domingo, 7 de enero de 2024

Chiquillas

En el mundo pasan cosas que arman mucho revuelo, como si fuesen novedosas, pero la realidad es que no son más que más de lo mismo. Un proxeneta de lujo invitaba a gente de postín a ir su isla donde tenía a unas cuantas chiquillas puestas siempre en la posición idónea, más o menos como aquellos frailes de la novela de Sade tenían a Justine. Más viejo que el mundo, a los ricos, para cuadrar su particular círculo, solo les falta  lo que un proxeneta les puede proporcionar, es decir chiquillas. ¡Que aburrido, por Dios! Uno lee la Biblia, o cualquier texto de los antiguos y siempre es lo mismo, el poderoso quiere ser como el ciervo que gana en la berrea: para follárselas a todas. En el fondo no son más que víctimas de una adicción. Y quizá de las más destructivas que hay. No hay que leer las memorias de Casanova para darse cuenta de ello; basta con considerar las tonterías que uno, en su pequeña escala, llegó a hacer por tal de salirse con la suya al respecto. En fin, ya digo, qué aburrido. Más de lo mismo.

Lo que nunca es lo mismo, un millón de veces que lo intentes, es resolver un problema geométrico. Es un filón inagotable. Las posibilidades son infinitas, lo mismo que las dificultades. Y cuando consigues resolver uno de esos de olimpiada china o rusa la satisfacción es manifiesta y sin resaca. Lo mismo que cuando tocas una pieza musical y consigues que te resuene dentro. Son los placeres del espíritu, sin duda los más auténticos y los menos cultivados por razones obvias: exigen postponer la consecución del deseo hasta sabe Dios cuando. 

Esa es la cuestión, que hay en el mundo multitud de oportunidades de darse un homenaje sin complicarse la vida ni complicársela a los demás y, sin embargo, por la mala educación, o lo que sea, ponemos todo nuestro empeño en consecuciones instantáneas y absurdas que pasado el feliz instante de su logro dejan una rastro de ansiedad que no hay forma de controlar si no es con otra consecución igual de instantánea y absurda; es la lógica del un "clavo saca otro clavo" y así hasta que el cuerpo aguante. 

¡Hombre, yo no digo que darse de vez en cuando un homenaje animalesco no sea bueno para el espíritu! Creo que era Séneca el que recomendaba agarrarse una buena cogorza de vez en cuando. Dionisos está ahí no por nada sino porque el abuso de lo apolíneo nos hace pensar que somos lo que nunca podremos ser, dioses, la más destructiva de todas las ilusiones. 

En resumidas cuentas, que cada uno se las apaña como puede y, luego, si no está muy convencido de lo hace, se larga rollos como el que acabo de largar para darse ánimos. 

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