Avanzo por la partitura de Libertango a paso de tortuga. Seguramente es porque en el último año he saturado mi memoria. Aunque no sé si eso existe o es simplemente que Libertango es más difícil que las otras partituras que aprendí. En cualquier caso, Oblivion lo toco ya por debajo de la pata, así que ya tengo a Piazzolla agarrado por sus partes que es de lo que se trataba. En fin, menudencias de la vida, como lo es todo, al fin y al cabo.
Pero el caso es que como la partitura que estudio está en un tutorial de YouTube, cada vez que la abro, me tengo que tragar los preceptivos anuncios. Y la verdad es que casi nunca me entero de qué van, pero ayer, no sé por qué, me impactó uno que decía tal que así: el Tulipán deja una huella de carbono un 70% menor que la que deja la mantequilla. Como diría Chiquito de la Calzada: ¡Te das cuin!
Y así es todo en este mundo que vivimos: un no pararse en mientes con tal de metérsela al personal. ¿Cómo coño han calculado esos aquilatados porcentajes? Ni siendo dioses podrían hacerlo porque, en última instancia, seguramente que ni siquiera existe ese engendro. Pero han fabricado el sintagma y, de tanto repetirlo, la pobre gente se ha quedado con la copla y, ahora, cuando lo escuchan es como si tuviesen un doctorado en ciencias ambientales que, también, es otra tontería.
Y así vamos, de tontería en tontería, y perdonen que me demore en ellas, pero es que ayer pasaba por delante del colegio que hay aquí al lado justo a la hora de la entrada de los alumnos y estaba aquello que parecía la romería de San Pantaleón. Entonces vi que una madre, de tipología albóndiga, por cierto, portaba con orgullo una tarta de esas que venden en los supermercados con unas velas encima que seguramente eran tantas como los años de la hijita que la seguía agarrada a sus faldas. Si señores, así es como corre la escuela socialdemócrata, con tartas de cumpleaños para que a los niñitos no les falte de nada. Me imagino que la niñita en cuestión tendría luego en su casa otra ración de tarta y, casi seguro que, después, otra en casa de los abuelos. Lo que haga falta, en fin, con tal de adquirir esa tipología que, ya digo, podríamos definir como de albóndiga que es que, luego, se ponen esas indumentarias ajustadas que las hacen tal como si fuesen envasadas al vacío y, bueno, parece ser que hay hombres a los que les chiflan esas vitolas.
Pero no se preocupen que seguro que la tarta de marras había sido confeccionada con tulipán en vez de mantequilla. O sea, que nada que temer en lo que hace a la huella, que ya saben que es una cosa que tiene mucho que ver con lo del cambio climático que, por cierto, es otro sintagma que no sé si tendrá algo que ver con la realidad porque, ayer, precisamente, salí a dar un paseo a media tarde y tuve que ponerme asubio durante casi una hora porque es que caían chuzos de punta como, por otra parte, siempre fue en Santander que no es por nada que la canción diga que, si vienes aquí, no te olvides del paraguas que no deja de llover, que rima con Santander y en eso estriba la gracia.
Sea como sea, parece que hoy será otro día bochornoso con sol por la mañana y lluvias por la tarde. Lo suyo por estas fechas si es que los señores gobernantes no echan mierdas por el cielo que, según dicen, han dejado de echarlas porque la gente protestaba y, ahora resulta que, al volver el clima por sus fueros, no solo hay que sacar el paraguas en Santander, sino que unas tormentas han mandado a tomar pol saco la cosecha de cerezas del valle del Jerte ¡vaya por Dios, que nunca llueve a gusto de todos!
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