Aparte de que, como no me cansaré de repetir, la parte del león de la culpa de lo que está pasando en lo que llamamos occidente, en general, y España, en particular, no es otra que la manía que le entró a la gente de no tener hijos porque, se argumentó, son un lastre para la diversión entronizada como meta a la que se debe aspirar para conseguir eso que se conoce como realización personal... ¡A la realización por la diversión! ¡Y a tomar pol saco la bicicleta de pedales! ¡Buena gana en habiéndolas eléctricas! A eso se reduce todo, a eliminar el sacrificio que debemos a los dioses. No les necesitamos para nada teniendo como tenemos al Estado omnipotente que mira por nosotros.
Sin hijos se crea un vacío, primero en el alma de las personas, después en el de los pueblos. Y ya saben lo que succiona el vacío. Succiona sin discriminación todo lo que hay alrededor. Esto que les cuento, no se crean que me lo he inventado yo; lo he leído en los textos antiguos. La mitología está llena de ejemplos de padres que exponen a sus hijos a las fieras del bosque pensando que así evitarán que les destronen. Pues bien, si no te destrona tu hijo, te destronará el que vino a llenar el vació que dejó tu hijo... y será mucho peor porque el venido siempre será un bárbaro.
Bueno, es en lo que estamos, en un destronamiento masivo. ¿O no es eso lo que dan a entender todas esas revueltas que se diseminan por toda Europa, España incluida? Esos recién llegados, resentidos expulsados de sus países por la codicia de sus gobernantes, paradójicamente, quieren implantar aquí las costumbres -cultura que le llaman- que ha sido la causa de la miseria que les obligo a emigrar. No siempre es el caso, desde luego, pero sí de una frecuencia más que preocupante. Y es que ya saben lo difícil que es pasar del resentimiento al agradecimiento; son cosas de la condición humana.
¡La dichosa diversión! Todo son fiestas alrededor. Suenan los cohetes, la música pachanguera, y el estruendo de las atracciones de feria. Ya llevamos más de un mes así y lo que te rondaré. Los munícipes no descansan en su empeño de llenar el vacío existencial que produce el desprestigio del sacrificio. Y entre fiesta y fiesta, estallido. Los bárbaros ven al enemigo distraído y aprovechan la ocasión. Es todo de una lógica aplastante.
Me imagino que todo esto acabará en lo que siempre acabaron las situaciones históricas similares, en el triunfo de los bárbaros. Claro que llamar bárbaros a gente que tiene hijos y civilizados a los que no quieren tenerlos, es algo que nos lo debiéramos hacer mirar, como se dice ahora para indicar que lo que estamos haciendo es una mamarrachada. En fin, así es la historia de la humanidad porque, sin duda, así lo tienen dispuesto los cielos y no hay más tu tía.
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