sábado, 10 de junio de 2023

Dar pol saco

Escorcollando -perdón por el catalanismo, pero es que me parece tan expresivo que no puedo evitarlo- en YouTube a la búsqueda de tutoriales musicales o de mates me voy haciendo una somera idea de lo que pasa por el mundo gracias a los titulares de los vídeos que forzosamente tengo que leer. Así me he enterado que en Ucrania han volado una presa sin que hasta el presente se haya sabido de quién es la autoría de tamaña bestialidad. Por cierto, que me ha traído a las mientes la aprensión que siempre me produjo la presa que hay un kilómetro río arriba de Aguilar de Campoo. 

Me entero, así, de muchas cosas que mayormente tienen que ver con el más manido asunto de todos los tiempos desde que nos bajamos de los árboles como especie diferenciada: la lucha por el poder. ¿Se imaginan ustedes que pueda haber cosa más tonta en este mundo? No se me ocurre nada, la verdad. Se me antoja que cuando mayor es la pulsión por el poder más baja es la posición en la escala filogenética. Es como un no poder sentirse seguro con las propias capacidades para sobrevivir y estar convencido de que sin parasitar las capacidades de los demás serías persona muerta. 

Sin duda, de todas las perversiones de que es capaz el ser humano, la más perniciosa es la adicción al poder. Lo mismo que los yonkis, pero a lo grande. Porque un yonki se las arregla con un navajazo que le proporciona fondos para el próximo chute, pero un político te tumba una presa como si tal cosa y no ha hecho más que empezar. Miles, millones de gentes, se la sudan con tal de salirse con la suya. ¡Cuánta destrucción no habrán provocado esos locos a lo largo de la historia! Aunque, por otro lado, si así es, no puede ser por otra causa que no sea el querer de los dioses. Ya saben que los dioses escriben recto con renglones torcidos. 

Por lo demás, vuelvo a Pessoa y el desasosiego. A qué bueno demorarse con los problemas que no tienen solución. Mejor dedicarse a los de matemáticas que son los únicos que la tienen y, por tanto, los únicos con capacidad para sosegar el ánimo. Por no hablar de la satisfacción íntima que produce avanzar por una partitura. No entiendo, la verdad, cuáles pueden ser las razones por las que hay tanta gente que no estudia música. ¿Cuántos músicos conocen ustedes que se dediquen a ir por ahí dando pol saco a la gente? En fin... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario