Hay un Portal en YouTube de nombre "El lector de Ortega". Su autor es un tal Javier Martínez García que se presenta a sí mismo como licenciado en Psicología y jubilado. Pues bien, le acabo de escuchar un vídeo en el que trata del hombre-masa. A mi nada indocto parecer en él está fantásticamente expuesto lo que Ortega dejó negro sobre blanco en La Rebelión de las Masas. Un libro, tengo que decir, que está entre los que más me han impactado a lo largo de mi dilatada experiencia de lector. Toda esa filosofía del niño mimado de Ortega viene a ser la misma que expone Gracián en El Criticón.
Niño mimado y hombre-masa viene a ser lo mismo que causa y efecto. O lo uno por lo otro. La destrucción del ser, en definitiva. O la decadencia de la civilización. Quizá es que no pueda ser de otra manera. Porque, como se suele decir con toda la razón del mundo, y a los hechos me remito, todo lo que sube baja. Y, aquí, hemos llegado a tales alturas de bienestar que lo suyo es ir a Mercadona cada dos por tres a comprar una tarta para celebrar algo que no ha exigido la menor contrapartida. Y así es que va uno por estas calles populosas y flipa con la cantidad y calidad de las obesidades que ve.
De todas formas, lo que de verdad me ha llamado la atención del vídeo del que les hablo han sido los comentarios que ha suscitado. Si no la mayoría, sí gran número de ellos, se ajustan como anillo al dedo al conocido principio de que el que se pica, ajos come. No me ha extrañado nada porque viví en Cataluña en donde la cultureta oficial tiene entre sus mantras más queridos el de calificar a Ortega de fascista. Claro, cómo podría ser de otra manera en un lugar en el que se ha podido producir el fenómeno Barça que, en definitiva, no es otra cosa que el haber llevado el cáncer del hombre-masa a su apoteosis final. ¡Por Dios Bendito, ves aquello y te entran ganas de llorar!
En fin, no me gusta recomendar libros porque pienso que la lectura para cumplir a carta cabal su cometido tiene que ser un recorrido personal, pero algunas veces he caído en la tentación y he hecho apología de "La rebelión de las masas". Desde la primera vez que lo leí me pareció un dechado de claridad -la cortesía del escritor, que dice Ortega- y concisión. En cierta manera es una divulgación para principiantes de la que me parece principal obra filosófica en lengua castellana: El Criticón. Porque no le puedes pedir a la gente que lea El Criticón, pero sí La rebelión de las masas... y, perdón, porque me doy cuenta de que ya estoy otra vez recomendándole.
En cualquier caso, pase lo que pase, siempre nos quedará la música. Ayer estuve repasando un par de valses venezolanos de Antonio Lauro que ya les tenía medio olvidados. ¡Por Dios, qué hermosos son!
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