Perdonen que vuelva a la carga, pero es que se me revuelven las tripas si no lo hago. Resulta que hace unos días hubo una votación en el parlamento europeo para decidir si se hacían públicos los contratos que firmó el gobierno de la unión con la industria farmacéutica para el suministro de vacunas. Los dos partidos mayoritarios, digamos que lo que aquí son populares y socialistas, votaron en contra. Así que la negativa a hacerlos públicos fue por inmensa mayoría. Así está el patio, como si esos políticos hubiesen pagado de su bolsillo las vacunas y por tanto no tienen por qué dar explicaciones a nadie. Yo sé que a la mayoría de los vacunados le parece de perlas que no se hagan públicos no vaya a ser que la mosca que tienen adormecida tras la oreja vaya a despertar y no les deje dormir. Así ha sido siempre la psicología humana y por eso fue que se inventó el símil del avestruz que mete la cabeza debajo del ala.
A mí, perdonen, pero me parece monstruoso que, no ya que se niegue la publicación, sino, incluso, que se debata en el parlamento. ¿Pero qué pasa aquí, que papá y mamá deciden lo que se puede y no se puede decir a los niños? Esos supuestos medicamentos los hemos pagado nosotros y nadie se tendría que meter por medio para decidir nada. Pero es que, además, es una decisión de idiotas, porque esa negativa no puede sino redoblar las sospechas de que el gato encerrado es cada vez más grande. Y, por otra parte, como no se cansaron de repetirme mis padres, lo que no quieras que se sepa no lo hagas, porque, y esto lo dijo Don Quijote, la verdad nunca quiebra y siempre acaba quedando por encima de la mentira como el aceite sobre el agua.
Porque es que, además, se da la circunstancia de que cuando empezó el circo de la pandemia, un grupo de profesores universitarios y científicos de prestigio, todos ellos, por supuesto, de extrema derecha, ¡cómo no!, decidió fundar un instituto que llamaron Brownstone, que ahí sigue dando la matraca para desesperación de la gente de bien. Y resulta que hace unos días publicaron un trabajo de unos investigadores alemanes en el que parece demostrarse lo que muchos habíamos sospechado desde el principio. O sea, que, si no la mayoría, gran cantidad de gente fue inoculada con suero fisiológico. Porque, si no, búsquenme una explicación a lo que ha demostrado un trabajo hecho en Dinamarca: de los inoculados con un lote de vacunas hay un diez por ciento de afectados con graves efectos secundarios, otro lote un 0,8% de afectados y, otro lote, cero patatero de efectos secundarios. ¡Átenme esa mosca por el rabo!
Pues sí, no les quepa duda de que la verdad de todo esto acabará por salir a la luz porque cada vez hay más gente de extrema derecha trabajando en el asunto. Y ya saben cómo es esa gente de fanática y tenaz. Así que, amárense los machos porque lo peor de todo en esta vida es que te tengan que sacar la cabeza de debajo del ala a patadas en el culo.
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