Ayer les comentaba acerca de las sorprendentes por eternas ideas del Papa actual. Porque, ese es el asunto, que, lo que llamamos modernidad no quiere aceptar por incómodas esas ideas. Y es que esa obra del demonio que se conoce como marxismo cultural se las ha apañado para convencer a la gente de que el sacrificio es algo del pasado, de cuando el hombre no se había elevado a la categoría de dios por medio de la tecnología. El Papa dice que, el ser católico, el estar dentro de la Iglesia, es, fundamentalmente, sacrificio. El sacrificio de la cruz. No por otra razón es el que los socialistas españoles quieran derribar la cruz del Valle de los Caídos; nada define mejor su condición de vampiros que esa pretensión. La cruz, como símbolo de sacrificio, horroriza a los vampiros; tanto o más que los ajos.
Con el mismo horror que las ideas del Papa, contemplan los vampiros las de Milei. Escuchaba ayer el discurso que había pronunciado en la universidad de Harvard. Un discurso cuyo eje central era la incomodidad. La Universidad no puede ser un lugar cómodo, porque de ser así estaría muerta. Tiene que tener la incomodidad del campo de batalla. En la Universidad se discute todo y nunca se da nada por sentado. Al final, tras digerir la conmoción que sus palabras habían causado en el campus, las responsables de la institución le ofrecieron una cátedra volante -ir por allí de vez en cuando a dar una charla-. Milei declinó el ofrecimiento, pero la Universidad creó un departamento para estudiar sus ideas.
Diría yo que lo de Trump es, más o menos, lo mismo que lo del Papa y Milei. Un canto a la incomodidad o, si mejor quieren, un retomar los valores primitivos inscritos sobre la piedra. Resumiendo: volver al temor de los dioses, de los que estamos a años luz, y no cesar de ofrecerles sacrificios; en eso han consistido, pienso, todos esos periodos históricos a los que se ha calificado de renacimientos.
Sí, señoras y señores, no hay nada que mejor explique lo que es la putrefacción de los espíritus que eso tan alabado por la contemporaneidad que llamamos Estado del Bienestar. El bienestar, por definición, solo puede existir en la otra vida si es que te lo has ganado en esta. En la otra vida, que vendría a ser el recuerdo que dejas a los que te suceden. ¿Te sacrificaste por ellos? ¿Sí o no? No caben engaños al respecto.
En fin, diría yo que todo apunta a que se está cociendo un nuevo Renacimiento, un volver al reconocimiento de la agonía como el único motor posible de vida.
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