Ayer, o anteayer, que ya no sé, porque, como decía aquella canción, el tiempo pasa que es un primor, hubo un debate de una hora justa en el parlamento británico acerca del exceso de muertos que se viene produciendo de un tiempo a esta parte. Exceso, cuyo comienzo, todo hay que decirlo, muestra una rara coincidencia con el momento en que se empezó la vacunación masiva contra lo que llaman covid. Sea como sea, la ministra de sanidad se aferró a su coartada para exonerar al gobierno de toda responsabilidad en el desastre. Porque es que, además, ese exceso de mortalidad no es debido a los viejos, sino, más bien, a gente por la media edad e, incluso, jóvenes. Dice la susodicha, que como consecuencia de los confinamientos se suprimió la gripe y que, hora, al haber vuelto los contactos, pues eso, que la gripe se está cebando. Sin duda la ministra ha visto mucha serie cómica que ya saben en qué consisten todas: en intentar tapar una mentira absurda con otra que lo es mucho más. No hay nada que produzca más risa, aunque lo que se intente tapar con ello sea una tragedia. La desfachatez, en llegando a ciertos límites, es la clave de la comedia que gusta al populacho. En cualquier caso, Andrew Bridgen, el actual quijote inglés no se arredra ante los molinos de viento y ya tiene solicitado un debate de tres horas en la cámara de los comunes. Lo espero con impaciencia, porque ahí si que nos vamos a partir todos de risa. A ver que se inventa entonces la ministra... que mira que los ingleses son buenos para las comedias. Los mejores sin duda.
Ahora que, para gordo, lo que está pasando en Alemania y países colindantes. Eso es una insurrección en toda regla que es inevitable que traiga cola. Porque el caso es que los insureccionados son gente que sabe hacer su trabajo que, es, nada más y nada menos, conseguir que todos tengamos comida en nuestros platos a las horas de costumbre. Desaparecieran todos los oficios menos los agricultores y albañiles y prácticamente ni lo notaríamos. Incluso puede que mejorásemos nuestra calidad de vida. Refugio y comida, ¿qué más se necesita para una buena vida? Pues sí, ellos están hasta las pelotas de que los señoritos de la ciudad les digan cómo tienen que hacer su trabajo. Los señoritos de la ciudad, o sea, los funcionarios, esos parásitos que por la mañana comen papel y por las noches acuden a los bailes de vampiros. Y su número no cesa de crecer. Cuando yo empecé mi ejercicio profesional, 67 del siglo pasado, en el hospital de la ciudad había 12 jefes y cuarenta internos haciendo la especialidad. Y la población no parecía estar menos atendida que ahora. Al menos no se escuchaban quejas. Hoy hay quejas para dar y tomar y en el hospital de la ciudad hay 1.300 médicos en plantilla. Y ¿saben qué? Todo eso sobre las espaldas de los agricultores que, si se ponen malos, que Dios se apiade de ellos porque pueden pasar meses e incluso años antes de ser atendidos... es el precio de no tener contactos con los señoritos de la ciudad.
Pero lo más curioso de todo es que la gente del común de aquí no tiene la menor idea de todo lo que está pasando por ahí. La manipulación de la información es apabullante. Se pasan el día informando de las rencillas que mantienen entre sí los señoritos de la ciudad. Rencillas por ver quién de ellos es el que más puede robar. Y a la gente le encanta saber de eso porque así no se enteran de lo que les concierne que, eso, sí que quita el sueño.
Ayer estuve escuchando la perorata que se largó Nazaret Martín, la Marcela de Torre Don Miguel. Dejó meridianamente claro que la pertenencia a la comunidad europea nos está perjudicando. Y abogó por la salida inmediata. Y no piensen que Marcela habla por hablar. Lean el Quijote y entérense de que va la cosa. Una pastora con estudios es cosa seria. Porque, mientras cuida las cabras, tiene muchas horas para pensar con el fundamento que le dan los estudios. Pura dinamita revolucionaria.
Así están las cosas y, uno, en la pequeñez de sus últimos días no puede hacer otra cosa que lanzar un suspiro de alivio cada fin de mes al comprobar que han vuelto a ingresar el importe de la pensión... hasta cuándo, me pregunto siempre, va a resistir el sistema. Todo, pura desfachatez. Sin la menor gracia.
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