lunes, 21 de julio de 2025

Melmot

Ayer, cuando paseaba al atardecer por el muelle del pesquero, me topé con un conocido de esos que, como piensan que eres un facha, se sienten en la necesidad de blasonar de izquierdosos a la primera de cambio. Gente cansina que uno no sabe por dónde entrarles por aquello de evitar en lo posible la crueldad... que, a la postre es lo único que funciona. Sin venir mucho a cuento, el tipo sacó a colación un asunto que por la visto anda de moda entre los de esa calaña, la injusticia social que suponen las herencias. No es ético, me argumentaba acaloradamente, que algunos lo tengan todo resuelto por haber nacido en una familia rica. Entonces, ya hasta el gorro de aguantar sandeces, le dije una crueldad: hay una cosa de la que yo tengo experiencia y tú no: desde el día en el que tienes hijos dejas de dormir a pierna suelta por los restos; nunca consigues verlos seguros. Si no fuese por los hijos, añadí, seguiríamos viviendo en las cavernas. Pensar en la seguridad de los hijos es lo que nos lleva a sacrificarnos. A la postre, los hijos son el principal motor de la economía. Ahí, al hombre, se le acabaron las contrarréplicas. Se la tuvo que envainar. Qué iba a decir el pobre, que, además, estudió esa carrera tan graciosa que llaman psicología y, para rematar, fue toda su vida funcionario y a mucha honra. Y es que en lo de tener o no tener hijos está, pienso, la mayor diferencia posible que puede haber entre los humanos. No hay más que ver los sketchs sobre tal particular del cómico británico Michael McIntyre para abandonar cualquier duda que pudieras albergar respecto de esa diferencia. 

Es tremenda la vida de las personas que no pueden cargar con su sentimiento de culpa y van por el mundo como un Melmot el Errabundo cualquiera tratando de descargar su insoportable carga sobre el primero que se le pone a tiro. Siempre presumiendo de superioridad moral; de llevar sobre sus hombros el sufrimiento del mundo. A Dios gracias, parece ser que cada vez dan menos el pego. La gente está aprendiendo a ver los colmillos que se esconden tras esos discursos buenistas... empezando por los de uno mismo. ¡Es tan doloroso arrancarse los propios colmillos! Claro que mucho más doloroso es tener que transitar por la vida con ellos... ya digo, Melmot el Errabundo, el hombre que más hizo sufrir a la humanidad por no poder soportar el sufrimiento que llevaba dentro... y todo por haber pactado con el diablo para no sufrir. El típico izquierdista para que nos entendamos. 

En fin, perdonen el desvarío, pero es que el tipo me puso la cabeza tan espesa que, si no me desahogo, reviento. 

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