Da igual lo que se revuelva la fiera cuando está atrapada en el cepo: la sentencia, entonces, está dictada. Es lo que le pasó a Nixon cuando lo del Watergate, que le pillaron con las manos en la masa y por mucho que se resistió le mandaron a la calle. Ahora está por ver lo que va a pasar con lo del Partygate que como saben hace referencia a las fiestecitas que organizaba Boris Johnson en el número 10 de Downing Street cuando lo del famoso lockdown, o sea, lo que aquí llamaron confinamiento. Por lo visto, los señoritos que allí acudían se lo pasaban fenomenal haciendo chistes -el famoso humor británico- a costa de lo putas que lo estaba pasando la gente del común. Y claro, la gente del común puede pasar por alto las equivocaciones de los señoritos, pero que estos hagan chistes a costa de esas equivocaciones es algo que como que no cuadran las cuentas. Es evidente que el encabronamiento de la gente sobre el particular monte d´un cran cada día que pasa o, por decirlo en la lengua de los señoritos, move up a rung o, también, take up a notch. Para que nos entendamos, que se les están inflando las bolas y solo queda por ver cuándo van a estallar.
Prever el futuro es de todo punto imposible, pero es inevitable que las personas se pasen la vida haciendo previsiones en función de las circunstancias del presente. Y, en general, suelen ser acertadas y la vida sigue como si tal cosa. Pero de vez en cuando, un hecho en apariencia nimio que pasó desapercibido es sacado a luz por algún avispado y, como por arte de magia, su importancia crece exponencialmente y se convierte en la bomba que lo pone todo patas arriba. Ese de vez en cuando que les decía es algo tan imprevisible e inevitable que por lo visto amarga la vida de los que tienen poder, que no por otra causa es que tal gente caiga con frecuencia en el vicio de las pitonisas. Tenía yo unos conocidos en Salamanca con vicios caros cuya madre se los podía pagar sin mayores penalidades gracias a que todos los días acudían a ella políticos de toda España a que les echase las cartas. Nada nuevo, en definitiva. En los libros de Heródoto, los reyes, tiranos y demás, siempre están con el rollo de las pitonisas. ¡Pobrecillos! Qué vidas, siempre con miedo a perder lo que se tiene.
Esperar para ver es lo que dijeron siempre los prudentes. En cualquier caso es inevitable tener en cuenta lo que se mueve. En Reino Unido cada día que pasa crece más la figura de Andrew Bridgen, el diputado conservador que se atrevió a denunciar en sede parlamentaria los efectos secundarios de las vacunas y fue expulsado del partido conservador por ello. En EEUU, el Kennedy, de los Kennedy de toda la vida, que viene cuestionando desde el principio todas las políticas relacionadas con el que dicen covid, se ha convertido en el personaje más omnipresente y escuchado de toda la nación, y, lo bueno del caso es que el tío aspira a la presidencia y los gurús de la cosa ya le empiezan a ver con posibilidades.
La cosa está que arde porque la fiera acorralada se revuelve. Siempre ha sido igual: cuando la fiera se ve acorralada utiliza su último poder para hacer cualquier barbaridad que pueda distraer al personal del meollo de la cuestión. Montar una guerra, por ejemplo. De hecho, la de Ucrania no creo que tenga otro origen. Aunque casi siempre han resultado inútiles tales intentos porque la gente se pone muy terca cuando las cuestiones morales se apoderan del centro del escenario político. En fin.
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