Desde mi agudo punto de vista, el epicentro del terremoto que está empezando a producirse en este país y su área de influencia se encuentra en el Instituto Juan de Mariana. Para que me entiendan, la primera sacudida de ese terremoto ha sido lo de Milei en Argentina. Y es que por más que la figura de Juan de Mariana, como todo lo que tiene que ver con la Escuela de Salamanca, se nos haya venido ocultando cuidadosamente para que no nos corrompiéramos, al final al caer en nuestras manos los libros de Hayek y Rothbard, entre otros, era tanto su peso que nos hizo caer del caballo camino de Damasco. ¡Por Dios Bendito! ¿Cómo fue que no nos habíamos dado cuenta con lo claro que estaba?
Todo lo que nos cuentan Juan de Mariana, Rothbard, etc., se cae de maduro, como dicen en Perú cuando un problema tiene la solución cantada. Toda esa gente que pretende conocer mejor que nosotros mismos cuáles son nuestros intereses son unos impostores que sustentan su poder en compartir con la delincuencia organizada el monopolio de la fuerza. De no ser así no podrían mandarte a casa al recaudador de impuestos porque sería recibido con un tiro en el culo. De ahí esa propaganda institucional que no cesa en la demonización de la libre tenencia de armas de fuego. Propaganda que, por supuesto, ha calado hasta los tuétanos de la pobre gente sin recursos intelectuales. Al fin y al cabo, como decía Lenin, ¿libertad, para qué?
El otro día me mando Nacho un video en el que se veía a un grupo musical de aquellos que proliferaron cuando lo que se dio en llamar la Transición. Cantaban los pobres muchachos, que parecían recién salidos del seminario, una canción titulada Libertad sin Ira. Muy pegadiza, como de liturgia eclesiástica. Con la cantinela esa de la no violencia y el buen rollo. Y luego, en vez de a la iglesia, todos al bar a socializar. Propaganda, en definitiva, sufragada por lar arcas públicas, es decir, por la extorsión. ¡Cómo si la libertad fuese algo que cae del cielo!
Pues eso es el Juan de Mariana, el abanderado de la lucha por la libertad. Por una idea de libertad que devuelve al individuo el protagonismo. El individuo con la biblia y el fusil. La una para aprender a pensar por sí mismo y el otro para defenderse de los parásitos. Son tiempos de esperanza.
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