martes, 6 de junio de 2023

El Puntal

Cogí la lancha al Puntal y estuve por allí como cuatro horas o así a merced de los elementos: un sol prístino y una suave brisa del noreste. Caminé hasta Loredo y me tumbé un rato en la arena. Descansé, le di a lo de Casanova e, incluso, me quedé traspuesto un rato. Luego, de regreso, me senté en el bar de los surferos a tomar un piscolabis. Había allí un ambiente bon enfant que invitaba a demorarse, así que saqué lo de Casanova y me demoré. Anda el tío ahora en la cresta de la ola, social y económicamente, pero, también, dándose de bruces con su despreocupado pasado. Le acaba de salir una hija por ahí y en un prostíbulo de Ámsterdam ha reconocido a una antigua amante. Así es que le llegan los primeros remordimientos. Nadie se libra de cargar con la losa del pasado. ¡Qué me lo digan a mí! 

Casanova es un ser favorecido por los dioses. Un físico agraciado no solo en sus proporciones, sino, también, con una agilidad que le permite ser un consumado espadachín. Unas dotes intelectuales sobresalientes con una voluntad de hierro para poder cultivarlas. Pero, como nadie es perfecto, le pierden las faldas. Cada vez es más selectivo al respecto, hasta que llega a un punto en el que las cosas ya no son fáciles. Hay mujeres a las no se puede convencer con zalamerías. O hay papeles por medio o puerta. Y, claro está, escoge la puerta con engaños, lo cual va dejando su poso. Y es difícil encontrar una literatura que describa tan bien estos no por livianos menores tormentos del alma. 

La literatura, evidentemente, no puede ser otra cosa que el trasunto de las experiencias del literato. Pueden ser contadas camufladas tras una novela o ir a cara descubierta en unas memorias. En otras ocasiones, cual es la nos ocupa, es difícil distinguir lo que hay de una u otras. ¿Son memorias o es novela lo que nos legó Casanova? Es difícil imaginar una vida tan exuberante, aunque seguramente las hay. Y lo mejor del caso es poder vivirlas por la delegación de un extraordinario literato. Los infinitos matices de una vida que son los de la propia vida a poco, o mucho, que hayas vivido y tengas conciencia de ello. Porque esa es otra, la conciencia de lo vivido no se hizo para todas las mentes, aunque, esto, da para un extenso tratado de psicología que no es mi intención escribir, aunque, inmodestia aparte, bien que podría. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario