martes, 27 de junio de 2023

Mal sueño

Aprovechando que ahora está tan de moda lo ruso, pues les cuento. Como ando, como ya les dije, estudiando la partitura de Libertango que, por cierto, me trae a mal traer, pues no desaprovecho ocasión que se me brinda para escuchar a quienquiera que sea que la interprete. Porque no es una pieza, pongamos por caso, como Asturias de Albéniz o Recuerdos de la Alhambra de Tárrega, que son, por así decirlo, canónicas y lo único que varía de unos a otros intérpretes es su musicalidad, los tiempos y todo eso. Libertango, se podría decir que, como todo lo de Piazzolla, cada interprete tiene su librillo. Y así, en estas estando voy y me topo con la versión de un chaval ruso que me deja turulato. Y lo mejor, debajo del vídeo hay un enlace a la partitura que usa para la ocasión. Me la he bajado y, a partir de hoy, dejaré de lado el tutorial de Osvaldo Tubino, que no es que esté mal, ni mucho menos, pero al lado de lo del ruso, para mí que no tiene color. Bueno, ya ven a qué dedico estas acaballas de la vida.

Por cierto, que uno no entiende muy bien esa especie de rusofobia que da la impresión de que se anda promoviendo por ahí. Por supuesto que Putin debe de ser un pájaro de cuenta, pero, para mí, que no más que cualquier otro de los que escalan a las cúpulas del poder político. Son los típicos jefes de mafia que tantas veces hemos visto en las películas. Psicópatas para los que el bien y el mal son cuestiones de sus exclusivas preferencias. Claro que, como tienen instinto de permanencia procuran encubrir en lo posible sus barbaridades achacándoselas a cualquiera de sus sicarios. Pero una cosa son los políticos, que son la bazofia de las sociedades y otra la sociedad en sí. Los rusos tienen demostrada hasta la saciedad su sensibilidad artística y, por lo mismo, quizá, su sentido del humor. Baste recordar que cuando Gorbachov inició aquello de la perestroika, que vino a ser algo así como borrón y cuenta nueva, lo primero que hizo fue sacar de la cárcel a dos millones de rusos que estaban allí por el solo delito de haber contado chistes que no habían gustado a los que mandaban.  

A mí, desde luego, no me cuadra esta manía que los que mandan por aquí pretenden que les cojamos a los rusos. Ni a los rusos ni a nadie que no sea ese espécimen humano que se apunta a sectas o mafias, llámenlo como mejor quieran, que no tienen otro objetivo que vivir del trabajo de los demás por medio de la extorsión. Ayer eran las órdenes religiosas, hoy son los partidos políticos. Ayer eran, ora los dominicos, ora los jesuitas, los que detentaban por delegación del rey el poder político. Ahora es, ya la derecha, ya la izquierda, pero siempre fieles a morir a la religión del momento: ayer el catolicismo, hoy la socialdemocracia. ¿Dónde está la diferencia? 

El problema es la religión que viene a ser un corsé del que no se puede prescindir so pena de que se hagan manifiestos los michelines del espíritu. Toda esa corrupción que de tan asumida es como si no existiese. El caso es que sus tentáculos lleguen a los últimos rincones del imperio. Y, luego, que tire la primera piedra el que esté libre. ¿Pero es que ustedes ven por algún lado el menor atisbo, digamos, por poner un ejemplo, de liberalismo? No, nuestra religión no lo permite. Y punto. Y todo el mundo está convencido de que como la sanidad pública no hay otra. Y la enseñanza igual. Y la justicia, más de lo mismo. 

No, miren ustedes, no cojan manía a los rusos porque ellos tienen encima exactamente la misma losa que nosotros: la corrupción de los espíritus que propicia la socialdemocracia. Hasta que no despertemos de este mal sueño... 

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