Sostiene Nicolás Gómez Dávila que se necesita distancia entre los hombres para que el espíritu respire. No creo que en está época que nos ha tocado vivir pueda haber una sentencia más necesaria por acertada.
Nicolás Gómez Dávila sería un genuino representante de eso que los franceses llaman "les nouveaux réac" (los nuevos reaccionarios), lo que pasa es que, como en vez de francés es colombiano, pasa desapercibido... o, mejor dicho, pasaba, porque presumo que se va a escuchar hablar mucho de este señor en los tiempos venideros.
Los nuevos reaccionarios -Houellebecq es un claro exponente de ellos- llegan al mundo en el momento preciso para salvar a la humanidad de la asfixia del espíritu que padece a causa de esa enfermedad putrefacta que llaman socialización.
La socialización consiste en negar la relación del hombre con lo divino - porque ya no hay Dios- y, por tanto, todo sentido de trascendencia. Nos quieren hacer creer que los hombres pueden sustituir a los dioses y, entonces, lo correcto es amontonarse a todas las horas. La sociedad socializante es la sociedad del amontonamiento. Todo está pensado en función del amontonamiento. O sea, en tratar de evitar por todos los medios que los espíritus respiren. Y es que con espíritus sanos son imposibles las mafias del poder... eso que llaman Estado.
Lo que nos quieren recordar los nuevos reaccionarios es que el único poder con el que puede funcionar el mundo es con el poder de Dios. Un Dios imposible de engañar porque está en todas partes y todo lo ve. Un Dios, en definitiva, al que hay que temer porque es implacable: no perdona hasta que no has pagado tu deuda. Toda la civilización se sustenta en esa construcción mental.
Así que estén atentos al dato: reconstruir la relación del hombre con lo divino; la contrarrevolución en ciernes que es la nueva revolución. Nicolás Gómez Dávila es uno de sus profetas.
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