miércoles, 28 de junio de 2023

Racionalidad

 Cuenta Heródoto que por la parte oriental de la India hay unas tribus que todo es empezar alguien a tener los primeros síntomas de enfermedad y correr los demás a matarlo para comérselo. Uno piensa que podrían haber esperado un poco a ver si mejoraba, pero esa es nuestra lógica, la de ellos consistía en pensar que si daban oportunidad a los síntomas de empeorar se envenenaría la carne y no la podrían comer. Lógica por lógica, ¿cuál les parece la más acertada? Si la una, la nuestra, está basada en los buenos sentimientos, la otra, la de aquellos primitivos, en la mera supervivencia. Así que no nos rasguemos las vestiduras respecto de comernos a nuestros congéneres porque hasta que no tengamos verdadera necesidad no podremos saber que actitud al respecto sería la nuestra. Eso sí, en esa tribu que les digo, si hay algo curioso, y a lo que no pillo la lógica, es que los hombres y las mujeres no se mezclan para sus banquetes: los hombres matan y comen a los enfermos y las mujeres hacen lo mismo con las enfermas. Seguro que ellos tenían muy racionalizada esta separación de procederes. 

Porque ese es el asunto, que los seres humanos tendemos a pensar que somos racionales, pero uno ve o escucha lo que ve y escucha y tiene serias dudas. Ahora, por ejemplo, estoy sumergido en el relato que hace Céline de las andanzas del protagonista de su novela por la primera guerra mundial, también conocida como la Gran Guerra. Y lo que me llama la atención es como la ficción de Céline y la realidad de Jünguer en sus Tempestades de Acero, se parecen como dos gotas de agua. Y uno está en un bando y el otro en el otro. Y eso no cambia nada en lo que hace a la absoluta carencia de racionalidad. Es todo una maquinaria ciega movida por poderes telúricos, como de los tiempos en los que Cronos le cortó de un tajo los cojones a Urano y de la espuma que produjeron al caer en el mar por el lado de Chipre nació Afrodita que luego se casó con Hefesto, que era sabio, pero cojo, para poder ponerle los cuernos con Ares que era un bestia pero estaba bueno a rabiar. Siempre es igual. 

Y ahora, con todo lo que hemos estudiado por el camino, como si nada. Ahí estamos, que si Putin, que si Zelenski, queriendo pensar que el uno tiene más razón que el otro para hacer lo que están haciendo. Para nada. Tanto el uno como el otro son hojas del árbol caídas/ juguetes del viento son. Vinieron así las cosas y solo se irán cuando ellas quieran. 

En fin, me dijo anoche María que podríamos ir hoy a la playa. Al Puntal, concretamente. Bueno, pues sí, por mí... pero antes le quiero pegar una vuelta a Libertango que, ahí, sí que veo yo una cierta racionalidad. 

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