miércoles, 31 de enero de 2024

Deuteronomio

 Me  manda Santi el siguiente mensaje:

"Deuteronomio 10.

entre todos los pueblos, como en este día. Circuncidad el prepucio del corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni toma cohecho;"

Y comenta: Lo de circuncidar el prepucio del corazón debe de ser la mejor metáfora de la Biblia. 

Le contesto que sí, que sin duda pude dar mucho juego. Y me pongo a pensar en un documental de los años veinte o así en el que se veía a una pareja de judíos en una sinagoga compitiendo por la interpretación  de un pasaje de la Biblia. Supongo que en esa práctica consiste todo el intríngulis de esa capacidad que tienen los judíos para montar startups. Es una cuestión de dominio del lenguaje, de comprensión lectora, de captación de los enunciados. Sabiendo comprender los enunciados las matemáticas son pan comido. 

Y, entonces, Santi insiste:

Desde luego que sí...

"Deuteronomio 20

Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jevuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus diose, y pequéis contra Jehová vuestro Dios"

Decía uno por ahí que la mayor tragedia moderna es que los jóvenes no leían la Biblia. Leyéndola, uno entiende mejor lo que está pasando ahora por allí...

Le contesto que: claro, es la repetición de la jugada. 

Y él: Sí, es la naturaleza del escorpión. O esto o ser impíos...

Entonces le he contestado: hoy estaba toda la calle llena de niños que llevaban carteles a favor de la paz. Con frases de la Madre Teresa y así. Y a las mates que las den...

Me contesta: Ese es el punto: si los moros no hubiesen perdido la costumbre de estudiar mates, seguramente hoy otro gallo les cantara...

Y hoy, insiste:

"Josué 5

En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. Y Josué se hizo cuchillos afilados y circuncido a los hijos de Israel en el collado de Aralot"

Y comenta: me pregunto que les cortarían esta vez. 


La circuncisión, ¡menudo trauma! Y a pelo. De dónde vendrá esa bárbara costumbre. No se me ocurre otra cosa que por cuestiones de higiene. Sin ella, el prepucio es un lugar propicio a las infecciones, sobre todo si tiene problemas para el descapulle.  Aunque, me imagino, no serían pocas ni leves las infecciones producidas por la propia circuncisión. Pero vete a saber, porque se sigue practicando en muchos sitios como si fuese un rito de iniciación. Ese día colocan al niño en el centro de todas las atenciones y luego, cuando más confiado está, ¡zas!, el tajo con el cuchillo afilado. Para que se entere de una vez por todas en que consiste la vida. Así que, no te fíes ni de tu padre. Esa es la primera lección para conquistar la sabiduría. No sé, quizá sea mucho presuponer. 

El caso es, por lo que se ve, que, como pasa con todas las bárbaras costumbres, la de rebanar el prepucio es asunto propicio a la metáfora. Porque, ¿cuál es el prepucio del corazón que Jehová ordena circuncidar a los judíos? Ahí hay mucha tela para cortar porque en el corazón es donde se supone que se alojan los sentimientos... ese material tan propicio a la infección. Quizá, si al corazón se le diese facilidad para descapullar los sentimientos no se recocerían dentro de él y se evitarían así muchas enfermedades cardiacas. 

Por cierto, que lo del prepucio del corazón va en este caso unido al endurecimiento de la cerviz.... ¿quién no hay sentido alguna vez una molestia tensión en esa parte del cuerpo? Tan relacionada, quizá, con la obstinación. En cualquier caso, que lo sepan, Dios no hace acepción de personas ni toma cohecho. Es decir, que no se casa con nadie. 

martes, 30 de enero de 2024

Confortare

Me acerqué hasta Obramat, un almacén de materiales de construcción que hay en Nueva Montaña cabe la siderúrgica. Aquello es el comercio llevado a su máxima expresión. Absolutamente nada que puedas necesitar para construir o mejorar tu nido parece faltar allí. Había cientos de personas con sus carros repletos. Y es que el asunto del nido es primordial en la vida de cualquiera. Y cuanto peor estás más primordial se vuelve, que no por otra causa, porque nadie está bien del todo nunca, debe ser esta especie de fiebre que tiene todas las calles llenas de andamios. Lo decía Pla con la gracia que le caracterizaba, que cuando uno no puede arreglar su cabeza trata de mejorar lo que le rodea para ver si así... es una ilusión, como todo lo del ser humano, porque la experiencia demuestra que una vez acabada la obra la cabeza sigue igual, dando el coñazo. Y por eso es por lo que hacemos todo lo posible porque nunca se acaben las obras. Siempre hay algo que se puede mejorar y, si no lo hay, te lo inventas, y no paras hasta que ves realizada la mejora que, por definición, nunca podrá ser la definitiva... hasta que un día vas y te apasionas con lo que sea y, entonces, al nido que le den dos duros. Ni siquiera ves como se va deteriorando por la propia naturaleza de las cosas. 

Sean como sean las cosas de la psicología humana, lo que no se puede negar es que el confort ha sido uno de los motores del ingenio. Sin confort no hay manera de centrarse en nada. Por eso el desarrollo de la civilización tuvo sus comienzos en los lugares amables donde era más fácil conseguir el confort. Hasta que se llegó a un cierto nivel y se produjo un estancamiento; entonces fue cuando gracias el esfuerzo intelectual que había que hacer para conseguir algo de confort en los lugares hostiles se  fueron haciendo los descubrimientos que nos han traído a este, diría yo, disconfort generalizado que la gente en general trata de paliar comprando cosas en Obramat. 

Confort viene del latín confortare, hacer más fuerte. Por eso es que estemos siempre a la búsqueda de más confort, porque tenemos la ilusión de que la fuerza no solo nos aleja de la muerte, sino que, también, nos da más posibilidades de ganar en la berrea y, así, trasmitir nuestro ADN, la forma más plausible de inmortalidad que podemos concebir. Y así es como vamos fabricando todo este entramado de hipótesis en el que nos sustentamos de mala manera y, por ello, sentimos disconfort y vamos corriendo a Obramat a ver si allí hallamos consuelo.  

En fin, hablar por hablar. 

lunes, 29 de enero de 2024

Escuela convencional

Escucho a un filósofo, uno de tantos de los que hay por ahí largando, decir cosas que me parecen sensatas. Claro que el que me lo parezcan a mí no quiere decir, precisamente, que lo sean. Pero, en cualquier caso, no solo a mí me lo parecen; según he podido comprobar hay por ahí bastante gente que está de acuerdo en que confiar la educación de los hijos a instituciones públicas, o convencionales, incluidas las alternativas, es una barbaridad que está en el origen de todas las decadencias. Lo mismo que seguramente lo es el que las mujeres hayan abandonado su papel de madres a tiempo completo y lleven a sus hijos a guarderías y cosas por el estilo. De hecho, en el país al que consideramos el más avanzado del mundo en multitud de aspectos, las mujeres, al tener hijos, suelen abandonar sus trabajos durante varios años hasta que los tienen debidamente criados. Me estoy refiriendo a Suiza. 

El otro día me llegó una viñeta en la que se veía a un tipo decir a otro, si educas a tus hijos en casa, luego, no van a saber adaptarse a la sociedad. Y el otro contesta: correcto. Porque de eso es de lo que trata una buena educación, de no saber adaptarse a esta sociedad. ¿O es que a ustedes les parece que merece la pena saber adaptarse? Saber adaptarse a las playas, a los bares, los estadios, a las operaciones salida de los puentes, a los conciertos masivos, a los cruceros... a, en definitiva, lo que Sostres llama carne amontonada y Polansky, baile de vampiros. ¿Eso es deseable? ¿Cuánta de la gente que conozco, que practica a la perfección el deporte conocido como socialización, ha desarrollado capacidades creativas? Con los dedos de una mano las podría contar. 

En realidad, no es nada nuevo. Desde la noche de los tiempos se sabe que el secreto de la posible felicidad es desarrollar la capacidad de estar solo. Luego, todo lo demás, se te da por añadidura. En la soledad, de forma natural, uno acaba por leer, por curiosear, por descubrir su realce rey, que decía Gracián, es decir, aquello para lo que le han dotado los dioses. Concretando, en la soledad creces para la libertad, mientras que en la escuela pública te vas encogiendo hasta que te conviertes en el esclavo perfecto, o sea, que ni siquiera te das cuenta de que lo eres. 

Porque yo no sé si ustedes se habrán dado cuenta, pero, por si no, se lo digo yo: la inmensa mayoría, no sé si el noventa o el noventa y nueve, pero desde luego del noventa estoy seguro de que no baja, de las cosas que hay en el mundo, y de lo que nos enseñan en la escuela, es completamente inútil, cuando no perjudicial. Ya sé que les habrán argumentado que gracias a todas esas cosas inútiles se mueve la economía que es como decir que todo el mundo está ocupado y no se aburre. Como si para estar ocupado y no aburrirse se necesitasen esos desaforados consumos de energía. ¿No será más que suficiente cultivar el propio jardín? ¡Ay, de cuantas cosas se da uno cuenta cuando ya no le pueden aprovechar si no es para sentir vergüenza de sí mismo! Porque, ni una sola de todas las que hay en el catálogo de tonterías he dejado de cometerla. Supongo que fue por haber ido a una escuela convencional. 

domingo, 28 de enero de 2024

Sílex

Si no la que más, sí una de las palabras más veces usada a todo lo largo de la Ilíada es bronce. El bronce era por aquel entonces, tres mil años para atrás, la base del armamento, o  sea, de lo que siempre ha sido y será por los siglos de los siglos una de las grandes, si no la mayor, preocupación del ser humano: cómo poder matar sin ser matado. Nada ha propiciado tanto la inventiva. Y, desde luego que llegar al bronce no es moco de pavo. Primero dar con el cobre, luego con el estaño, y descubrir que mezclándolos se podía conseguir algo muy duro, aunque bastante quebradizo. Nada que ver con el hierro que tiene citas contadas en la Ilíada. Al parecer se usaba más que nada para degollar a los animales. Aquel hierro que debía provenir de los meteoritos. Y me puedo imaginar la obsesión de las mejores mentes del momento por dar con el procedimiento para extraer el hierro de las tierras. ¿Qué tierras eran las apropiadas? 

Un día me dediqué a informarme -lo que se llama erudición del conocimiento- sobre cómo había sido lo del descubrimiento de los metales. Es una historia muy turbia de la que es difícil sacar conclusiones. Mil años antes de Cristo, dos mil, tres mil, cuatro mil. ¿Cuándo se empezó a extraer el hierro de la tierra? ¿Cómo se podía labrar la piedra para las grandes construcciones de hace cuatro, cinco mil años, si no se conocía más hierro que el de los meteoritos? Un bien más escaso que el oro.

Ya les he contado que la erudición del conocimiento, que es acumular datos, de nada sirve si no has cultivado el arte de relacionar entre sí esos datos para extraer hipótesis más o menos interesantes. Porque, luego, ya, lo de la verificación de esas hipótesis es harina de otro costal. Pero así es como ha caminado la humanidad desde que aprendió a relacionar datos, apoyada en las hipótesis, que no por otra causa es que ese avanzar haya sido tan tortuoso, porque, como cualquiera puede saber por propia experiencia, la mayoría de las hipótesis que construimos son meras ilusiones. Aunque, muy de tarde en tarde, suena la flauta y nos topamos con un descubrimiento que trastoca lo que hasta entonces había sido el normal transcurrir de la vida. 

Ahora, en estos tiempos que corren, andan muchos sabios muy preocupados por esa flauta que ha sonado que llaman inteligencia artificial. Los coches no van a necesitar conductor y cosas así de inútiles, porque si lo coches ya lo eran en gran medida, no te digo, ya, si ahora van y le quitan a la gente el placer de conducir, porque sí, no se engañen, para la inmensa mayoría es un placer como hay pocos: la sensación de estar haciendo algo práctico mucho rato seguido. Y sin apenas cansarse. ¿Puede haber algo más gratificante? ¿Cómo va a llenar la gente ese hueco en el espíritu que le va a dejar la inteligencia artificial en funcionamiento? Con más pastillas, me imagino. 

Ese es, y ha sido siempre, el gran problema del progreso, que al facilitarnos la vida, de paso, nos la emponzoña. Y de ahí es que nuestros remotos antepasados se inventasen lo de Prometeo. Sí, no hay que hacerse ilusiones al respecto: todo lo que nos facilita la vida nos vuelve más estúpidos.  Así que no sé yo que coño falta nos hacía el descubrir el bronce. Y no digo, ya, el hierro. Para mí que nunca se debiera haber pasado del sílex. Al fin y al cabo, con el sílex se puede pulir la madera, que es lo que se necesita para fabricar guitarras. 

sábado, 27 de enero de 2024

Vapores nitrogenados

No es que me importe un comino todo lo que tiene que ver con el mundo de la política, digamos que institucional para diferenciarla de la que hacemos todos al convivir en la polis. En realidad, ya, hasta los más tontos del barrio se han dado cuenta que política institucional es un eufemismo de modus vivendi. Tú te metes en eso y te aseguras un miserable ir tirando que es a lo que único que pueden aspirar los inútiles con aspiraciones... o fatal arrogancia, por decirlo al modo de Hayek. Pero el caso es que andaba yo buscando unos vídeos de los Bygones, una pareja de jóvenes portentosos en la cosa de la música, y no puedo evitar toparme con el título de un video en el que Savater asegura que el periódico El País tiene una línea progubernamental. Por lo visto, según me han dicho, los de El País le han dado una patada en el culo, precisamente, por hacer este tipo de comentarios. 

A Savater le admiré mucho en tiempos, pero ya hace tiempo que empecé a tener reticencias respecto de él. Aquella insistencia en todas sus entrevistas en que había pasado unos días en chirona cuando lo de Franco, me parecía de un cutre impropio de una mente privilegiada... que no lo debía ser tanto, porque, de lo contrario, ¿cómo ha tardado tantos años en darse cuenta de que El País tiene una línea progubernamental? Es decir, siempre y cuando gobiernen los socialistos, así llamados por ser los más listos entre los socialistas de todos los partidos. No, para mí que este hombre ha tenido la cabeza un poco obnubilada por los vapores del nitrógeno inherentes a la digestión de los típicos chuletones que se comen en los caseríos vascos.  De otra manera, me es imposible entenderlo. 

En realidad, lo normal, y sobre todo espiritualmente sano, debe ser que con los años uno se vaya decepcionando de las admiraciones de la juventud. A esas edades todos somos víctimas de la moda por aquello de que nos ayuda a sobrellevar la natural inseguridad. Y, Savater, brillante como pocos, era la moda. La moda socialdemócrata, bien sure. Si hubiese sido algo más que moda nos hubiese hablado de la escuela de Salamanca, y de la austriaca, no por nada, sino porque hubiésemos tenido la oportunidad de comparar y extraer nuestras propias conclusiones. Pero no, él era la típica trampa del outsider dentro del sistema. No creo que haya habido nunca gente tan perniciosa. Porque, por lo general, ni ellos mismos, por los vapores del nitrógeno o lo que fuera, son conscientes de que son lo que son, que no es precisamente lo que se creen que son. 

No sé por qué, pero le veo esa cara que tiene y me da pena. No es la cara de un filósofo, desde luego. Y menos de un filósofo epicúreo, como a él le gusta definirse. De serlo, se daría los festines con un trocito de queso y no con un chuletón de quilo como a la vista está que lo hace. Es lo que tiene el haber sido tan admirado, que hace olvidarse de los debidos sacrificios a los dioses, que, a la postre, es lo único que hace que nos concedan sus favores. 

En fin, vaya usted a saber. 

viernes, 26 de enero de 2024

Chinos

Nada más salir del portal, tuerces la esquina a la izquierda y, a menos de veinte metros, tienes un bazar chino que en la zona que da a la calle es una frutería. Lo llevan entre una madre por los sesenta y tantos, muy dicharachera, aunque no se la entiende nada, y un hijo por los treinta que no dice ni mu. Suelo comprarles por la comodidad y por el precio. En lo que es el bazar no veo movimiento, pero en la frutería sí, sobre todo los domingos y días de fiesta. Mayormente clientela hispana. El caso es que no les debe ir mal porque por septiembre cerraron un mes y se fueron a China según pude colegir de las explicaciones de la madre que nunca son muy fiables dado el embarullamiento fonético y sintáctico. En cualquier caso, la señora debe ser un águila de las que sobreviviría aunque hubiese un invierno nuclear. El otro día me paró por la calle toda sonriente para enseñarme el brazao de yerbas que había pillado por sabe dios dónde, porque por por estos alrededores solo hay polígonos industriales. Me parecieron dientes de león y por el estilo. Pensaba cenarlo y me trató de explicar cómo se preparaba. Solo un breve hervor, creí entender. 

Siguiendo la calle adelante, a menos de cincuenta metros, hay otro bazar chino gestionado por padre, madre, hijo e hija. Puedes apostar que no hay nada que necesites que no encuentres allí. Seguramente tiene más de mil metros cuadrados, así que es fácil perderse por el laberinto de estanterías. El padre está en la caja y el hijo, a la entrada, te resuelve las dudad al instante. Es gente amable y muy discreta. A los padres los suelo ver al anochecer caminando ligeros por el muelle del Pesquero. Pasan de largo como si no te conocieran, lo cual que me parece una buena táctica porque si se dedicasen a saludar a todos los que entran en el bazar no acabarían nunca. Pero, desde luego que me conocen; lo pude comprobar el otro día por la mirada torva que me echó el padre cuando le pillé justo cuando salía de un garito de juego. Tiene que ser terrible tener esa adición y vivir en este barrio. Porque hay garitos para dar y tomar. Y a juzgar por su aspecto les debe ir viento en popa. Y, luego, los clandestinos, como el bar justo enfrente del portal, de unos chinos también, en el que raramente se ve entrar a alguien, aunque hasta bien entrada la madrugada se ve luz tras las cortinas del altillo. Es todo un misterio, pero según una vecina que es un lince no puede tener otra explicación que las timbas. 

Ahora que para linces los chinos de la frutería que hay,  girando la esquina a la derecha, cincuenta metros más allá. Tiene una fruta y verduras de primera calidad, aunque hay que pagarlo. Pero tiene la ventaja de que de ocho de la mañana a doce de la noche, los trecientos sesenta y cinco, o sesenta y seis, días del año, puedes contar con ellos. Y cosa curiosa, son tremendamente dicharacheros. A nada que te descuidas, te pillan y no hay forma de desengancharse. La mujer, sobre todo, es de un liberal que ni Milei. 

Lo curioso de esto de los chinos es su adaptabilidad a las circunstancias. Cuando empezaron a venir a España, su negocio eran los restaurantes. Tenían clientela, por la novedad supongo. Pero al poco, me imagino que instigado por la mafia de la hostelería local, empezaron a circular bulos muy del gusto de la chusma. Que si en el barrio en el que se instalaba un restaurante chino empezaban a desaparecer los gatos. Que si nunca nadie había visto el entierro de un chino... se insinuaba que acababan siendo la carne del chop suey. La maledicencia corrió como un reguero de pólvora hasta llegar hasta los mismísimos proscritos de Alar que tomaban aquellos bulos como si fuesen artículos de fe. Y así fue que desapareció aquella profusión de restaurantes, en este barrio no hay ni uno, y aparecieron los bazares y las fruterías. Personalmente, he sentido su desaparición, porque la comida china me parece mucho más afortunada que la nuestra. Cuando vivía en Barcelona frecuentaba un Pato Pekín que había en el puerto olímpico que era una pasada. Era donde los chinos celebraban sus bodas. Recordaba mucho a lo que vimos en algunas de las películas de Ang Lee, como Comer, beber y amar, o Banquete de bodas. Los chinos, como solo celebran cuando hay algo que celebrar, entonces, tiran la casa por la ventana. En fin, en cualquier caso, una pena que no haya un restaurante chino por aquí, porque de haberlo, de vez en cuando, un día tal como hoy, que no me apetece nada cocinar, les compraría la comida muy gustoso. Porque siempre me sentó muy bien. 

jueves, 25 de enero de 2024

Literatura

Se empeña María en que lea un relato de un escritor americano que tuvo su predicamento a mediados del siglo pasado. Es de esos relatos canónicos, es decir, escrito como enseñan en las universidades americanas que hay que escribir. O sea, irreprochable. Por lo demás se trata de una familia acomodada que está veraneando en su casa de una de esas islas de lujo que hay por el noreste de EEUU. Madre y cuatro o cinco hijos con sus respectivas descendencias. Uno de los hermanos, por los cuarenta o así, conserva todo el esplendor de la adolescencia y así es que le parece fatal, y lo dice, todo lo que hacen su madre y sus hermanos y hermana. El padre se había ahogado años antes mientras practicaba la vela. El caso es que al chico no le faltan motivos para estar encabronado porque todos los usos y costumbres de su familia son los típicos de la burguesía decadente: mucho alcohol, mucho orgullo de casta y, sobre todo, mucho vivir en el pasado. En definitiva, como suele pasar en la mala literatura, la que, como dice Sostres, le gusta a las chachas, se exagera mucho el carácter del chivo expiatorio. Es bastante ridículo porque esa misma sensación de inadaptabilidad y desprecio se puede conseguir de mil maneras más sutiles. Pero los americanos son así, si al final no hay violencia liberadora no se vende el producto. 

Confieso mi simpatía por el inadaptado, por más que comprenda que es un redomado necio. Aunque, por supuesto, mucho menos necio que el resto de los personajes, tan normales ellos. Conozco bien esos ambientes de normalidad que en su día me horrorizaron e impulsaron al autoexilio. Fue el contacto con el mundo el que me hizo comprender que esas casas de veraneo en las que las familias se recuecen en sí mismas esperando a que llegue la hora del aperitivo, que al final son todas las horas, son la confesión de una impotencia para vivir. Están descansando de un año de trabajo, me dice María. Ya comprendo, pero ese tipo de descanso es como cobrarse un anticipo del paraíso. Néctar y ambrosía por un tubo. Para una persona que está viva, descansar será cambiar el muermo de la rutina por el stress de la aventura. Pero, una rutina por otra, ¡ya me dirás tú que descanso puede ser ese! 

El chaval inadaptado que hace de chivo es inverosímil. A esa edad, por muy tarado que se esté, como yo, por poner un ejemplo, ya se ha aprendido a hacerse a un lado. Porque eso de ir a hacer de espejo en el que pretendes que todos se vean muy feos es de todo punto inútil a la vez que demasiado trabajoso. La gente, familia sobre todo, que está amontonada no se ve en los espejos como de sobra sabemos desde que leímos Drácula. En fin, allá cada cual con sus colmillos.

miércoles, 24 de enero de 2024

Multiservicios

Ayer me tocó acompañar a los albañiles que están arreglando un piso a mis hijas. A las nueve me recogieron, aquí, al lado de casa, para ir a Leroy Merlín. En la típica furgo gitana, o sea, llena de mierdas hasta los topes. Multiservicios que le dicen. Con la sintonía de el bueno, el feo y el malo, sonando cada sí y cada no. Leroy era una fiesta. No hay mejor signo de que la cosa, digan lo que digan los perdedores, está marchando. De repente, a todo el mundo le ha dado por querer arreglar su nido. Pisos, portales, fachadas, la ciudad está adquiriendo un aspecto cada vez más señorial. Así que no es de extrañar que, en un día cualquiera de enero, pululen por el centro neurálgico los rebañitos de turistas escuchando atentamente a su monitor. Y es que, claro, al aspecto señorial, hay que añadir la benignidad del clima y, por si eso fuera poco, un par de historias catastróficas que en el pasado arrasaron la ciudad en plan el coloso en llamas. A ver quién es el guapo que no va a escuchar eso con atención. Resumiendo, que todo son nichos de empleo. Uno no para de sorprenderse; aquí en el barrio, el local sórdido de ayer, de repente se ha convertido en club de baile caribeño que se anuncia con un mural deslumbrante en el que muestran su nunca apagada alegría Celia Cruz, Rubén Blades y otras estrellas inmortales. O aquel tabuco, largo ha clausurado, que era nido de basuras, es ahora una tienda de artículos para pescadores que se anuncia con un rutilante cartelón en el que junto al nombre, Tinta y Escamas, se ven unos calamares y peces, todos sonrientes. Sin duda, hay en la ciudad mucho artista del mural. Y no hablemos, ya, de sitios para hacerse las uñas y afinarse el cutis. O todos aquellos baruchos que no decían nada, ahora, pintados, con sus cenefas de luces de colores, su musiquilla caribeña, parecen representaciones del paraíso hallado de Milton. Así que hay que verlos un sábado a la  caída de la tarde... hay allí carne envasada al vacío para dar y tomar. 

Ya ven, esta ciudad que siempre fue un muermo, con sus señoritos estirados... del culo cagao, que les decían, es ahora, un hervidero de actividad por obra y gracia de una renovación de la sangre que corre por sus calles. Es lo que tiene el que la gente del lugar de toda la vida prefiera los perros a los niños, que se va haciendo un hueco que otros vienen a llenar. Y no hay gente con más ganas de vivir y reproducirse que la que lo ha arriesgado todo para buscar mejor vida. A esos no se les pone nada por delante. Son el huevo que eclosiona al calor de las cenizas de los que se quemaron de tanto ir a la playa, pasear al perro y tomar vinos a diario. Así es toda la historia de la humanidad: unos se apagan y otros se encienden. Y la vida sigue igual. Con multiservicios a tutiplén. 

martes, 23 de enero de 2024

El honor

Hay un director de cine americano, Sam Peckimpah, cuyas películas se caracterizan porque la sangre salpica al espectador. Es la violencia llevada al extremo. Su recreación como pretendido arte. Conseguir eso con imágenes en color, tampoco creo que sea algo del otro mundo. A la que ves media docena de esas imágenes ya te dan risa; es como si estuvieses embadurnando la hamburguesa con kétchup. Otra cosa es conseguir salpicar con la escritura. Ando ahora por esa parte de la Ilíada en la que Aquiles se decide a entrar en la lid para vengar la muerte de Patroclo, su amigo del alma. Hay un largo preámbulo para ir calentando motores. La forma en que depone su cólera por lo de Briseida; el río de lágrimas que vierte sobre el cadáver de Patroclo; las armas que Hefestos le fabrica por encargo de su madre Tetis; el consejo de Odiseo de que coma algo antes de lanzarse a la lucha y su negativa, todo muy bien argumentado; la rayita de néctar y ambrosía que le proporciona Atenea para que no note los efectos del cansancio... hasta que el lector ya no puede aguantar más las ganas que tiene de verle entrar en acción. Pero todo llega y, entonces, es la mundial, como se suele decir. Porque Aquiles no mata, como pasa en el cine, seres anónimos; no, va uno por uno, personajes con su historia, su linaje, su procedencia, su status y, luego, la descripción minuciosa, con todos los detalles anatómicos, de por donde le entra la lanza, por donde le sale, lo que se siente al ser atravesado, las vísceras que se escapan por las heridas... Y a por otro y a por otro y a por otro. Sin piedad. Si alguno abraza sus rodillas implorando clemencia, aprovecha que esté en esa posición para mejor segarle la cabeza de un tajo. Y, entonces, la sangre brota como de un surtidor por las arterias del cuello. Sorprende la cantidad de anatomía que se conocía en aquellos lejanos tiempos. A partir de esta matanza, los acontecimientos se precipitan; es imposible meter más tensión narrativa que la que hay en las últimas cien páginas de la Ilíada. Más o menos, todo el mundo sabe lo que pasa. Porque es una historia contada millones de veces de todas las formas habidas y por haber. 

Y todo porque una paya, que estaba muy buena, eso sí, decide abandonar a su marido e irse con otro. El honor, ese sentimiento que tantos quebraderos de cabeza ha dado a la humanidad. En realidad, si bien se mira, el honor no es sino desprecio de la vida o, dicho de otra manera, una pulsión suicida. Los duelos. A tota ultrança, como repiten mil veces en Tirant lo Blanc. Ahora tengo a Casanova reponiéndose de las averías que le ha proporcionado el duelo que ha mantenido con un tipo, príncipe, por supuesto, por unas palabras delante de una tía que han sido interpretadas como desprecio. Una chorrada de esas que cualquiera hubiese resuelto con un dar la espalda a la vez que pronunciando un ¡que te den! Pero, así son las cosas: para el que no está bien en la vida, cualquier excusa es buena para morir. Y es que es muy complicado eso de estar bien en la vida. 

lunes, 22 de enero de 2024

Extrema derecha

Perdonen que vuelva a la carga, pero es que se me revuelven las tripas si no lo hago. Resulta que hace unos días hubo una votación en el parlamento europeo para decidir si se hacían públicos los contratos que firmó el gobierno de la unión con la industria farmacéutica para el suministro de vacunas. Los dos partidos mayoritarios, digamos que lo que aquí son populares y socialistas, votaron en contra. Así que la negativa a hacerlos públicos fue por inmensa mayoría. Así está el patio, como si esos políticos hubiesen pagado de su bolsillo las vacunas y por tanto no tienen por qué dar explicaciones a nadie. Yo sé que a la mayoría de los vacunados le parece de perlas que no se hagan públicos no vaya a ser que la mosca que tienen adormecida tras la oreja vaya a despertar y no les deje dormir. Así ha sido siempre la psicología humana y por eso fue que se inventó el símil del avestruz que mete la cabeza debajo del ala. 

A mí, perdonen, pero me parece monstruoso que, no ya que se niegue la publicación, sino, incluso, que se debata en el parlamento. ¿Pero qué pasa aquí, que papá y mamá deciden lo que se puede y no se puede decir a los niños? Esos supuestos medicamentos los hemos pagado nosotros y nadie se tendría que meter por medio para decidir nada. Pero es que, además, es una decisión de idiotas, porque esa negativa no puede sino redoblar las sospechas de que el gato encerrado es cada vez más grande. Y, por otra parte, como no se cansaron de repetirme mis padres, lo que no quieras que se sepa no lo hagas, porque, y esto lo dijo Don Quijote, la verdad nunca quiebra y siempre acaba quedando por encima de la mentira como el aceite sobre el agua. 

Porque es que, además, se da la circunstancia de que cuando empezó el circo de la pandemia, un grupo de profesores universitarios y científicos de prestigio, todos ellos, por supuesto, de extrema derecha, ¡cómo no!, decidió fundar un instituto que llamaron Brownstone, que ahí sigue dando la matraca para desesperación de la gente de bien. Y resulta que hace unos días publicaron un trabajo de unos investigadores alemanes en el que parece demostrarse lo que muchos habíamos sospechado desde el principio. O sea, que, si no la mayoría, gran cantidad de gente fue inoculada con suero fisiológico. Porque, si no, búsquenme una explicación a lo que ha demostrado un trabajo hecho en Dinamarca: de los inoculados con un lote de vacunas hay un diez por ciento de afectados con graves efectos secundarios, otro lote un 0,8% de afectados y, otro lote, cero patatero de efectos secundarios. ¡Átenme esa mosca por el rabo! 

Pues sí, no les quepa duda de que la verdad de todo esto acabará por salir a la luz porque cada vez hay más gente de extrema derecha trabajando en el asunto. Y ya saben cómo es esa gente de fanática y tenaz. Así que, amárense los machos porque lo peor de todo en esta vida es que te tengan que sacar la cabeza de debajo del ala a patadas en el culo. 

domingo, 21 de enero de 2024

Els catalans

Ya voy dominando a mi manera el solo de guitarra del "Nunca vas a comprender" de Rita Payes y su madre Elisabeth Roma. Como pasa con cualquier cosa una vez que es aprendida, la sensación es de que la dificultad no era para tanto. Ahora, tardaré una buena temporada en conseguir que me resuene por dentro cuando lo toque. Hasta que no necesite tanta concentración. Ya veremos... si es que está de Dios concederme ese privilegio. 

Pero a lo que quería ir yo es a lo de Rita Payes, Andrea Motis, dos de los genios salidos de la escuela de música fundada por Joan Chamorro en el barrio de Sant Adreu de Barcelona. Ahí están los medios de comunicación venga y dale con la matraca catalana, como queriéndonos dar a entender que Cataluña es esa purria que representan sus políticos. Sin embargo, en mi opinión, nada representa tan bien lo que es ese país, o rincón de España, o como a cada cual se le ponga en la punta del nabo considerarlo, como esa escuela de Sant Andreu. Viví muchos años en Barcelona y tuve el privilegio de asistir a las clases de música del Celeste. Yo era un mal alumno porque era ya muy mayor, no estaba dotado y encima fumaba porros. Pero me quedaba la suficiente sensibilidad para darme cuenta de que aquello era muy especial. Los métodos pedagógicos empleados te permitían hacerte una idea global de la música, más o menos, como la que te da el Doctor Faustus de Thomas Mann que leí por entonces y pude comprender gracias a lo que estaba viviendo. Pues sí, para mí Cataluña es eso, una clase media, un poco sinvergüenza si quieren, pero bastante cultivada y con una intuición para lo innovador envidiable. Y, sobre todo, un estilo. En Cataluña, no sé ahora, pero en la que yo conocí eran impensables estas concentraciones de jóvenes, y no tanto, que se producen en el resto de las ciudades españolas al atardecer en las que se conocen como zonas húmedas, una verdadera desgracia nacional se mire como se mire. No, en la Cataluña que yo conocí era de pésimo gusto lo de la famosa socialización a la española... y yo me identificaba al cien por cien con eso. 

En fin, Rita Payés y Andrea Motis, dos divas antidivas. O a la catalana. Como el que no quiere la cosa. Personalmente, me quedo con ese estilo. 

sábado, 20 de enero de 2024

Moda chanchullo

Hace años una librería de viejo en una pequeña ciudad era una excentricidad. En ésta, seguramente había alguna, pero yo lo desconocía. Ahora, sin embargo, surgen como hongos. Cuando estoy a punto de acabar un libro, me doy una vuelta por las que tengo más a mano en busca de material. Uno, suele costar cuatro euros, pero, si llevas dos, son seis, y si tres, ocho. Y cosa curiosa, raro es el día que cuando estoy pagando, o charlando con el dependiente, generalmente propietario, no venga alguien con una bolsa llena de libros para deshacerse de ellos. Y es que eso de blasonar de tener treinta y cinco mil volúmenes, como oí el otro día a un escritor de bestsellers que tiene el pico muy largo y nunca se apea de los platós televisivos, es, a mi juicio, sencillamente, una horterada. O estar fuera de onda, porque ya nadie se cree que el que tiene muchos libros es una persona muy sabia. Comprendo que hay unos cuantos, un par o tres de docenas, que viene bien tener siempre a mano, como la Biblia y así. Y luego, claro, los que tienen que ver con el propio trabajo, libros técnicos que siempre hay que estar echando mano de ellos. Llegué a tener un montón de ese tipo, de los otros ya me había deshecho, y todavía recuerdo la satisfacción que experimenté el día que vinieron unos jóvenes a casa a llevárselos. Ya no me servían para nada, entre otras cosas porque ya había dejado de creer en la religión de la ciencia para pasarme a la de la música y el zascandileo. Aunque llamar ciencia a la medicina es, cuanto menos, un atrevimiento. 

Así las cosas, lo que es evidente es que hay un cambio de chip a escala mundial. Lo que era excentricidad hace cuarenta años ahora es buen gusto. Paradójicamente, no hay peor gusto que dedicarse a acumular objetos de los considerados como de buen gusto. Por fin, hasta la chusma ya ha empezado a comprender que es muy delgada la línea que separa el ornamento del delito... que dijera Adolf Loos, también austriaco él. Porque, por si todavía no se han dado cuenta, les diré que ya llegó el momento austriaco. Es la cosecha de lo que se plantó en aquella Viena de entresiglos. XIX/XX. Porque el mundo de las ideas no es como el de los trapos. Poner unas ideas de moda cuesta siglos, pero, también, después, se mantienen durante siglos en el candelero. 

Por eso, porque ha llegado el momento austriaco, es que abres Youtube y te encuentras con que la mitad de los vídeos están dedicados al discurso que hizo Milei el otro día en Davos. Un discurso que trajo esperanza a muchos y también terror a otros muchos. Ese discurso era austriaco. Como lo es deshacerse de lo inútil. Desde luego que va a costar acostumbrarse; incluso a los que están esperanzados, porque, como dice el refrán, una cosa es predicar y otra dar trigo. Y, también, a los esperanzados con lo que se anuncia, les va a costar aceptar que la mayoría de las cosas que tienen son inútiles. Caerse del caballo camino de Damasco es doloroso siempre. ¡Pero, ay de aquel que nunca se cae! Más le valiera atarse una rueda de molino al cuello y arrojarse en el primer pozo que tuviese a mano. 

Concluyendo, que pido a los dioses omnipotentes que esta sea la primera vez en la historia en la  que no se necesite una guerra para implantar la nueva moda ideológica... aunque lo de nueva moda no sea, siempre, más que un eufemismo de la vieja que se andaba añorando. Como pasó con aquellos pantalones que se decían de pata de elefante; cuando los vio mi padre, dijo que cuarenta años antes a esos pantalones les llamaban moda chanchullo... que es lo que son todas las modas. 

viernes, 19 de enero de 2024

Corot

Comprendo que viaje el que no tiene sensibilidad, dice Pessoa. Difícil entender que se quiere decir cuando se dice sensibilidad. Hasta que, coges, agarras y te pones a leer a Azorín. Entonces te das cuenta de que sensibilidad es saber diferenciar los detalles de lo que tienes delante. Cuando Azorín, expulsado de España por la guerra, se instala en París, pasa largas horas en el Louvre. No se cansa nunca de contemplar los paisajes de Corot, un paisajista francés del XIX que, según Azorín, trasforma la naturaleza para extraer su espíritu; para mostrar lo que hay de latente y esencial en el mundo. Y todo ello sin violentar la realidad. Es una transformación perfecta, grado a grado, que va modificando la materia visible hasta conseguir una sensación de reposo. Dice que, cualquier tela de Corot nos aplaca los nervios encalabrinados. Los seres humanos, puestos en esos parajes, por fuerza han de ser felices. 

Todo eso que dice Azorín acerca de la pintura de Corot, pienso que se le podría aplicar a él cuando describe los paisajes. Para mí ha sido un descubrimiento que me está arreglando la vida. Cuando al atardecer busco el sosiego que me va a permitir conciliar el sueño tan pronto me meta en la cama nada mejor que un poco de Azorín. Entonces, es como cuando me iba en la bicicleta por los paisajes castellanos ¡cómo los añoro! que regresaba a casa con todas mis necesidades cubiertas. Con Azorín es como si estuviese paseando por los paisajes castellano-levantinos. 

"La cañada se abre en amplio collado. Entre el follaje, allá al fondo, surge la casa con sus paredes blancas y sus techos negruzcos. Comienzan las plantaciones de almendros; sus troncos se retuercen tormentosos; sus copas matizan con notas claras la tierra jalde. El collado se dilata en ancho valle. A los almendros suceden los viñedos, que cierran con orla de esmeralda el manchón azul de la laguna. Grandes juncales rompen el cerco de los pámpanos; un grupo de álamos desmedrados se espejea en sus aguas inmóviles."

Lo que yo daría por saber pintar así. Por tener esa sensibilidad. En cuyo caso no hubiese necesitado pasar la vida de la Ceca a la Meca buscando desesperadamente algo diferente que me pudiera calmar el ánimo atormentado. Bueno, en las llanuras castellanas pienso que encontré algo de eso. Lo mismo que ahora lo siento cuando al anochecer me siento en el paseo de la dársena del Pesquero y veo todo ese juego de colores que aparece sobre las tenues ondas al encenderse las luces. He tenido que llegar a muy viejo para darme cuenta de que es la percepción de esas bellezas todo lo más que uno puede esperar de la vida.   

jueves, 18 de enero de 2024

Davos

Ayer Davos volvió a estar en el centro del mundo gracias a que un muchacho, creador de contenidos, colgó en las redes un vídeo falso tan perfecto que se lo tragaron millones de personas. En él se veía al citado muchacho, un tal Damon Imani, dirigiéndose a los asistentes al Foro Económico Mundial y particularmente a su presidente y junta directiva a los que mandó a tomar por el culo e invitó a desaparecer y dejar que la gente siga su curso sin salvadores que vengan a complicarles la vida. Si quieren, tienen fácil ver ese video que tiene su gracia. Googlean, Damon Imani, Davos, y ya lo tienen a su disposición. 

Ayer, también, en el mismo foro de Davos, se explayó Milei, el flamante presidente de Argentina. Es probable que nunca una conferencia sobre economía y política haya tenido tanta audiencia. Fue una síntesis de todo lo propuesto por la que se conoce como Escuela Austriaca de Economía. Nunca, desde luego, se había planteado en un foro lleno de lideres mundiales una demonización del Estado tan bien argumentada. Ni el mismísimo Rothbard lo hubiese bordado de tal modo. En cualquier caso, una cosa es segura, a partir de ese discurso, ese foro ya nunca será lo que ha venido siendo, un nido de aprendices de brujo. Los globalistas que allí conspiran, será mejor que, en adelante, sigan el consejo de Damon Imani y se vayan a tomar por el culo.  

En realidad, Davos nunca, desde que Thomas Mann escribiera La Montaña Mágica, ha dejado de estar en el centro del mundo. Allí, en un sanatorio antituberculoso, se hace un recorrido por todas las formas posibles de contemplar el universo. Settembrini, un humanista progresista, partidario de la acción, enfrenta sus argumentos a los de Naphta, un ferviente admirador de Miguel de Molinos y, por tanto, un quietista. Claro que, decir humanista progresista, quietista, o cualquier otra palabra con las que se trate de abarcar el todo de una forma de pensar es una solemne mamarrachada. Settembrini y Naphta llenan media novela con sus discusiones ideológicas y, la conclusión que uno saca al leerlas es que los dos tienen el típico chocho mental que acompaña a todos los intelectuales. Cualquier carpintero o albañil sabe y hace por sus congéneres mil veces más que ellos. 

Personalmente, me quedo con Miguel de Molinos al que, en mi opinión, el tal Naphta no había sabido cogerle el punto. La que se lo cogió bien fue María Zambrano que fue la que me llevó hasta él y su Guía Espiritual. Pero éste es un asunto en el que no voy a entrar ahora, porque el quietismo es, precisamente, no entrar en argumentos por estar convencido de que todos son falsos... que mira que hay que estar ciego para no darse cuenta.   

En fin, Davos, La Montaña Mágica, allí van las personas y sueltan la lengua pensando que se van a trascender. ¡Sancta simplicitas! Tiene aquello menos trascendencia que cuando bajas Ebro abajo por los meandros de Valderredible y vas escuchando todo el rato el parloteo que se traen entre ellos los jilgueros y malvises. Ahí sí que es donde Dios se muestra en todo su esplendor.   

miércoles, 17 de enero de 2024

Desfachatez

 Ayer, o anteayer, que ya no sé, porque, como decía aquella canción, el tiempo pasa que es un primor, hubo un debate de una hora justa en el parlamento británico acerca del exceso de muertos que se viene produciendo de un tiempo a esta parte. Exceso, cuyo comienzo, todo hay que decirlo, muestra una rara coincidencia con el momento en que se empezó la vacunación masiva contra lo que llaman covid. Sea como sea, la ministra de sanidad se aferró a su coartada para exonerar al gobierno de toda responsabilidad en el desastre. Porque es que, además, ese exceso de mortalidad no es debido a los viejos, sino, más bien, a gente por la media edad e, incluso, jóvenes. Dice la susodicha, que como consecuencia de los confinamientos se suprimió la gripe y que, hora, al haber vuelto los contactos, pues eso, que la gripe se está cebando. Sin duda la ministra ha visto mucha serie cómica que ya saben en qué consisten todas: en intentar tapar una mentira absurda con otra que lo es mucho más. No hay nada que produzca más risa, aunque lo que se intente tapar con ello sea una tragedia. La desfachatez, en llegando a ciertos límites, es la clave de la comedia que gusta al populacho. En cualquier caso, Andrew Bridgen, el actual quijote inglés no se arredra ante los molinos de viento y ya tiene solicitado un debate de tres horas en la cámara de los comunes. Lo espero con impaciencia, porque ahí si que nos vamos a partir todos de risa. A ver que se inventa entonces la ministra... que mira que los ingleses son buenos para las comedias. Los mejores sin duda. 

Ahora que, para gordo, lo que está pasando en Alemania y países colindantes. Eso es una insurrección en toda regla que es inevitable que traiga cola. Porque el caso es que los insureccionados son gente que sabe hacer su trabajo que, es, nada más y nada  menos, conseguir que todos tengamos comida en nuestros platos a las horas de costumbre. Desaparecieran todos los oficios menos los agricultores y albañiles y prácticamente ni lo notaríamos. Incluso puede que mejorásemos nuestra calidad de vida. Refugio y comida, ¿qué más se necesita para una buena vida? Pues sí, ellos están hasta las pelotas de que los señoritos de la ciudad les digan cómo tienen que hacer su trabajo. Los señoritos de la ciudad, o sea, los funcionarios, esos parásitos que por la mañana comen papel y por las noches acuden a los bailes de vampiros. Y su número no cesa de crecer. Cuando yo empecé mi ejercicio profesional, 67 del siglo pasado, en el hospital de la ciudad había 12 jefes y cuarenta internos haciendo la especialidad. Y la población no parecía estar menos atendida que ahora. Al menos no se escuchaban quejas. Hoy hay quejas para dar y tomar y en el hospital de la ciudad hay 1.300 médicos en plantilla. Y ¿saben qué? Todo eso sobre las espaldas de los agricultores que, si se ponen malos, que Dios se apiade de ellos porque pueden pasar meses e incluso años antes de ser atendidos... es el precio de no tener contactos con los señoritos de la ciudad. 

Pero lo más curioso de todo es que la gente del común de aquí no tiene la menor idea de todo lo que está pasando por ahí. La manipulación de la información es apabullante. Se pasan el día informando de las rencillas que mantienen entre sí los señoritos de la ciudad. Rencillas por ver quién de ellos es el que más puede robar. Y a la gente le encanta saber de eso porque así no se enteran de lo que les concierne que, eso, sí que quita el sueño. 

Ayer estuve escuchando la perorata que se largó Nazaret Martín, la Marcela de Torre Don Miguel. Dejó meridianamente claro que la pertenencia a la comunidad europea nos está perjudicando. Y abogó por la salida inmediata. Y no piensen que Marcela habla por hablar. Lean el Quijote y entérense de que va la cosa. Una pastora con estudios es cosa seria. Porque, mientras cuida las cabras, tiene muchas horas para pensar con el fundamento que le dan los estudios. Pura dinamita revolucionaria. 

Así están las cosas y, uno, en la pequeñez de sus últimos días no puede hacer otra cosa que lanzar un suspiro de alivio cada fin de mes al comprobar que han vuelto a ingresar el importe de la pensión... hasta cuándo, me pregunto siempre, va a resistir el sistema. Todo, pura desfachatez. Sin la menor gracia. 

martes, 16 de enero de 2024

Rabiando

 Andaba Casanova a la sazón por Rusia. Haciendo lo de siempre, mucha vida social, y ningún trabajo del que nos dé cuenta. Rusia no deja de sorprenderle con sus diferentes costumbres. Había ido por el campo a dar un paseo en compañía de un príncipe o conde, porque, de ahí para abajo, no se trata con nadie, y, en estas estando, vieron a una joven que les pareció bellísima que, asustada al verlos, corría despavorida hacia una cabaña que había por allí. Y, como buenos ociosos, allí se dirigieron a ver qué se podía hacer. Casanova propuso tomarla como criada. Pero su amigo ruso le dijo que eso era imposible. La solución era comprarla y convertirla en esclava, es decir, con derecho a pegarla. Por cien rublos, porque según sus padres era virgen. Pero ahí no acabó la cosa, porque hubiera sido ofensivo que Casanova no comprobase la autenticidad de la afirmación de los padres. Así que, con el más que beneplácito de la chiquilla, catorce años tenía, Casanova tuvo que andar hurgando por allí en presencia de toda la concurrencia que no perdía detalle. Realizados los tramites, que, Casanova confiesa, no le cercioraron de nada, se la llevó para casa y en tres meses ya le había enseñado veneciano y todo tipo de normas para poder ser presentada en sociedad. Porque, por lo visto, en Rusia, al contrario que en el resto de Europa, nadie preguntaba por la naturaleza de la relación con la mujer que un hombre llevaba a su lado.

Ya me dirán, con una cría de catorce años, la edad de la insaciabilidad... picotazo y al alero: demasiado para un hombre que andaba ya por unos cuarenta demasiado trabajados. Por eso debió ser, de tanto triquitriqui, que la inconfesable dolencia crónica, que había adquirido cuando estuvo preso en la cárcel del Peso en Venecia, hiciese un brote agudo que, como hubiese dicho Ángel, el de los proscritos de Alar: las tengo rabiando. Las dichosas hemorroides, el silencioso azote que obliga a transigir a las juventudes demoradas que se estaban resistiendo a dar el salto a la madurez. Yo no sé en qué proporción afecta esta dolencia porque, ya digo, parece inconfesable. En cualquier caso, apostaría por los altos porcentajes. Y por propia experiencia sé que un brote agudo viene a ser como esa pica que les ponen a los toros para rebajarles la bravura. En resumidas cuentas, que, o muy tonto, o propósito de la enmienda: no queda más remedio que bajar el pistón.    

Por eso fue, por tenerlas rabiando, que Casanova requiriese los servicios del médico más prestigioso de San Petersburgo, que, a su vez, le recomendó una de aquellas operaciones horrorosas que se hacían por entonces. Por suerte para Casanova, el cirujano al que fue enviado era un hombre sabio que le dijo que primero iban a probar con una dieta y régimen de vida. Y, como se suele decir, mano de santo. 

Sé por experiencia propia lo que es el calvario de los últimos estertores juveniles. Un brote agudo y sanseacabó. En adelante a comportarse. Porque ahí están para los restos y no hay terapia radical que valga. A nada que te sobrepasas, avisan de lo que te puede venir como no pares. Sin duda es uno de entre los más ingeniosos resortes que tiene la naturaleza para preservarnos. O pasas por el aro de las costumbres higiénicas o rabias y, de paso, te destruyes. Porque así son las cosas de la vida, para las almorranas y para todo lo demás: el dolor asomando siempre por el horizonte. Lo que pasa es que de tan asumido que lo tenemos ya ni nos enteramos. 

lunes, 15 de enero de 2024

Dichosos en la desdicha y viceversa

A propósito de la entrada que hice el otro día sobre los hijos, me envía Fede una serie de reseñas sacadas de las tragedias de Eurípides. Dice Andrómaca: "para todos los hombres los hijos son la vida. Si alguno los censura por no haber conocido la dicha de tener hijos, y si no sufre por ellos, es dichoso en la desdicha". Y Medea: "¿por qué, en medio de tantos dolores, infligen los dioses a los hombre el más amargo de todos a causa de sus hijos?".  El coro en Orestes: "Quienquiera que sea dichoso con sus hijos y no haya sufrido males abrumadores a causa de ellos, es digno de envidia". 

Vistas así las cosas, y siempre teniendo en cuenta que a los mortales las palabras apenas nos sirven para poco más que para jugar con ellas, no por nada, sino porque todo lo decisivo está predestinado por la divinidad, yo les preguntaría, ¿qué es preferible, ser dichoso en la desdicha de no tener hijos  o desdichado en la dicha de tenerlos? Ya ven, juego de palabras que bien se pudieran sintetizar en aquello de "lo comido por lo servido". 

Sea como sea, los hechos son lo que cuenta. En el breve lapso de tiempo de mi vida el mundo ha pasado de los dos mil millones de habitantes a los ocho mil millones. Ha habido, por tanto, una desmedida preferencia por ser desdichados en la dicha de tener hijos. Pero como nada es eterno y todo cambia según el designio de los dioses, pareciera que ahora se hubiesen vuelto las tornas y, por así decirlo, se hubiese encontrado la piedra filosofal: a la dicha de no padecer las preocupaciones y sacrificios que procuran los hijos se la añade el remedio a la desdicha por no tenerlos, a saber, la tenencia de una mascota a la que se trasfieren todos los afectos propios de la pater o maternidad. 

Resumiendo: hablar por hablar. Porque si hay algo que uno haga en esta vida de forma inconsciente eso es todo lo relacionado con los hijos. En cualquier caso, esa es mi experiencia.

domingo, 14 de enero de 2024

Del monte en la ladera

 Hoy Le Précepteur nos deja un vídeo sobre Nietzsche y la meledicencia. La verdad es que no dice nada nuevo, pero, en cualquier caso es bueno que nos lo recuerden porque somos tremendamente olvidadizos. En definitiva, que el que está mal, o sea, todos en un momento u otro, solo encuentra consuelo en denigrar a los otros. Los otros son los que, el que está mal, en ese momento, considera más fuertes que él. Superiores, para que nos entendamos. Porque, denigrar, o maledecir, no es más que un síntoma de la enfermedad más común de todas: el complejo de inferioridad. El maledicente, en su pequeñez, se siente armado por una coraza de superioridad moral que le hace invulnerable. Él maledice porque quiere un mundo mejor en el que la moral, es decir, las costumbres que han impuesto los débiles, que son los más, para defenderse de los fuertes, que son los menos, sea la reina del cielo. Resumiendo, al débil lo que más le consuela es que el fuerte pase por el aro. Es su venganza por lo poco que le favorecieron los dioses. 

Bueno, servidor no puede estar más de acuerdo con Nietzsche. Y le agradezco infinitamente que me haya desvelado mi yo más repulsivo. Porque mira que he sido, y sigo siendo siempre que me descuido, maledicente. Y no veo otra solución a esta perversión del carácter, o carencias del espíritu, que la que nos describe Fray Luis en su elogio a la vida retirada. Ya saben, "del monte en la ladera, por mi mano, plantado tengo un huerto, que con la primavera..." Sí, los enfermos del espíritu, todos quizá, solo podemos escapar a la maledicencia, no dándonos oportunidades de practicarla. Por eso es tan nefasto eso que llaman socializar. Cuando socializas tienes todas las bazas para maledecir. Hablar mal de los que envidias de una forma inconsciente, como por designio biológico. 

Pelillos a la mar. Estoy ahí emperrado con el solo de guitarra de "Nunca vas a comprender", esa que a mí me parece maravillosa canción de Rita Payés. De Rita Payés y su madre Elisabeth Roma. Esa sí que es una relación como Dios manda entre madre e hija. No puede haber malos rollos si una toca la guitarra y la otra canta o toca el trombón de varas. En eso, pienso, consiste la única socialización decente posible, en juntarse para hacer cosas que ha costado mucho esfuerzo aprender. En fin, que vida esta; menos mal que tengo este huerto aquí, en esta ladera del monte. 

sábado, 13 de enero de 2024

Hijos

  <<Y es cierto -piensa Azorín mientras baja por la calle de Toledo- que yo tengo un cansancio, un hastío indefinible...>>

<<Y luego. cuando salió mi artículo sobre el Amor Libre, ¡un aluvión de protestas! "El autor -decía en una de ellas un viejo progresista- o es un loco o no debe de tener hijas..." No, no tenía hijas ni nada...>>

<<Azorín entra en la calle de los Estudios. Pasa por la misma una mujer con dos niños. Y Azorín piensa:

No sé qué estúpida vanidad, qué monstruoso deseo de inmortalidad, nos lleva a continuar nuestra personalidad más allá de nosotros. Yo tengo por la obra más criminal esta de empeñarnos en que prosiga indefinidamente una humanidad que siempre ha de sentirse estremecida por el dolor; por el dolor del deseo incumplido, por el dolor, más angustioso todavía, del deseo satisfecho... Podrán llegar los hombres al más alto grado de bienestar, ser todos buenos, ser todos inteligentes..., pero no serán felices; porque el tiempo se lleva la juventud y la belleza, trae a nosotros la añoranza melancólica por las pasadas agradables sensaciones. Y el recuerdo será siempre fuente de tristeza... >>

Y todo este jeremiaco lamentar porque ha visto a una madre con dos hijos. Y no es que lo que dice me parezca carente o no de lógica, que en eso no quiero entrar ahora; lo que me pregunto es si Azorín hubiera escrito eso mismo si hubiese tenido hijos. Y es que ahí hay una cuestión que, a mi juicio, tiene mucho que ver con la hamletiana del "to be or not to be". Ser o no ser, tener o no tener hijos. ¿Por qué unos tienen hijos y otros no? Para mí cada vez está más claro: es un asunto de la exclusiva competencia de los dioses. A quién quieren se los dan y al que quieren se los hurtan. En mi caso, al menos, no recuerdo que hubiera una voluntad expresa. Vinieron porque vinieron y, a partir de ahí, ya todo fue diferente. Nunca más me los pude sacar de la cabeza. Su bienestar y seguridad es una obsesión permanente. Y uno comprende perfectamente que es todo pura biología: estamos programados para sentir que en los hijos nos prolongamos. Una ilusión, en definitiva, que todos los sabios razonamientos nunca podrán destruir. 

Ni mejor, ni peor. Simplemente es, como digo, por el querer de los dioses. Te llevan por un lado o te llevan por otro. Y, de ello depende el que veas las cosas de un modo u otro. Azorín, que no los tenía, deja constancia de cómo las ve él. Aunque eso no quiere decir que todos los que no los tengan lo vean igual. Lo mismo que tampoco los que los tienen vayan todos a sentir prolongarse en ellos. Pero yo no negaría que hay una tendencia irreprimible según de qué lado te hayan colocado los dioses. En fin, hijos.

viernes, 12 de enero de 2024

Il mondo

Siempre han pasado y están pasando cosas horrorosas en el mundo. La importancia que le damos en cada caso depende de en cómo nos afecta personalmente. Ahora, por ejemplo, hay un infierno en Gaza por el que unos se rasgan las vestiduras y otros lo encuentran perfectamente justificado. Porque lo de Gaza es lo que un filósofo llamaría una aporía, es decir una inviabilidad racional. Judíos y filisteos llevan milenios dándose leña y al parecer siguen sin cansarse. Luego, están los idiotas que toman partido en función de sus particulares dogmas. Pero, la realidad es que los abscesos crónicos de vez en cuando tienen que supurar so pena de que la infección pase al torrente sanguíneo y la cosa acabe en sepsis, que es como decir el cataclismo total. 

El caso es que la semana pasada o así un equipo de investigadores liderados por Denis Rancourt ha llegado a la conclusión de que el chiste de las vacunas para el coronavirus se ha saldado con la muerte de diecisiete millones de personas. Y a eso hay que añadirle todas las que se produjeron por tortura psicológica y malpráctica médica. Porque la realidad de todo esto es que el coronavirus de marras era un virus respiratorio no más patógeno que cualquiera de los que convivimos a diario. Todo ello, en su conjunto, ha sido una tercera guerra mundial que, como nos la han metido con la vaselina de la ciencia, la mayoría de la gente ni se ha enterado. 

Y así son los intríngulis del mundo que ya nos dejó la Ilíada niquelados. Allí estaban los aqueos y los teucros matándose entre sí con entusiasmo y, nunca mejor dicho, por el querer de los dioses. Porque son las intrigas de los dioses en su afán de prevalecer las que mueven todos los hilos del conflicto. Si no hubiera habido dioses, la guerra no hubiera tenido lugar. La cosa empieza cuando Zeus tira las manzanas de oro sobre la mesa y dice que para la más bella y le pide a Paris que haga de juez. Claro, para quién van a ser, para Helena que es la viva representación de Afrodita. A partir de ahí comienza la toma de partido, los guapos, por un lado, los menos guapos por otro, y el poder supremo aprovechando las rencillas entre unos y otros para seguir acrecentando su poder. 

O sea, que siempre hay gente flotando en las nubes que son los que, a la postre, mueven los hilos. Gente que acrecienta su poder con las desgracias ajenas. Pero, como se esconden en las nubes, nunca sabremos a ciencia cierta quiénes son por más que podamos sospecharlo al ver quienes son los que se enriquecen con el invento. En fin, el mundo, qué aburrido por previsible... no me va a costar mucho abandonarlo.  

jueves, 11 de enero de 2024

El Buen Amor

 A Azorín se le muere el maestro, se le muere el amor platónico, se va a Madrid, visita Toledo... todo, absolutamente todo, contribuye a que su estado de ánimo sea lo siguiente a depresivo. Aquella España en la que se estaba cociendo la guerra civil que vino luego no era, desde luego, para espíritus sensibles. Los políticos, la hez de la sociedad, y también su destilado. Es el país de la alegría impostada, la chulería, el gusto hortera. Todo se jodió en el siglo y pico que va de El Libro del Buen Amor a la Celestina. De lo objetivo a lo subjetivo. De la espiritualidad de la Reconquista a la acción de la Conquista de América.

Es un punto de vista curioso por el que es difícil no sentir simpatía. Tengo relativamente recientes las lecturas de esos dos libros y recuerdo perfectamente el estado de ánimo que me suscitó uno y otro. Diría que se invirtieron respecto del suscitado por las antiguas lecturas. El Libro del Buen Amor gano enteros en la misma proporción que los perdió la Celestina. En el uno se está en el apogeo y en el otro ya se va de retirada. En la Celestina ya se masca la decadencia que venimos arrastrando desde que conseguimos por fin echar a los moros. Es como si la vida hubiese perdido su sentido primigenio... que es lo que destila por los cuatro costados El Libro del Buen Amor. 

Pero, vete tú a saber, porque en esto de las conjeturas siempre que uno busca las encuentra. Pero algo es evidente y, eso es que, el estado de ánimo de Azorín en aquellos días que, como les decía, se estaba mascando la tragedia, tiene muchas similitudes con el que nos señorea a no pocos en estos días en los que hay que estar muy ciego para no darse cuenta de que pintan bastos. El rollo de las pandemias, de los calentamientos globales, de los ajustes de cuentas con la historia, de las confusas identidades... son demasiados sinsentidos de una tacada como para que no tengamos la mosca detrás de la oreja de que hay una intencionalidad premeditada. ¿Cómo salir de todo esto por las buenas?

Bueno, ¿saben qué?, que me voy a Mercadona a aprovisionarme. Porque eso es como lo del Arcipreste, contacto con la realidad objetiva. Uno ve esas estanterías rebosantes y como que el espíritu se le serena. No, no es posible, te dices, que, estando así las estanterías, pueda pasar cualquiera de esas premoniciones funestas que hacen los agoreros. Esas estanterías no serían posibles sin una sociedad que funciona.   

miércoles, 10 de enero de 2024

Zeus spoiler

Hera se ha ataviado y maquillado como la más sofisticada de las hetairas para ir a seducir a Zeus. Quiere apartarle del monte Ida desde el que está dirigiendo la lucha que se traen entre sí aqueos y teucros. Y le quiere apartar porque está favoreciendo a los teucros que son los que a ella le caen fatal. Armas de mujer. Consigue su objetivo, lo que tampoco es sorprendente dada la trayectoria de Zeus que coño que ve, coño que quiere. Echan un polvo que, como todo el mundo sabe, es el más natural de los somníferos, y, mientras Zeus duerme, Hera, con el concurso de Poseidón, da la vuelta a las cosas y los teucros de perseguidores pasan a perseguidos. Entonces, Zeus despierta y, al contemplar el nuevo panorama, dice airado: 

"Este engaño, maléfica Hera, que enmienda no tienes /  ha hecho que Héctor dejara la lucha y sus huestes huyeran. / Yo no sé si azotarte de modo que tú la primera / seas en disfrutar en tu carne tu astucia funesta."

Afortunadamente para Zeus, en aquellos tiempos no había ministerio de igualdad porque, de haberlo habido, ni Ilíada ni leches. Pero esto es otra historia para otro momento. Porque lo curioso es que después de maltratar de palabra hasta cansarse a Hera, Zeus se dedica a hacer de eso que ahora llaman spoiler, es decir que nos cuenta en un párrafo todo lo que va a pasar en la película:

" Febo Apolo irá entonces a dar nuevos ánimos a Héctor / y a infundirle valor y hacer que al corazón se le olvide / el dolor que le oprime. Serán los aqueos ahora / rechazados, lanzados por él a la fuga cobarde / correrán a la naves bancadas de Aquiles, el hijo / de Peleo. Y hará éste que vaya su amigo Patroclo / al combate, que habrá de morir alanceado por Héctor / ante Ilión, cuando a muchos guerreros él haya matado / y entre ellos, también Sarpedón el divino, mi hijo. / Airadísimo, Aquiles divino dará muerte a Héctor. / Desde entonces haré que el avance sea firme, partiendo / de las naves y no ha de cesar hasta que hayan tomado / los aqueos a la excelsa Ilión, como quiere Atenea."

En realidad, ya está contada toda la Ilíada.  

Me decía Santi que, hasta no hace tanto -supongo que hasta que los socialistas se hicieron con el cotarro- la lectura de la Ilíada, con la de la Biblia, era parte fundamental de cualquier plan de estudios. Y es que supongo que después de leer y comentar esos dos libros poco te puede quedar por aprender que no sean matemáticas y música. De hecho, en mis dispersas estancias en el Reino Unido pude comprobar que en los colegios de postín se sigue trabajando la Ilíada: hacen representaciones de los pasajes más significativos, como cuando Príamo va a las tiendas de Aquiles a suplicarle que le devuelva el cadáver de su hijo Héctor. El otro día me comentaba Fede con entusiasmo esta escena en la que, según él, no pueden caber más emociones descritas de forma más impactante. 

En fin, allá cada cual con la forma en la que emplea sus ocios, pero que nadie se engañe al respecto, porque una cosa es la Biblia y la Ilíada y otra cosa es todo lo demás... que no es más que repetición de la jugada. 

martes, 9 de enero de 2024

Lo dice la ciencia

Por lo visto, vuelve la moda de las mascarillas. Quién puede discutir su efectividad si lo dice la ciencia. Ya ven ustedes, se empieza por el anís y se acaba por las mascarillas. Si no se lo creen, googleen anís del mono y verán que en la etiqueta del producto hay un mono que se parece mucho a Darwin y que en su mano izquierda lleva un papel que dice: soy el mejor, la ciencia lo dijo, y yo no miento. Pues, con las mascarillas, exactamente igual. Porque no es que coloquen tanto como un carajillo de anís del mono, pero pueden estar seguros de que colocan lo suyo. Y no voy a entrar en cálculos ahora de por qué la mascarilla coloca, pero si quisiera les podría dar una clase magistral sobre las alteraciones que la mascarilla produce en el intercambio gaseoso y cómo esas alteraciones afectan al cerebro de una forma simpática. ¡Como para protestar por el invento! En fin, parece que la pragmática emitida por el gobierno de momento solo afecta a los centros sanitarios. Así que con un poco de suerte nos libramos. Porque no creo que vaya a durar mucho esta racha de catarros porque ya se nota que los días son más largos. 

En cualquier caso, con mascarillas o sin ellas, la cosa al parecer anda por ahí más revuelta de lo que nos tiene acostumbrados. Veía ayer un video de lo más divertido en el que los labradores alemanes iban al centro de Berlín con sus cubas llenas de purines para arrojarlos con delectación en las fachadas de las sagradas instituciones públicas. El que haya vivido en la Cataluña interior, por donde la Serralada Central, sabe muy bien lo que es que te arrojen los purines a las puertas de tu casa. Ahí sí que no hay mascarilla que valga: el hedor traspasa hasta las paredes. Y ya, luego, si a los labradores se unen los camioneros... no sé qué va a pasar con todo esto, pero pido a Dios que no se cebe con nosotros como hizo con aquellos egipcios que se habían pasado un poco de soberbios... que es en lo que, a mi parecer, estamos.

Por lo demás, ahí vamos, entretenidos con nuestras cosas. Mientras haya voluntad para ello, tiraremos pa lante. Así que como ya tengo bastante controlada la Estrellita de Ponce, voy a ver con qué nueva partitura me pongo. Quizá Cielito Lindo que es de aquellas canciones que nos sabíamos de niños de tanto escucharlas en los altavoces del Hotel Cantábrico. Subíamos de merienda a los picos y desde allí escuchábamos resonar todo el valle con los aires que se había traído Fonso, el propietario del hotel, de sus aventuras equinociales. Es muy curioso esto de las melodías de la infancia. Seguro que es lo último que se atreve a borrar el alzheimer. En fin, en resumidas cuentas, que mientras tengamos canciones en la cabeza será difícil que alguien nos doblegue, ya sea con mascarillas, ya con purines... porque, coges, agarras, te vas a YouTube y pones Rosalía y ya estás en otro mundo. ¡Qué prodigio, por todos lo dioses del Olimpo! Nunca escuché cosa igual.  

lunes, 8 de enero de 2024

El homiliador

En estos días del invierno crudo, con rachas atemporaladas que vienen por el noroeste, tener un refugio caldeado es para dar gracias a los dioses y no parar. Apenas salgo lo necesario para la cosa logística. Tengo de todo a dos pasos, que es la ventaja que tienen estos barrios populosos. Reconozco que fue un largo aprendizaje el de no necesitar la calle salvo cuando las circunstancias climáticas invitan con insistencia. Aprender a estar solo con tus cosas, digamos que es el antisocialismo por antonomasia, y por eso debe ser que esté tan desprestigiado, porque, según la propaganda al uso no hay nada peor para la mente que no socializar, esa cosa que antes se llamaba relacionarse, pero que ha habido que cambiarle el nombre para seguir haciendo propaganda. 

En cualquier caso, allá cada cual para saber defenderse de los embates de las corrientes dominantes en cada momento. De las modas que van y vienen. Acogerte a ellas, pareciera como que te apuntala y, de hecho, a ciertas edades así es. Cuando lo de la maldita adolescencia, que dura y dura y dura, sobre todo para los padres del angelito o la angelita. Aunque he oído decir a unos sociólogos franceses que hoy día los padres se entienden perfectamente con sus hijos adolescentes, precisamente, porque siguen instalados en esa edad. La adolescentización de la sociedad, que le dicen. Vete a saber.

Aprender a estar solo es, si quieren llamarlo de otra manera, madurar. Y, como se suele decir, más vale tarde que nunca, pero, no se engañen, tardar en madurar más de lo preciso es una de las mayores desgracias que a uno le pueden ocurrir en esta vida. Por muchas cosas, pero, sobre todo, porque madurar es dejar de sufrir inútilmente. O, si mejor quieren, aceptar que la vida es sufrimiento y que no queda otra que adaptarse a él. Y como a todo se acostumbra uno, y la costumbre es la reina del cielo, pues, resulta así, que el sufrimiento aceptado es una forma de cielo. 

Bueno, voy a ver si agarro la guitarra porque esto de inventarse cada día una homilía es muy fatigoso. Aunque, también reconozco, sumamente útil para el homiliador, que tiene que pasarse un rato meditando sobre cualquier cosa que sea que se trae, no entre manos, sino, por así decirlo, entre neuronas. 

domingo, 7 de enero de 2024

Chiquillas

En el mundo pasan cosas que arman mucho revuelo, como si fuesen novedosas, pero la realidad es que no son más que más de lo mismo. Un proxeneta de lujo invitaba a gente de postín a ir su isla donde tenía a unas cuantas chiquillas puestas siempre en la posición idónea, más o menos como aquellos frailes de la novela de Sade tenían a Justine. Más viejo que el mundo, a los ricos, para cuadrar su particular círculo, solo les falta  lo que un proxeneta les puede proporcionar, es decir chiquillas. ¡Que aburrido, por Dios! Uno lee la Biblia, o cualquier texto de los antiguos y siempre es lo mismo, el poderoso quiere ser como el ciervo que gana en la berrea: para follárselas a todas. En el fondo no son más que víctimas de una adicción. Y quizá de las más destructivas que hay. No hay que leer las memorias de Casanova para darse cuenta de ello; basta con considerar las tonterías que uno, en su pequeña escala, llegó a hacer por tal de salirse con la suya al respecto. En fin, ya digo, qué aburrido. Más de lo mismo.

Lo que nunca es lo mismo, un millón de veces que lo intentes, es resolver un problema geométrico. Es un filón inagotable. Las posibilidades son infinitas, lo mismo que las dificultades. Y cuando consigues resolver uno de esos de olimpiada china o rusa la satisfacción es manifiesta y sin resaca. Lo mismo que cuando tocas una pieza musical y consigues que te resuene dentro. Son los placeres del espíritu, sin duda los más auténticos y los menos cultivados por razones obvias: exigen postponer la consecución del deseo hasta sabe Dios cuando. 

Esa es la cuestión, que hay en el mundo multitud de oportunidades de darse un homenaje sin complicarse la vida ni complicársela a los demás y, sin embargo, por la mala educación, o lo que sea, ponemos todo nuestro empeño en consecuciones instantáneas y absurdas que pasado el feliz instante de su logro dejan una rastro de ansiedad que no hay forma de controlar si no es con otra consecución igual de instantánea y absurda; es la lógica del un "clavo saca otro clavo" y así hasta que el cuerpo aguante. 

¡Hombre, yo no digo que darse de vez en cuando un homenaje animalesco no sea bueno para el espíritu! Creo que era Séneca el que recomendaba agarrarse una buena cogorza de vez en cuando. Dionisos está ahí no por nada sino porque el abuso de lo apolíneo nos hace pensar que somos lo que nunca podremos ser, dioses, la más destructiva de todas las ilusiones. 

En resumidas cuentas, que cada uno se las apaña como puede y, luego, si no está muy convencido de lo hace, se larga rollos como el que acabo de largar para darse ánimos. 

sábado, 6 de enero de 2024

Lances de encrucijada

Ayer fui a echar un vistazo a las obras de mejora en un piso que han comprado mis hijas y por los vericuetos de la conversación acabamos hablando de la Biblia. El albañil, por los sesenta y tantos, me confesó que ellos, me imagino que refería a su ayudante, eran evangelistas. El hombre estaba muy al tanto de todos los intríngulis de David, Betsabé, Salomón y demás. Sin embargo, el Nuevo Testamento le ponía en un brete con algunas de sus atrevidas proposiciones; particularmente la de la virginidad de la Virgen, valga la redundancia. Estuvimos un buen rato dándole vueltas al asunto que, efectivamente, tiene sus perendengues, aunque, a la postre, quizá no sea más que una ingeniosa resolución del espinoso conflicto edípico, ya que a nadie le resulta agradable imaginar a su madre fornicando con otro hombre. Así que, aquellos viejos padres de la Iglesia pensaron que metiendo por medio al Espíritu Santo se acabó la rabia. Bueno, como les decía, el asunto da para mucho sin que nunca se pueda llegar a conclusiones definitivas si estás fuera de la fe católica, así que el buen hombre, en un momento dado, dijo que tenían que trabajar y, a mi sugerencia de ciertos cambios en el proyecto presupuestado, se puso un poco farruco y dijo que habría que pagar más. Lógica evangelista, pensé. Protestantes. 

El caso es que con todo esto del arreglo del piso de mis hijas estoy teniendo una oportunidad de oro para observar el mundo circundante. Dicen que si derechas, izquierdas y mediopensionistas; todo eso son paparruchas. El mundo actual esta definido por la cisura que hay entre funcionarios y los que van por libre, es decir, los que producen. Y en medio, para evitar las fricciones, las legiones de abogados que, mayormente, se encargan de encontrar la trampa que tiene toda ley, porque es evidente de toda evidencia que si las leyes se siguiesen al pie de la letra no habría dinero en el mundo para arreglar un piso, pero, lo que sobre todo no habría, sería paciencia humana que pudiese soportar el papeleo requerido. Porque, además, una vez que te han sacado el dinero, es imposible seguir la pista a los papeles; en mi caso, el otro día me llamó un empresario que me hizo una obra hace años para decirme que le habían llegado los papeles que me costaron una pasta y el vía crucis de media docena de ventanillas. Oye, nada, a tirar pa lante con las obras y que sea lo que dios quiera. Si surgen problemas, para eso están los abogados.  

Eso sí, de una cosa estoy convencido: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un funcionario se haga evangelista. Al menos yo no he conocido a ninguno que tuviese esa veleidad. Quizá es que no lo necesiten porque ya se sienten vivir en el cielo: un sueldo asegurado por vida. ¡La repanocha! Y por propios méritos, claro está, que no hay privilegiado que no crea justificado su privilegio . 

Y así corre el mundo, amigo Sancho. Que no por otra causa es que haya tantos lances de encrucijada. 

viernes, 5 de enero de 2024

Comparar

Pocas cosas explicitan tanto la pobreza de juicio como la comparación. Tratas de explicar una película, una novela, una música, refiriéndolas a otras que se suponen muy conocidas por la concurrencia. Es algo que ha sido muy frecuente en mí y en los ambientes que he frecuentado. Es la erudición del conocimiento, algo que, como se viene sabiendo de antiguo, no sirve para absolutamente nada que no sea eludir una dificultad, es decir, creer que se ha salido del paso con cierta dignidad. 

Pues sí, comparar, algo odioso como dice el dicho, es confesar la incapacidad para enjuiciar la cosa en sí. ¿Qué quieres decir cuando dices que tal película recuerda a las de John Ford? ¿Quién es John Ford? ¿Es que se debe suponer que todos saben quién es y cómo son sus películas? Es de todo punto ridículo. Como de Preciosas Ridículas de Moliere... una comparación, ésta, que lo único que demuestra es que soy un pedante. 

El caso es que así suelen ser todas las conversaciones que se mantienen en los foros atiborrados de esa clase social que se ha dado en llamar la de los pantomimas full. Que sí, son lugares que están bien para los adolescentes que necesitan el apuntalamiento de la moda para mantenerse erguidos, pero que cuando se frecuentan más allá de la primera juventud es signo patognomónico de una debilidad mental que no da para más que para acceder a la categoría de funcionario público. 

¡Qué rabia, madre mía, haber tardado tanto en caer en la cuenta! ¡Qué vergüenza de vida! 

jueves, 4 de enero de 2024

Ver

En realidad, un buen aprendizaje -me repugna decir educación por lo que el término contiene de sometimiento a la norma prestablecida-, un buen aprendizaje, digo, seguramente no exige más que insistir en el arte de la escritura. A veces lo he comentado con Santi la poca importancia que se da en las escuelas a la escritura. Quizá la consideren peligrosa. 

Sigo, pausadamente, con la lectura de La Voluntad de Azorín. 

"La verdura impetuosa de los pámpanos repta por las blancas pilastras, se enrosca en las carcomidas vigas de los parrales, cubre las alamedas de tupido toldo cimbreante, desborda en tumultuosas oleadas por los panzudos muros de los huertos, baja hasta arañar las aguas sosegadas de la ancha acequia exornada de ortigas." 

Esa penetración casi dolorosa de la realidad. Es lo que Pessoa llamaba erudición de la sensibilidad. No ha necesitado Azorín moverse de Yecla para describirnos el mundo en su totalidad. Haber aprendido a observar por medio de la reducción del ámbito. En cualquier sitio está todo para el que ha aprendido a ver. Porque ese es el gran engaño en el que vivimos la mayoría, que hemos dado en creer que mirar es igual que ver. Pero nada más lejos. Para ver, como pasa con la música, se necesita practicar y practicar y practicar, en este caso con el instrumento de la escritura. Me imagino a Azorín, un niño solitario que mira por la ventana y quiere ver el mundo. Y para que no se le escape nada lo va apuntando todo en un cuaderno. Hay muchas cosas de las que no conoce el nombre y va a preguntárselo a sus padres o lo busca en un diccionario. Así, a base de constancia, expande su capacidad de observación o, si mejor quieren, la agudeza de su mirada. Se ve lo que se puede decir; lo que no se puede decir es porque no se ve. 

Aprender a ver, eso es lo que no quieren enseñar en las escuelas públicas, porque una ciudadanía que ve es inmanejable por el poder en curso. En fin, bueno, como dice Pessoa, comprendo que el que no sepa ver ande todo el día de aquí para allá buscando lo que nunca podrá ver. Y de ahí esa agitación que hay en el mundo. Y todo porque no le dieron importancia a la escritura en las escuelas. En las públicas, quiero decir. 

miércoles, 3 de enero de 2024

Tiempos de esperanza

Desde mi agudo punto de vista, el epicentro del terremoto que está empezando a producirse en este país y su área de influencia se encuentra en el Instituto Juan de Mariana. Para que me entiendan, la primera sacudida de ese terremoto ha sido lo de Milei en Argentina. Y es que por más que la figura de Juan de Mariana, como todo lo que tiene que ver con la Escuela de Salamanca, se nos haya venido ocultando cuidadosamente para que no nos corrompiéramos, al final al caer en nuestras manos los libros de Hayek y Rothbard, entre otros, era tanto su peso que nos hizo caer del caballo camino de Damasco. ¡Por Dios Bendito! ¿Cómo fue que no nos habíamos dado cuenta con lo claro que estaba? 

Todo lo que nos cuentan Juan de Mariana, Rothbard, etc., se cae de maduro, como dicen en Perú cuando un problema tiene la solución cantada. Toda esa gente que pretende conocer mejor que nosotros mismos cuáles son nuestros intereses son unos impostores que sustentan su poder en compartir con la delincuencia organizada el monopolio de la fuerza. De no ser así no podrían mandarte a casa al recaudador de impuestos porque sería recibido con un tiro en el culo. De ahí esa propaganda institucional que no cesa en la demonización de la libre tenencia de armas de fuego. Propaganda que, por supuesto, ha calado hasta los tuétanos de la pobre gente sin recursos intelectuales. Al fin y al cabo, como decía Lenin, ¿libertad, para qué? 

El otro día me mando Nacho un video en el que se veía a un grupo musical de aquellos que proliferaron cuando lo que se dio en llamar la Transición. Cantaban los pobres muchachos, que parecían recién salidos del seminario, una canción titulada Libertad sin Ira. Muy pegadiza, como de liturgia eclesiástica. Con la cantinela esa de la no violencia y el buen rollo. Y luego, en vez de a la iglesia, todos al bar a socializar. Propaganda, en definitiva, sufragada por lar arcas públicas, es decir, por la extorsión. ¡Cómo si la libertad fuese algo que cae del cielo! 

Pues eso es el Juan de Mariana, el abanderado de la lucha por la libertad. Por una idea de libertad que devuelve al individuo el protagonismo. El individuo con la biblia y el fusil. La una para aprender a pensar por sí mismo y el otro para defenderse de los parásitos. Son tiempos de esperanza.

martes, 2 de enero de 2024

Inglaterra II

Escucho a otros comentaristas que aseguran que lo del brexit ha sido un desastre completo. Sabido es que nunca llueve a gusto de todos. En cualquier caso, cualquier opinión al respecto será precipitada. Tres años a efectos históricos es un suspiro. Sin embargo, en el mundo siempre hay corrientes de pensamiento que van y vienen y, a mi inmodesto juicio, la que viene pegando fuerte ahora es la de que cada uno en su casa y Dios en la de todos. Eso de tots pleglats, a la catalana, va quedando como asidero de desesperados. Las pulsiones centrífugas se producen por doquier, quizá porque todo el mundo se huele un desplome a la soviética, aquel sistema político al que cada vez nos vamos pareciendo más. Al respecto, ayer estuve viendo unos vídeos de una comisión parlamentaria que preguntaba a la rectora de la universidad de Harvard que como podía ser que el ochenta por ciento de los profesores de esa universidad se declarasen de ideología progresista y solo un uno por ciento conservador. A qué extrañarse, entonces, que en esas universidades tiren de sus pedestales a padres de la patria como Jefferson que era más liberal que lo que hoy día podría ser Milei. 

Y ese es el caso, que los ingleses siempre han sido muy sensibles a estas cosas. Por eso les admiraba tanto Voltaire que en sus cartas filosóficas nos explica que la diferencia entre ingleses y continentales fundamentalmente estriba en que en Inglaterra cada cual sube al cielo por el camino que mejor se adapta a sus intereses. Y no consienten que nadie les señale uno y, menos, que se lo impongan. Y por tal es que no es de extrañar lo del brexit, porque las instituciones europeas se pasan tres pueblos, como se dice ahora, en lo de señalar el camino al cielo. Más o menos como hacían aquellos soviéticos de infausta memoria. 

Es la obsesión de poner corsés a la naturaleza. Recuerdo a aquellas señoras gordas que venían a la consulta con síntomas de insuficiencia cardiorespiratoria. Cuando empezaban a desnudarse  y veía que bajo el vestido llevaban un corsé cinco tallas por debajo ya no necesitaba más para hacer el diagnóstico. Entonces les decía que en cuanto se quitasen aquel corsé verían solucionados todos sus problemas. Su respuesta siempre era la misma: sin corsé no me siento mujer. Pues igual le pasa a la Comunidad Europea, que sin leyes e instituciones no se siente Comunidad y así es que cada día que pasa aprietan un poco más el corsé con una nueva ley y unos cuantos funcionarios más. Y cada vez más gente empieza a notar asfixia. Y por eso se quieren ir, que es como quitarse el corsé. 

Bueno, ya verán, los que lo vean, lo que pasa. Personalmente, me cae de madre Jefferson, me cae simpático Milei, he visto con optimismo lo del brexit, y espero que lo de la Comunidad Europea acabe siendo un espacio abierto sin funcionarios ni parlamentos, regido por tratados entre las partes. Como está siendo ahora con Inglaterra.