"Conceit in weakest bodiest strongest work." Hamlet, Act III. Sc IV, 114.
(Orgullo, amor propio, soberbia, petulancia, intransigencia, engreimiento, intolerancia, trabajan duro en los cuerpos débiles)
Son las armas naturales de aquel al que la naturaleza hizo, no solo débil de cuerpo, sino, también, tan corto de entendederas que no es capaz de caer en la cuenta de que no tiene un par de tortas. No sé quién, ni de dónde lo sacó, aquello de que Dios donde quita pone; para mí que tal aserto falla demasiado, mucho más, en cualquier caso, que aquel otro que asegura que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Así, si naces canijo, se te pega al cuerpo una mala leche que no te deja crecer el entendimiento por mucha voluntad que le eches, porque toda la fuerza se va en construir autodefensas que, luego, por lo general, no resisten el primer embate de la vida. Al final, para sobrevivir, al debilucho, solo le queda la maldad; la intriga, la traición, la sed de venganza, agrandan su ciclo vital... si es que no cae fulminado por una merecida hostia enviada desde el cielo. Sé todo esto por propia experiencia: la naturaleza me hizo canijo... como a la inmensa mayoría, por otra parte.
Para mí que toda la sabiduría del mundo moderno se encierra en dos personajes de ficción. Hamlet y Don Quijote. En fin, allá cada cual con sus preferencias. Pero que nadie se llame a engaño después si alguien le llama chacha, porque no hay nada que más se pegue al espíritu que la mala literatura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario