Supongo que es inevitable. Los años postreros de la vida, a nada que uno conserve dos neuronas, los pasa en gran medida en el purgatorio. Purgando las culpas por tanta equivocación dañina cometida. Porque, ¿quién se libra de haber sido una sucesión continua de equivocaciones entre las que muy de vez en cuando se intercala un acierto? No tengo ni idea de cómo podríamos escapar a semejante maldición; a lo largo de la historia ha habido gente que ha pensado que, para ello, lo mejor es recluirse en un monasterio para dedicarse a la vida contemplativa. Apostaría que es un remedio peor que la enfermedad... recuerdo una vez, en los inicios de mi andadura profesional, que nos trajeron al hospital a un contemplativo de esos que a la postre resulto tener sífilis. Al final resultó que la casi totalidad de los que compartían con él monasterio estaban aquejados de la misma dolencia. A partir de ahí concluí que en todas las partes cuecen habas y en los monasterios a calderadas.
Así es que uno va por ahí, contemplando como se pasa la vida, y sin querer la atención es atraída más que nada por lo que a todas luces son las majaderías que sin parar hace el ser humano. Y no es que no sea uno consciente de los destellos de armonía que por doquier resuenan, pero, por lo que sea, mala conciencia acaso, son las disonancias las que más contribuyen a mantenernos despiertos... y con las tripas revueltas.
Pongamos por caso, eso del genocidio palestino, no hay forma de no topárselo a cada paso. Y pregunto yo, ¿tan difícil sería que todos los que se rasgan las vestiduras por tal cuestión hiciesen un pequeño recordatorio de los judíos que permanecen secuestrados por los palestinos? Porque si los soltasen se acabaría la rabia. O es que lo que pasa es que, a algunos, que son muchos, la vida sin rabia se les hace muy cuesta arriba. En fin, son las incógnitas de la condición humana que no hay quién sepa despejarlas.
Luego paseo por la calle en cuesta que antaño se llamaba Héroes del Alcázar de Toledo. Pues bien, los munícipes, en un postrero intento de ganar aquella guerra que perdieron hace ya va para un siglo, han decidido sustituir ese nombre por el de Cuesta de las Ánimas. Y a los vecinos no les ha gustado nada porque eso de las ánimas les debe sonar a cosa de curas. Ellos prefieren Calle Parlamento ya que la cuesta va a dar a lo que antaño fue Hospital de San Rafael y hoy es nido de parásitos y extorsionadores, es decir Parlamento de Cantabria. Así es que los vecinos han llenado los balcones y ventanas con carteles como el que les muestro en la foto. ¡Con lo bonito que es lo de las ánimas! Se ve que los vecinos no se han parado a pensar. Y por eso prefieren lo de los parásitos. En cualquier caso, unos y otros, no van a conseguir que se borre de la memoria, así como así, la gesta del Alcázar de Toledo. Porque aquello no fue una cuestión de lucha de bandos, aquello nos recuerda cómo el tesón y la valentía son más poderosos que la adversidad más extrema. Numancia, Sagunto y tantos otros hitos de la historia, pero esta vez con final feliz... y eso es lo que por lo visto jode a los eternos resentidos, por cobardes.
¡Ánimas benditas, os bendigo yo! Es un recordatorio de todos los que están, o estamos, tratando de purificarnos en el purgatorio. Es la conciencia de los que nos precedieron y de nosotros mismos... de todo lo que nos hemos equivocado.

Recuerdo la calle "Héroes de Brunete", yo, de chaval ,siempre me estaba preguntado esto de los Héroes de Brunete" , qué maravilla . Luego llegó el alcalde Málaga y la cambió por "Filiberto Villalobos". Siempre pensé que debía ser un ganadero de reses bravas o algo así. No tiene color
ResponderEliminarSí, el socialismo es un mundo sin color.
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