestiduras por tal cuestión hiciesen un pequeño recordatorio de los judíos que permanecen secuestrados por los palestinos? Porque si los soltasen se acabaría la rabia. O es que lo que pasa es que, a algunos, que son muchos, la vida sin rabia se les hace muy cuesta arriba. En fin, son las incógnitas de la condición humana que no hay quién sepa despejarlas. 

Luego paseo por la calle en cuesta que antaño se llamaba Héroes del Alcázar de Toledo. Pues bien, los munícipes, en un postrero intento de ganar aquella guerra que perdieron hace ya va para un siglo, han decidido sustituir ese nombre por el de Cuesta de las Ánimas. Y a los vecinos no les ha gustado nada porque eso de las ánimas les debe sonar a cosa de curas. Ellos prefieren Calle Parlamento ya que la cuesta va a dar a lo que antaño fue Hospital de San Rafael y hoy es nido de parásitos y extorsionadores, es decir Parlamento de Cantabria. Así es que los vecinos han llenado los balcones y ventanas con carteles como el que les muestro en la foto. ¡Con lo bonito que es lo de las ánimas! Se ve que los vecinos no se han parado a pensar. Y por eso prefieren lo de los parásitos. En cualquier caso, unos y otros, no van a conseguir que se borre de la memoria, así como así, la gesta del Alcázar de Toledo. Porque aquello no fue una cuestión de lucha de bandos, aquello nos recuerda cómo el tesón y la valentía son más poderosos que la adversidad más extrema. Numancia, Sagunto y tantos otros hitos de la historia, pero esta vez con final feliz... y eso es lo que por lo visto jode a los eternos resentidos, por cobardes. 

¡Ánimas benditas, os bendigo yo! Es un recordatorio de todos los que están, o estamos, tratando de purificarnos en el purgatorio. Es la conciencia de los que nos precedieron y de nosotros mismos... de todo lo que nos hemos equivocado. 

sábado, 12 de julio de 2025

The Big Story

 



La gran historia es que Moderna patentó la vacuna del Covid-19 años antes de la pandemia. No es conspiración. Es un hecho. Patente Nº: US 10,702, 600 B1 

Esa patente es del año 2016. O sea, blanco y en botella, como dicen los tertulianos. Sí, todo aquel asunto de la pandemia fue un montaje del poder en curso en un intento desesperado de frenar su inevitable declive a causa de la perdida del monopolio de la información vía redes sociales. Un intento fallido como no podría ser de otra manera por la sencilla razón de que el poder nunca se perpetua, excepción hecha del de Dios que es algo que se nos escapa a los humanos. 

Sea como sea, aquel siniestro episodio fue el tiro se salida para la encarnizada guerra cultural que nos traemos entre manos. No fue por azar que el campo elegido para aquella primera batalla fuese el de la sanidad. Controlar la sanidad es la clave de la manipulación por el miedo. De hecho, el poder en curso financia ejércitos sobredimensionados de médicos que no tienen otro objetivo que el de convencer a la gente de que está enferma; es decir, tenerla siempre esperando angustiada el resultado de unas pruebas médicas. 

Pero, ya digo, fue un intento fallido. Porque, esta vez el poder ya no pudo silenciar a los despiertos. Se le escaparon por el resquicio de las redes sociales y fue tanta su repercusión que hoy día ya no sirven los insultos para denigrarlos; hoy día son un enemigo con muchas posibilidades de ganar. De hecho, el triunfo de Trump en EEUU no es sino la consecuencia de que los despiertos han tenido éxito con su mensaje. Ya no se les puede combatir desde los medios de comunicación tradicionales, como se hizo durante la pandemia, ahora hay que recurrir a los tribunales con la esperanza de poder comprarlos. 

Así es como andan en EEUU, con batallas jurídicas. El ministro de Sanidad, Sr. Kennedy ha promulgado una moratoria para las vacunaciones del Covid a niños y embarazadas. Cuarenta asociaciones médicas y empresariales, le han llevado a juicio por ello; les va la vida en demostrar que no se equivocaron con lo de la vacuna de marras. Siempre son iguales los estertores de cualquier poder: huir hacia el precipicio. Hasta los niños saben ya que lo de las vacunas del Covid fue un invento de Frank de Copenhague. 

Y dirán ustedes, ¿qué pintan Coca-Cola y Walmart poniendo pleitos al Sr. Kennedy por lo de las vacunas? Pues esa es la cuestión, que se empieza a despertar por las vacunas y se puede seguir por la Coca-Cola y todo ese consumo estúpido que se promueve desde corporaciones como Walmart. Así es que nada de lo que extrañarse de que todas esas corporaciones intenten por los únicos medios a su alcance -los de corromper a las instituciones- parar la avalancha de deserciones que se les viene encima. 

Coca-Cola, ¡ya te digo!, ¡menuda mierda!


viernes, 11 de julio de 2025

Tántalo

 


A ustedes ¿qué les inspira más confianza, los disturbios o las elecciones? ¿Con cuál de las dos posibilidades les parece que se podrían albergar más esperanzas de una cierta restauración del orden moral desbaratado? Personalmente me decanto por los disturbios: podrían dar lugar a las cenizas en las que se incubase el huevo del Ave Fénix. De las elecciones, solo espero la perpetuación de la podredumbre. Porque, ¡vamos a ver!, ¿cómo va a ganar las elecciones un tipo que promete sangre, sudor y lágrimas, frente a otro que promete el paraíso? Así es que, a la que el invento se descubre, todos los contendientes prometen el paraíso y gana siempre el más sinvergüenza -honestamente le digo, le voy a ser sincero, ¿les suena?-. Solo cuando la percepción social es de estar al borde del estallido es cuando, hipotéticamente, puede ganar el más honrado. 

Supongo que esa A dentro de un círculo con la que se firma la consigna de la foto es el logotipo de los anarquistas. Los anarquistas siempre han tenido todas mis simpatías y, desde que escuche a Hayek lo del "orden espontáneo", las simpatías se hicieron convicción. La ingeniería social que la haga cada uno consigo mismo, que, como decía Pessoa, eso le llevará toda la vida. Y es que adaptar los propios deseos a las leyes no escritas del cielo es muy duro: sangre. sudor y lágrimas, en definitiva. Sí, señoras y señores, ser anarquista es la forma más sacrificada de estar en el mundo que se puede concebir y por eso supongo que será que solo tiene cabida en los sueños adolescentes... sueños de pureza, para que nos entendamos. 

Restaurar el orden moral interno es una tarea tantálica, de Tántalo, el titán al que los dioses habían arrojado al inframundo por haber querido igualarse a ellos. Por eso es tarea de toda la vida, porque, como siempre andamos queriendo igualarnos a los dioses, es inevitable que estos nos arrojen al Tártaro del que tantos esfuerzos cuesta salir... si es que se sale. Yo diría que hay que ser anarquista para conseguirlo: mucho temor de Dios y mucha autodisciplina, es decir, lucha a muerte con uno mismo. 

Tántalo, Prometeo, siempre estamos en las mismas, sufriendo las consecuencias de tirar el pedo más alto que el culo. Y no hay forma de que aprendamos... a la que dejamos de adolecer se nos borran de la mente todos los sueños anarquistas y vuelta al Tátaro. O a encadenarse a una roca del Cáucaso. 

jueves, 10 de julio de 2025

A nuestro parecer


Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.




Ahí están mis nietos, hace ocho años de eso, ajenos al paso del tiempo. Hoy, él, nómada digital, vive en Medellín, la ciudad de la eterna primavera. Ella, cursa estudios en la London Academy of Music and Dramatic Art. Ya son dos personas adultas. Y de aquí a nada serán viejos y yo, en el mejor de los casos, un recuerdo lejano.


Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos.

Hace ocho años, una tarde de verano, fuimos a Paredes de Navas. Estuvimos allí, sentados en un banco de la plaza, una de las más bellas que conozco, viendo como se ponía el sol y escuchando el griterío de las golondrinas. Los niños, con la desenvoltura que les caracteriza, jugaban con Jorge Manrique como si fuese su tío.  

Curiosamente, más o menos a la edad que tenían mis nietos en esa foto a mí me hacían aprender en el colegio las Coplas a la Muerte de Mi Padre. La mayoría se me olvido, pero hay estrofas que me quedaron en la mente como gravadas a fuego.  


cuán presto se va el placer;
cómo después de acordado
da dolor;
cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
 

A nuestro parecer y solo a nuestro parecer. Esa es la clave de todo, que confiamos en que nuestro parecer es la realidad y, por lo general, nada más lejos.

miércoles, 9 de julio de 2025

Sabérselo montar

 Es inevitable que, cuando andas de cháchara con cualquiera, salga a relucir como por ensalmo la apestosa situación en la que se encuentra el mundo. Quizá es que yo, por lo general, chachareo con gente que está ya en esas edades en las que tira más la nostalgia de un pasado idealizado que las expectativas de un futuro imposible. Supongo que son los mecanismos que tiene la condición humana para poder sobrellevar la conciencia del tiempo que pasa: si viésemos por delante un futuro brillante no podríamos soportar la idea de tener que partir ya, sí o sí, como se dice ahora. Por eso quizá sea que nos cuesta tanto entendernos con los jóvenes, porque ellos sí que viven, y razonan, en función de las expectativas que los viejos sabemos por experiencia que raramente se cumplen. 

En cualquier caso, situación apestosa o no, el mundo, como el Ave Fénix, siempre está en trance de quemarse para poder luego renacer de sus cenizas. Y unas veces está más cerca del renacimiento y otra de la traca final. De hecho, hay para todos los gustos, porque, mientras en unas partes se hunden, en otras están levantando el vuelo. Concretamente aquí, en Europa, diría yo que hay una sensación de hundimiento que seguramente está agravada por el tener que ver cómo se hacen señores los que antes nos servían. El caso es que la gente anda más mohína que el burro de Villarino, que tururururú, que tururúruru, que la culpa la tienes tú. Ese es, en definitiva, el problema que nos está apestando, el echarnos la culpa los unos a los otros como si aquí no estuviésemos todos hasta el cuello de miseria espiritual. 

Miseria espiritual. Ayer me decían, cuando comentábamos estas cosas, que el origen del malestar está en que ya no se lee la Biblia. Es una buena explicación. Recuerdo, allá por los años setenta, cuando todavía solía frecuentar los bailes de vampiros, que hacía entre furor entre el personal adoctrinado la frase "sabérselo montar". ¿Qué se quería dar a entender con esa frase? Se lo diré: pegarse la gran vida sin que ello supusiese la necesidad de sacrificarse. Un imposible metafísico. Como lo son todos los sueños de los vampiros. O de los que socializan, para que mejor me entiendan. 

Efectivamente, la lectura de la Biblia es el mejor antídoto que existe contra el vampirismo, la socialización y demás mandangas con las que se construye ese pretendido "sabérselo montar" que está en el origen de todas las decadencias. Siempre en búsqueda de diversión; que nada perturbe ese objetivo... incluido tener hijos, que no nos engañemos al respecto, es lo que más ayuda a bajar de las nubes y poner los pies sobre tierra firme; y no por nada, sino porque tener hijos es sinónimo se sacrificio y sufrimiento, o años de desierto, si mejor quieren, que, como todo el mundo sabe, es la única forma posible de llegar a la tierra prometida... claro, como ya no se lee la Biblia, la gente no se entera de esas cosas. 

En resumidas cuentas, que esta pestilencia de la que la gente habla, seguramente no es sino la consecuencia de tanto adorar ídolos. No nos queda otra que esperar a que Moisés baje del monte con las tablas y las estampane sobre nuestras cabezas. Así, es seguro que se nos quitara la tontería por una temporada. 

martes, 8 de julio de 2025

Ratio y prudentia

 


AGUASONDA

Ratio et prudentia curas, non locus effusi late maris arbriter, aufer. (Es razón y sabiduría lo que disipa nuestras penas y no los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares). Horacio.

Fuimos a ver lo de Aguasonda y, como da testimonio la foto que les muestro, estaba espectacular. No tanto, como aquel día de Navidad de hace ya como sesenta años que fui con mis hermanos a ver un petrolero al que el temporal había partido por la mitad y una de sus partes había varado allí. En cualquier caso, pude comprobar que ya no se llama Aguasonda, sino Arnillas. Quizá es que Aguasonda sonaba franquista, o algo así. En fin, lo que sea, para el caso da igual; allí estuvimos hablando con el propietario del antiguo molino de mareas -mi padre se lo vendió a su padre- ahora convertido en una granja moderna. Los años no han pasado en balde. 

El caso es que, como sostenía Horacio, los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares no me disipan las penas. Antaño me podía hacer esa ilusión, pero ya no me funciona el invento. Subir y bajar a estas edades por aquella geografía arriscada, azotada por los vientos, es algo que te apega a la realidad de la propia condición. Como se decía antaño, uno ya está para sopitas y buen vino. El rugido de los mares o la eterna sonrisa de las ondas marinas te la trae al pairo. Mucho mejor, como decía aquel poeta indio, escuchar los gritos de los niños que juegan en la calle desde un sillón reclinable cabe un ventanal a poniente.

Cabe un ventanal a poniente, con mis guitarras a mano, y mi Quijote, y mi Biblia, y mi Euclides... y María que anda por la casa enfrascada en sus asuntos. Y así hasta que Dios disponga.  




lunes, 7 de julio de 2025

Aguasonda

Hoy me caen los ochenta y tres y aquí sigo, manteniendo incólume mi obsesión por intentar comprender el mundo en general y mi íntimo yo en particular. Y no es que no haya comprendido ya que es una pretensión imposible, una vanidad, en definitiva, pero he vivido toda la vida con ese engaño y he cogido tanta inercia que me es imposible salirme de ese camino.

Reflexionábamos esta mañana sobre el ¿por qué leer? ¿Qué es lo que nos impulsa a emplear tantas horas de la vida en ese quehacer? Supongo que muchos, quizá todos, leemos para dar pábulo a esa pretensión de conocimiento. Incluso, se nos inculcado la absurda idea de que hay una relación directamente proporcional entre horas de lectura y conocimiento de la vida. Nos olvidamos de aquella máxima cervantina de "dos en la vida y una en los libros". Me apostaría cualquier cosa que se aprende más de la vida, y de uno mismo, montando una empresa de lo que sea que haciendo una licenciatura de filosofía. Por cierto, compruebo que se extiende por la ciudad la moda de los mendigos intelectuales: se sientan a la puerta del supermercado con un libro en las manos, el platillo para las monedas a sus pies, y aquí me las den todas.

En cualquier caso, una cosa es leer por leer, para pasar el rato y tener motivos de conversación cuando vas al bar, y otra leer para intentar aliviar la angustia existencial que nos produce la conciencia de ignorancia. Lees porque piensas que en los libros vas ha encontrar el porqué de que las cosas sean como son. Y sí, es verdad que muy malo tiene que ser un libro para que no haya en él algunos destellos de sabiduría, pero, no nos engañemos, los pocos libros que han configurado el pensamiento del mundo solo son accesibles después de haber pasado por, al menos, cuarenta años de desierto. Por eso es que la lectura de libros como El Quijote, en palabras de su autor, solo pueda ser una celebración cuando lo lees en la vejez. Y, como el Quijote, te diría la Biblia, el Poema de Gilgamesh, La Ilíada, La Odisea, las tragedias griegas, La Divina Comedia, El Decamerón, el Libro del Buen Amor, Hamlet y, a la postre, El Libro del Desasosiego. Son libros que, como me puntualizaban esta mañana, rebosan de pasión, pero también de reflexión, esa mezcla de ingredientes que convierte a la literatura en la reina de todas las artes.  

Resumiendo, que he quedado con María para ir a comer a Galizano. Quiere que la enseñe Aguasonda, la playa a la que iba de niño con mis padres. Había allí una pequeña ría que en tiempos había sido utilizada para mover un molino de mareas. Allí seguía el molino, convertido en granja. Más de setenta años de aquello. Mucho desierto por medio.  

domingo, 6 de julio de 2025

Nicolás Gómez Dávila

Sostiene Nicolás Gómez Dávila que se necesita distancia entre los hombres para que el espíritu respire. No creo que en está época que nos ha tocado vivir pueda haber una sentencia más necesaria por acertada. 

Nicolás Gómez Dávila sería un genuino representante de eso que los franceses llaman "les nouveaux réac" (los nuevos reaccionarios), lo que pasa es que, como en vez de francés es colombiano, pasa desapercibido... o, mejor dicho, pasaba, porque presumo que se va a escuchar hablar mucho de este señor en los tiempos venideros. 

Los nuevos reaccionarios -Houellebecq es un claro exponente de ellos- llegan al mundo en el momento preciso para salvar a la humanidad de la asfixia del espíritu que padece a causa de esa enfermedad putrefacta que llaman socialización. 

La socialización consiste en negar la relación del hombre con lo divino - porque ya no hay Dios- y, por tanto, todo sentido de trascendencia. Nos quieren hacer creer que los hombres pueden sustituir a los dioses y, entonces, lo correcto es amontonarse a todas las horas. La sociedad socializante es la sociedad del amontonamiento. Todo está pensado en función del amontonamiento. O sea, en tratar de evitar por todos los medios que los espíritus respiren. Y es que con espíritus sanos son imposibles las mafias del poder... eso que llaman Estado.  

Lo que nos quieren recordar los nuevos reaccionarios es que el único poder con el que puede funcionar el mundo es con el poder de Dios. Un Dios imposible de engañar porque está en todas partes y todo lo ve. Un Dios, en definitiva, al que hay que temer porque es implacable: no perdona hasta que no has pagado tu deuda. Toda la civilización se sustenta en esa construcción mental. 

Así que estén atentos al dato: reconstruir la relación del hombre con lo divino; la contrarrevolución en ciernes que es la nueva revolución. Nicolás Gómez Dávila es uno de sus profetas.  

sábado, 5 de julio de 2025

El autoengaño


 

Salvatore, desde Lima, nos propone esta pregunta de admisión. Supongo que la admisión será al reino de los cielos porque, mientras estás resolviendo el acertijo, adiós problemas terrenales. ¿Se imaginan ustedes lo que sería un mundo en el que la gente se reuniese en las plazas públicas para competir en la resolución de este tipo de acertijos? Ni ordenadores, ni cuadernos, ni plumas, ni nada: simplemente haciendo rayas en suelo como dicen que hacían los antiguos. 

Este acertijo, evidentemente, es para principiantes. En realidad, a lo más que podemos aspirar en esta vida es a ser principiantes; es imposible llegar muy lejos en cualquier cosa que emprendas y, cuando te parece que ya estás a punto de despegar, es hora de partir. Así corre el mundo; los principiantes de ahora se aupan sobre los hombros de los principiantes que les precedieron y se hacen la ilusión por una temporada de que ven un poco más allá. Pero es inevitable caerse del caballo camino de Damasco. En eso consiste toda la sabiduría posible, en caerse del caballo. A partir de ahí lo único que puedes hacer es lo que hace Houellebecq, ir los domingos por la mañana a misa para poder creer un rato en Dios. El pobre hombre dice, que, todo es salir de misa y evaporársele la ilusión. Pero, bueno, algo es algo. 

Yo no voy a misa porque porque soy un fóbico social. Así es que trato de sustituir esa comunión con los acertijos que me propone Salvatore, y otros como él. Así tengo mi rato de relación con la divinidad que es de lo que se trata. Luego aterrizo y me dominan las pulsiones suicidas, y es que eso que llamamos el inconsciente siempre está deseando acabar de una puta vez porque sabe que permanecer aquí es sinónimo de acumular sufrimiento. 

En fin, qué le vamos a hacer si estamos constituidos de tal modo que solo el autoengaño nos permite tirar hacia delante.

En cualquier caso, por si alguien tiene curiosidad por el acertijo, aquí se lo dejo resuelto con mi habitual zafiedad para presentar los trabajos:


 

viernes, 4 de julio de 2025

Motivos para la esperanza

El gobierno de los EEUU de América acaba de realizar una operación policial que se ha saldado con trescientas y pico personas en la cárcel. De esas trescientas, cien al menos son médicos. Y es que lo que se ha puesto al descubierto es un fraude por valor de muchos miles de millones de dólares al sistema público de salud. Me imagino que los periódicos y televisiones no darán noticia de ello porque la mafia médico-farmacéutica está entre las más poderosas, si no la que más. En cualquier caso, ahí están las redes sociales para que el que quiera pueda despertar. 

La foto que les muestro hoy es la del Dr. John Campbell, un héroe de la resistencia. Tiene un portal en YouTube con tres millones y pico de suscriptores. En la mejor tradición británica, el Dr. Campbell nos ha estado informando de todo lo relativo a lo del asunto Covid desde que se cayó del caballo al comprobar que las vacunas salvadoras eran un fraude muy peligroso para la salud. Porque, no había pasado ni un mes del comienzo de las inoculaciones, y las noticias de efectos secundarios ya eran alarmantes entre los círculos profesionales no adscritos a esa mafia que antes los mentaba. Porque esa es la cuestión, que, aunque parezca imposible, todavía hay médicos que arriesgando su integridad profesional se mantienen al margen de esa  mafia. 

Toda la información que da el Dr. Campbell se apoya en trabajos científicos independientes, es decir, realizados sin financiación farmacéutica y publicados en revistas en las que tampoco mete cuchara esa industria. Parece imposible que eso exista, pero existe porque en el mundo siempre queda un resquicio de pureza que es de donde, a la postre, surge el ángel vengador. También, por el portal del Dr. Campbell han pasado muchos de los que estuvieron entre los más prestigiosos profesionales a escala mundial hasta que con la famosa pandemia fueron arrumbados por exigir a los poderes en curso contrate de pareceres. Porque, ¿cómo va a poderse hablar de ciencia sin ese contraste?  Precisamente, la obsesión de los poderes por evitar ese contraste fue la prueba incontestable de que todo aquel asunto era un fraude. 

En realidad, todo lo relacionado con la medicina oficial es un fraude. Empezando por el mantra de que todo el mundo tiene derecho a asistencia médica gratuita por el hecho de existir. El coste por individuo en el sistema público de salud es casi el doble de lo que se paga a las mutuas. ¿Quién paga ese sobrecoste? Los ricos, por supuesto. Ya saben, mientras paguen los ricos, el pueblo, feliz. Luego, siguen con el mantra de que las mutuas tienen que recurrir a la sanidad pública cuando la cosa se pone fea. Otra mentira más en la que no voy a entrar porque con fanáticos es imposible entenderse. A continuación, viene la trampa saducea del más vale prevenir que curar, lo cual algo tiene de verdad siempre y cuando la prevención no tenga nada que ver con el sistema público de salud y sus interminables pruebas diagnósticas, y sí mucho que ver con formas de vida más saludables... menos socialización y más introspección. 

En la esquina superior izquierda de la foto del Dr. Campbell, hay una leyenda que dice: "La vacuna contra la gripe causa gripe". Hay trabajos contrastados que demuestran que los que se vacunan tienen el doble de probabilidades de agarrarla. Y los que se vacunan del covid, cuatro veces más. Ya sé que la gente no se lo va a creer porque a nadie le gusta pensar que se la han metido doblada, pero las cosas son como son y mi experiencia lo confirma: desde que dejé de vacunarme de la gripe, hace ya seis o siete años, no he vuelto a saber del asunto. Y del covid, exactamente lo mismo; nunca, a Dios Gracias, tuve nada que ver con esa entidad nosológica que, según decía Luc Montagnier, ni chicha ni limonada: menos que un vulgar catarro. 

A D.G., parece que el tuerto está empezando a enderezarse con la llegada de Trump al poder, que no ha sido por casualidad, sino porque las tropelías sin cuento cometidas por las mafias del poder han acabado por despertar a muchos millones de personas que no están deseando otra cosa que ver rodar las cabezas de los mafiosos por las plazas públicas. De momento, como ya les dije, trescientos y pico han ido "pa lante", como ahora se dice cuando a alguien le ponen a la sombra por una larga temporada. Y, sin duda, eso no ha sido más que el comienzo, porque el pueblo americano, el más despierto de todos, está sediento de justicia y nadie que no les calme esa sed se va a poder mantener en el poder. 

En fin, ya veremos, pero empieza a haber motivos para la esperanza. 

jueves, 3 de julio de 2025

Orden espontáneo





Ya hace muchos años que el verano me deprime. Yo diría que desde que empecé a tener uso de razón -si es que eso es posible-, allá por los veintitantos, cuando me independicé económicamente. El caso es que, por estas fechas, salgo por la calle y tengo la sensación de estar entre muertos vivientes. Y ya no les digo nada si en el puerto hay atracados uno o dos barcos de esos que llaman cruceros; entonces los que predominan son los muertos vivientes mórbidos. Todo es gente que parece no tener otro objetivo en la vida que resistir con autoengaños el paso del tiempo hasta que llegue la muerte liberadora. Esto ya lo vio venir Samuel el día que los judíos le pidieron un rey para Israel. Les explicó punto por punto lo que suponía dejar que otro te organizase la vida. Pero ellos insistieron y tuvieron lo que querían: sumisión. De Samuel para acá, el invento del rey no ha hecho más que perfeccionarse. Digamos que tanto que, el rey que llaman socialdemocracia, es tan perfecto que los súbditos ni siquiera se enteran de que lo son... con tal de que nadie les impida recoger cacas de perro por las calles, y cosas por estilo, se sienten totalmente realizados, como ahora se dice. 

Ayer me tomé la molestia de escuchar el último vídeo que ha colgado Thomas Sowell en la red. Explica con claridad meridiana el porqué de que tanta gente odie a Trump. Trump es para él como una especie de rayos X que permiten ver la realidad en la que vivimos. Millones de personas han confirmado a través de Trump lo que venían sospechando: que viven sometidos a un grado de sumisión insoportable. El rey que querían los judíos se ha convertido en la hidra de siete cabezas, la de Lerna, que, cada vez que le cortas una cabeza, de inmediato le crece otra, y no hay otra solución para deshacerse de ella que el que venga un Hércules con la rebaja y destruya por el fuego las siete cabezas a la vez. Trump ha salido elegido por abrumadora mayoría de votos, dice Sowell, porque la gente que despertó, entre otras, a causa del zafio montaje de la pandemia, ha visto en él ese Hércules que estaban esperando con ansiedad. Porque ya casi nadie -solo los que viven del invento- cree que pueda haber otra solución que el fuego purificador. Lo que llaman el Estado tiene que desaparecer y hay que volver al orden espontáneo que había antes de que Samuel les diese un rey a los judíos. 

Así que no se engañen al respecto, porque la cosa va de despertar o no despertar, esa es la cuestión. Aceptas o no aceptas que metiste la pata cuando acudiste a vacunarte del bicho imaginario. Claro, comprendo que es muy doloroso aceptar que se ha sido tan necio. Pero tampoco es para tanto si tienes en cuenta que, lo mires como lo mires, la vida no es otra cosa que un encadenamiento de necedades, una tras otra, entre las que muy de tarde en tarde se cuela algún momento luminoso. Aquí, de lo único que se trata es de que esas necedades no sean impuestas por el rey, sino por la propia voluntad. Distinguir esa sutil diferencia es lo que ayuda a despertar. De lo primero que hay que ser dueño en esta vida es de las propias equivocaciones; hasta que llegas a eso no eres más que un desgraciado.  

En fin, nada nuevo bajo el firmamento. Sowell nos lo explica: una crisis de descredito. Como la que había en Francia a finales del XVIII o en la Unión Soviética a medida que avanzaba el siglo XX. El sistema político imperante se desmorona y un incierto nuevo orden asoma por lontananza... ¡ojalá sea espontáneo! El orden, quiero decir.