Escucho a otros comentaristas que aseguran que lo del brexit ha sido un desastre completo. Sabido es que nunca llueve a gusto de todos. En cualquier caso, cualquier opinión al respecto será precipitada. Tres años a efectos históricos es un suspiro. Sin embargo, en el mundo siempre hay corrientes de pensamiento que van y vienen y, a mi inmodesto juicio, la que viene pegando fuerte ahora es la de que cada uno en su casa y Dios en la de todos. Eso de tots pleglats, a la catalana, va quedando como asidero de desesperados. Las pulsiones centrífugas se producen por doquier, quizá porque todo el mundo se huele un desplome a la soviética, aquel sistema político al que cada vez nos vamos pareciendo más. Al respecto, ayer estuve viendo unos vídeos de una comisión parlamentaria que preguntaba a la rectora de la universidad de Harvard que como podía ser que el ochenta por ciento de los profesores de esa universidad se declarasen de ideología progresista y solo un uno por ciento conservador. A qué extrañarse, entonces, que en esas universidades tiren de sus pedestales a padres de la patria como Jefferson que era más liberal que lo que hoy día podría ser Milei.
Y ese es el caso, que los ingleses siempre han sido muy sensibles a estas cosas. Por eso les admiraba tanto Voltaire que en sus cartas filosóficas nos explica que la diferencia entre ingleses y continentales fundamentalmente estriba en que en Inglaterra cada cual sube al cielo por el camino que mejor se adapta a sus intereses. Y no consienten que nadie les señale uno y, menos, que se lo impongan. Y por tal es que no es de extrañar lo del brexit, porque las instituciones europeas se pasan tres pueblos, como se dice ahora, en lo de señalar el camino al cielo. Más o menos como hacían aquellos soviéticos de infausta memoria.
Es la obsesión de poner corsés a la naturaleza. Recuerdo a aquellas señoras gordas que venían a la consulta con síntomas de insuficiencia cardiorespiratoria. Cuando empezaban a desnudarse y veía que bajo el vestido llevaban un corsé cinco tallas por debajo ya no necesitaba más para hacer el diagnóstico. Entonces les decía que en cuanto se quitasen aquel corsé verían solucionados todos sus problemas. Su respuesta siempre era la misma: sin corsé no me siento mujer. Pues igual le pasa a la Comunidad Europea, que sin leyes e instituciones no se siente Comunidad y así es que cada día que pasa aprietan un poco más el corsé con una nueva ley y unos cuantos funcionarios más. Y cada vez más gente empieza a notar asfixia. Y por eso se quieren ir, que es como quitarse el corsé.
Bueno, ya verán, los que lo vean, lo que pasa. Personalmente, me cae de madre Jefferson, me cae simpático Milei, he visto con optimismo lo del brexit, y espero que lo de la Comunidad Europea acabe siendo un espacio abierto sin funcionarios ni parlamentos, regido por tratados entre las partes. Como está siendo ahora con Inglaterra.
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