domingo, 20 de julio de 2025

El ahorro

Como se suele decir, a la vejez viruelas. También se dice, más vale tarde que nunca. Sea como sea, he tenido que llegar a muy viejo para caer en la cuenta del poder decisivo que el ahorro tiene en la consecución de eso que llamamos paz espiritual. Todo es interiorizar el concepto y dejar de desear lo inútil como fórmula para intentar huir de uno mismo. Porque no se engañen al respecto, la tortura por excelencia de esta vida es intentar huir de uno mismo por medio del consumo de bienes materiales prescindibles. 

Lo del consumo inútil es como lo del pez que se muerde la cola. Consumes para curarte de un malestar interior y cuanto más consumes peor estás. Es como una bebida que produce sed; un ciclo infernal que, a su vez, es el origen del malestar social imperante en los países que, dado su producto interior bruto, se les debiera suponer emporios de felicidad... nada más lejos de la realidad si nos atenemos al volumen de consumo en esos países de sustancias psicotrópicas con las que se trata de paliar la frustración producida por el consumo inútil. 

Claro que no podemos perder de vista que, en la mayoría de los casos, ese abultado producto interior bruto es la consecuencia del consumo inmoderado de bienes inútiles. Y que nadie me venga con la milonga de que es muy difícil distinguir lo útil de lo inútil, porque estamos hechos de tal modo que nuestra conciencia, no solo detecta al instante la diferencia, sino que, también, responde con bienestar o malestar en función de la elección habida.

Les cuento estas cosas a propósito de un vídeo que acabo de ver en el que se reflexiona sobre la relación que tienen los suizos con el ahorro. Los suizos, a lo que se ve, tienen muy interiorizada la tradición del ahorro. Buena vivienda, comida racional, universidades elitistas, ciudades silenciosas y bancos seguros para sus ahorros. En definitiva, el país más admirado y envidiado de la tierra. ¿O no? Supongo que cada cual tendrá su opinión al respecto; he oído demasiadas veces decir que es un país muy aburrido. ¿Qué se quiere decir cuando se dice que un país es aburrido? ¿Aburrido para quién? Se lo diré, para quienes, como la zorra de la fábula, ven las uvas muy verdes. 

Sea como sea lo de Suiza, en lo que ya no me cabe la menor duda es que si hay algo aburrido en esta vida eso es gastar dinero sin otro objetivo que el de huir de uno mismo. Ya digo, una pretensión completamente fallida. Como si no se supiese desde los tiempos de Confucio para atrás que del hastío de uno mismo solo se huye cultivando un jardín. No hay mejor ahorro que ese.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario