La gente en general está entretenidísima con la película "Ucrania" que pasan una y otra vez todos los días por todos los medios de comunicación. Claro, recuerdo perfectamente como nos gustaba cuando niños aquel cómic llamado "Hazañas Bélicas". ¿Y a quién no? Porque es que las guerras a distancia son una pasada: estás viendo imágenes espeluznantes sin que te afecte para nada, lo cual, por no se sabe qué mecanismos psicológicos es una fuente de placer como hay pocas.
Pero no se engañen, esa guerra sin el menor sentido no es más que una tapadera para sustraer de la opinión pública la verdadera guerra que se está librando tras las bambalinas del escenario político. Y es que cada día que pasa se une un millón más de personas a las que de una forma civilizada y sistemática vienen exigiendo el esclarecimiento de la verdad desde que comenzó todo esto que dieron en llamar pandemia no sin antes haberse preocupado de cambiar la definición del concepto para que se ajustase a sus pretensiones.
Es una guerra sorda en la que la parte contratante de la segunda parte, o sea, la mafia médico-política-mediática, cuenta con un aliado de incalculable poder: el miedo de los que se vacunaron a que se sepa a ciencia cierta que fueron inoculados con una pócima peligrosa. El inconsciente hace ahí su trabajo y ya saben lo poderoso que es ese señor entre las gentes mierdosas. Pero, todo ese poder lo diluye el tiempo que pasa porque el inconsciente tiende por naturaleza a salir a la superficie: a la luz de la conciencia.
Así que dejen de lado esa aburrida guerra civil entre rusos y permanezcan atentos a las pantallas que ya no pueden ocultar por más tiempo la realidad. En R.U. ya se ha conseguido que haya una comisión parlamentaria para investigar el asunto de marras. Y están saliendo a la luz cosas mucho más espeluznantes que las de la guerra de Ucrania. Las conversaciones que tenían entre ellos los políticos que andaban en aquellos días aciagos por los pasillos y despachos del número 10 de Downing Street, por poner un ejemplo. Aquellos señores sabían perfectamente que todo era una farsa, pero como convenía para sus intereses tiraban hacia delante, eso sí, sin que a ellos les afectasen para nada las restricciones que imponían a los demás. Por no hablar el maldito embrollo judicial que está teniendo lugar en Alemania. Los jueces por más que lo intentan no pueden evitar que las querellas por los efectos perniciosos de las vacunas de marras sigan su curso y salgan a la luz. Y ya es un río a punto de desbordarse. Y en EEUU, y en Australia, y, en definitiva, por todo el mundo porque el número de los despiertos, como les decía, no para de aumentar.
Sí señores, y señoras también, por qué no, estén atentos a esta verdadera guerra porque hasta que no se dilucide la verdad el mundo no va a poder tomarse un respiro.
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