martes, 1 de julio de 2025

Dr. Moriarty

Hace ya bastantes años me dejaron un tomo de la editorial Penguin con las obras completas de Conan Doyle. Me lo zampé sobre la marcha. Conan Doyle había estudiado medicina en Edimburgo y, en sus prácticas de hospital, había tenido un maestro que le había resumido en una frase la esencia del diagnóstico diferencial:

It is un old maxim of mine that when you have excluded the impossible, what-ever remains, however improbable, must be the truth.

(Tengo una vieja máxima que consiste en que cuando se ha excluido lo imposible, cualquier cosa que queda, por más improbable que parezca, tiene que ser la verdad.) 

Esta vieja máxima tan útil en medicina es el alma de todas las tramas de las novelas que tienen por protagonista a Sherlock Holmes. Y es que, lo que sirve para la enfermedad, sirve para el crimen ya que, la una y el otro forman parte de una misma entidad, la del reino del lado oscuro o, dicho de otra manera, del mal. 

El lado oscuro, o el mal, Conan Doyle lo personifica en la figura del Doctor Moriarty. Holmes siempre está tras su pista, pero no hay forma de echarle el guante. Siempre se escurre a última hora. Holmes desentraña los crímenes por medio del diagnóstico diferencial, que vendría a ser el método científico, pero la causa última de todos ellos, el mal, se le escapa. El mal es la soberbia de Lucifer, pero también el dolor por el bien ajeno... y tantas otras taras del espíritu que se desparraman por el mundo impregnándolo todo, empezando por nosotros mismos.  

Una cosa nos deja clara Conan Doyle, que no hay método científico que valga para echar el guante al mal. Lo único que podemos hacer es aprender a convivir con él y a desconfiar y prevenirnos de todos los aprendices de brujo que dicen tener la clave para derrotarle. 

Holmes se desespera con su impotencia y recurre a la cocaína en busca de consuelo:

I suppose that its influence is physically a bad one. I Find it, however, so transcendently stimulating and clarifying to de mind that its secondary action is a matter of small moment.

(Supongo que sus efectos físicos serán nefastos. Sin embargo, la encuentro tan trascendentalmente estimulante y clarificadora de la mente que esos efectos secundarios son peccata minuta.)

En definitiva, combatir el mal con más mal. Esa es la trampa a la que nos resulta tan difícil, por no decir imposible, escapar. Y es que la mente rápidamente inventa justificaciones a todo lo que hacemos en busca de consuelo... lo único que en realidad hacemos, porque somos inconsolables a causa de tener conciencia de que nos estamos extinguiendo. En fin, las justificaciones de nuestra mente: el camino directo al despeñadero. ¡Y qué le vamos a hacer!

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